Un brazo pegado a una galaxia (NGC 772)

El título puede sonar algo estrambótico y, efectivamente, es una exageración, pero representa la imagen que vemos de NGC 772, una distante galaxia situada a 115-130 millones de años luz en la constelación de Aries. La luz salió de sus estrellas cuando los dinosaurios estaban en todo su apogeo. Su tamaño duplica el de nuestra galaxia, con más de 200.000 años luz de diámetro, y tiene mucho que contar y mostrar. Es la principal galaxia de un grupo de unos 11 componentes, los cuales orbitan alrededor de NGC 772 como satélites, destacando una elíptica enana, NGC 770. Esta última es la responsable de la principal característica de 772. Se cree que las fuerzas de marea que ha generado en aquélla han producido la deformación de uno de sus brazos, que presenta una desviación de su posicióFoto NGC 772n habitual y un aumento de brillo y tamaño espectacular. El aspecto tan peculiar le ha valido a esta galaxia la inclusión en el catálogo Arp, con el número 78. Este brazo tan grande es rico en regiones HII de formación estelar, si bien el resto de la galaxia no muestra tales indicios, siendo bastante más débil. De hecho, los brazos más externos se han separado del núcleo y se están desvaneciendo lentamente en el espacio intergaláctico.

Junto a su núcleo se descubrió, en 1980, un quásar, denominado [HB89] 0156+ 18, que ha dado que hablar a la comunidad científica y podría traer importantes cambios en la concepción de las distancias cósmicas. Este quásar es una inmensa fuente de energía electromagnética con un gran corrimiento al rojo, lo cual la sitúa, según la Ley de Hubble, a más de 11 mil millones de años luz. El problema viene cuando se ha examinado este objeto con diversos instrumentos y la mayoría coinciden en que, si realmente estuviera a tal distancia, sería eclipsado por la brillante galaxia, pareciendo incluso que [HB89] 0156+187 se encuentra a la misma distancia que NGC 772. De ser cierto esto, haría replantear a la comunidad científica la validez del método del redshift (corrimiento al rojo) propuesto por Hubble para medir distancias extragalácticas. Vamos, que nuestra concepción de las distancias y la expansión del universo tendría que cambiar radicalmente. Mientras tanto, nos contentaremos con mirarla a través de nuestros instrumentos.

Concepto del corrimiento al rojo

Una galaxia produce un determinado espectro, que no es más que un conjunto de líneas en franjas de colores que representan los elementos químicos que hay en ese lugar. Esas líneas son longitudes de onda. Si la galaxia se está alejando de nosotros la longitud de onda aumentará (igual que las ondas de sonido de un coche, cuando nos deja atrás, se expanden). Esto supone que en el espectro encontraremos las mismas líneas de emisión y absorción pero un poco desplazadas hacia la izquierda, hacia el rojo. Es lo que se denomina corrimiento al rojo o redshift. De igual manera, si un objeto se acerca a nosotros las ondas se van estrechando (por eso oímos la sirena de una ambulancia más aguda si viene hacia nosotros), adquieren más energía y las líneas del espectro aparecen desplazadas hacia la derecha. Edwin Hubble fue el primero en relacionar este corrimiento al rojo con la distancia de las galaxias, de manera que cuanto más se aleja una galaxia de nosotros, mayor es la longitud de onda, menos energía tienen y aparecen desplazadas hacia el rojo del espectro. Además, comprobó así que las galaxias más distantes se alejan de nosotros a mayor velocidad, una de las pruebas básicas para la teoría del Big Bang.

Ya a bajos aumentos destaca como una mancha algo alargada en un campo estelar más bien pobre. He llegado a verla sin mayores problemas con mi Dobson 305 mm bajo los cielos suburbanos del Barrio de la Vega, acompañada de NGC 770, lo cual es muestra de su importante brillo. De entrada, uno no se imagina que está ante una galaxia situada a 130 millones de años. Bajo cielos oscuros la imagen mejora notablemente, haciéndose más patente su compañera, algo alargada también. A 125 aumentos, y no sin esfuerzo y tiempo dedicado, es cómo observé el imponente brazo que en las fotografías es tan claro. Con mirada periférica se aprecia una proyección desde la parte inferior, a modo de una muy difusa protuberancia que sobresale unos dos minutos de arco, otorgando entonces al conjunto una forma de letra “p”. Por momentos el brazo se pierde de mi retina, pero tras descansar la vista ahí sigue, dejándose notar a pesar del gran vacío cósmico que nos separa.

NGC 772

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