Planetarias australes (NGC 1360 y NGC 1535)

Los cielos más meridionales guardan tesoros fascinantes para descubrir. A los observadores del hemisferio norte no nos queda más remedio que sorprendernos con estas maravillas intentando cazarlas a vuelo bajo sobre el horizonte. En esta ocasión me topé, casi sin quererlo, con dos bonitas planetarias de las constelaciones Fornax y Eridanus. Una madrugada con el cielo especialmente limpio busqué en mi lista de objetos a observar. Como desde mi casa hay cierta contaminación lumínica (cielos suburbanos cercanos a Granada) decidí echar un ojo a nebulosas planetarias que tuviera apuntadas. Gracias a esa inesperada y clara noche descubrí estos dos objetos.

El primero de ellos, NGC 1360, es una nebulosa planetaria que se encuentra cerca de alfa fornacis. Resulta raro este término, y es que Fórnax es una de esas constelaciones “extrañas” cuya culpa es viajar a tan baja altura. Además, esta estrella, la más brillante de la constelación, brilla con una magnitud de 3.90, con lo cual podemos hacernos una idea de lo débil que es. Sus estrellas tienen una disposición característica que, personalmente, en nada recuerdan a un horno, y es fácil que las confundamos con otras vecinas, por lo que es importante conocernos bien la zona para poder movernos con efectividad. Por cierto, aunque había una diosa griega del pan y la cocción, esta constelación tiene su origen en un homenaje a Lavoisier, el famoso químico del siglo XVIII.

NGC 1360 se encuentra cerca de un triángulo de estrellas brillantes, cerca de dos de ellas que presentan una curiosa disposición simétrica que se aprecia muy bien por el buscador. Cuando apunté a donde debía estar la nebulosa apenas vi nada, “algo” neblinoso alrededor de una estrella débil… Pero no me cabía duda, ahí debía estar NGC 1360. Decidí poner entonces el filtro OIII y no pude contener una exclamación. ¡Eso sí que es aprovechar un filtro! Como por arte de magia, una enorme nebulosa apareció ante mis ojos, con una forma totalmente inusual para mí, un óvalo alrededor de la estrella, con una luz fantasmagórica pero de bordes muy bien delimitados. Mediría unos 10 minutos de arco de longitud, algo más de la mitad de anchura. A 65x la visión era muy cómoda, empeorando a mayores aumentos. Con el filtro eso sí, la estrella central prácticamente se desvanecía.

NGC 1360


 Teniendo en cuenta las condiciones del cielo no puedo quejarme de la observación, si bien tendré que apuntarle desde cielos más oscuros para intentar ver alguna irregularidad de su superficie y una mayor cantidad de estrellas en el campo. Por suerte no va a desaparecer próximamente.

La siguiente sorpresa, que se convirtió en uno de mis objetos favoritos, fue NGC 1535. Es otra nebulosa planetaria situada, esta vez, en Eridanus, no muy lejos del anterior. Nada más aparecer en el ocular impregnó mi retina de un bonito color azul, el primer color que realmente distingo, y me quedé intentando recordar si había leído algo sobre ella. No recordé nada, así que me dispuse a disfrutar como un niño chico, que ya luego habría tiempo de buscar información.

NGC 1535

A bajos aumentos la vislumbré fácilmente, una esfera pequeña y brillante, muy brillante, resaltando sobre todas las estrellas de alrededor. A mayores aumentos fui descubriendo las maravillas que tenía. Una estrella brillaba en el centro fácilmente visible, rodeada por la nebulosa, que resaltaba bastante con el filtro OIII, aunque decidí no usarlo para no perder el atractivo de la estrella. A 214 aumentos, con el cielo nítido, la visión era espectacular. La estrella central se encontraba rodeada por un anillo más denso, y éste, a su vez, por una corona difuminada de gas, perfectamente definida, con ese color azul tan característico. Me costó trabajo despegarme del ocular.

Luego comprobé en Internet su forma, idéntica a lo que había visto, y el nombre por el que se la conoce, “El Ojo de Cleopatra” (probablemente por el color azul, aunque no se sabe realmente Foto NGC 1535cómo tenía los ojos. Elisabeth Taylor, que hizo de Cleopatra en la gran pantalla, sí los tenía azulados). Como dato extra, unos días después la apunté de nuevo en un cielo mucho más oscuro pero con peor seeing. Curiosamente la imagen fue bastante peor que desde mi terraza, a pesar de una diferencia de casi dos magnitudes en el cielo. Con este ejemplo me ha quedado más claro que, a la hora de ver la mayoría de planetarias, el seeing es el que manda. A unos 5.000 años luz de distancia, las distintas capas que la componen no son más que suspiros que han ocurrido separados en el tiempo, latidos de la enana blanca que habita en su centro, pulsos que se irán espaciando hasta que se apague por completo. En un acto de heroísmo, esos gases acabarán formando el corazón de nuevas estrellas.

NGC 7331 y su cohorte

Hay objetos que carecen del protagonismo que merecen sólo por no tener nombre propio o no pertenecer al catálogo Messier. NGC 7331 forma parte, sin embargo, del catálogo Caldwell, con la entrada número 30. Es un objeto que, como tantos otros, va ofreciendo cada vez más a medida que se le dedica el tiempo necesario, regalándonos detalles a la vista que no creíamos posible. En otras ocasiones había observado NGC 7331, sobre todo con mi antiguo 200/1000, pero sin dedicarle apenas un minuto. Veía una mancha alargada, con otras muy pequeñas cerca de ella y pasaba al siguiente objeto de la lista… Ahora me doy cuenta de todo el tiempo que he perdido.

NGC 7331 es una increíble galaxia que, hasta hace poco, se creía igual a nuestra Vía Láctea. Sin embargo, desde hace unos años se conoce que guarda más similitud con la galaxia de Andrómeda. Tiene un diámetro de unos 150.000 años luz, y se encuentra a la considerable distancia de 49 millones de años luz (como comparación, M31 se halla a tan solo 2.5 millones de años luz). Pertenece al conocido como grupo de NGC 7331, del que, lógicamente, es el principal miembro. Se nos presenta con una inclinación de 25 grados, mostrándonos elegantemente unos delicados brazos en espiral que Foto NGC 7331salen de un núcleo brillante. En fotografías de larga exposición esta configuración otorga a la imagen una increíble profundidad, dando la sensación de ver un remolino en el agua, acompañado de otras pequeñas galaxias a las que parece querer tragarse.

Se ha descubierto la presencia de dos anillos, uno externo a 20.000 y otro mucho más cercano al núcleo, compuestos por gases y testigos de regiones de importante formación estelar. El resto de la galaxia, por el contrario, es más bien poco prolífica. La zona central, el bulbo, gira en dirección contraria al resto del disco, como si fuera a contracorriente, lo cual hace suponer que se debe a la interacción con otra galaxia hace mucho tiempo, siendo ese bulbo rebelde el vestigio de dicho encuentro. Por si fuera poco, las zonas más cercanas al núcleo se mueven a una velocidad mucho mayor de la esperada, gracias a lo cual se ha deducido la existencia de un agujero negro supermasivo, similar al de nuestra galaxia, con una masa de alrededor de 500 millones de soles. Sería todo un espectáculo poder verlo. Se puede detectar, sin embargo, la emisión de energía en otras longitudes de onda distintas a la luz visible, denominadas LINERs, que se crean cuando la materia se precipita en el agujero negro a altísimas velocidades, cediendo toda su energía al medio. Dos supernovas han sido identificadas en NGC 7331, una en 1959 y otra recientemente, en 2013, que alcanzó poco más de magnitud 15.

Para añadir un atractivo más, NGC 7331 preside un bonito grupo de galaxias, visualmente más pequeñas y débiles que, lejos de compartir territorio, se encuentran diez veces más lejos, a la increíble distancia de 300 millones de años luz. Cuando sus fotones salieron disparados hacia nosotros, en la Tierra ni siquiera habían aparecido los dinosaurios. La más brillante de estas galaxias tiene una magnitud de 13.3, poniéndola fuera de alcance a telescopios de baja abertura. Sea como sea es una visión increíble a cualquier tipo de aumento.

En prismáticos se aprecia, en noches oscuras, como una mancha pequeña apenas perceptible, muy cerca de una de la esquinas de Pegaso (podemos encontrarla a partir de eta Pegasi, estrella que recibe el nombre árabe Matar, que, lejos de lo que pueda parecer, significa estrella afortunada de la lluvia). Un vistazo a bajos aumentos por el Dobson 305 mm ya muestra un disco de unos 10 minutos de arco, alargado con forma ovoidea, un núcleo brillante y algunas pequeñas islas de luz dispersas a uno de sus lados. La mejor visión la obtuve con el Hyperion de 13 mm, mostrando un rico campo de estrellas en el que reina NGC 7331, ocupando casi la mitad del espacio.

El núcleo, muy brillante, tiene cierta forma alargada, y tras muchos minutos ante el ocular pude apreciar unos salientes que le conferían una forma de S no muy pronunciada.

NGC 7331

Más evidente que estos detalles era la presencia de una banda oscura justo detrás de su núcleo, claramente visible con visión periférica. Esa banda es la que se interpone entre dos de sus brazos, fácilmente apreciable en fotografías. Intenté observar aún más. No sabía realmente si había algo más que pudiera captar con el telescopio, pero esperé, respirando profundamente, descansando la vista cada poco tiempo… Al final atisbé, en un momento de estabilidad, un jirón de luz que correspondía a uno de sus brazos, que se abría hacia la periferia y giraba en dirección al resto de galaxias compañeras. Al principio pensé que era sugestión, pero luego pude comprobar varias veces que no me equivocaba, allí había claramente un brazo en espiral. Con una gran alegría me puse a plasmarlo sobre el dibujo.

En cuanto al grupo de lejanas galaxias, se apreciaban perfectamente tres de ellas, NGC 7340, NGC 7337 y NGC 7335, mientras que NGC 7336 era apenas un manchurrón evanescente que aparecía y desaparecía con la visión periférica. Luego comprobé que su magnitud se estima entre 14.4 y 15.3, con lo cual no me extraña que me resultara más difícil. Tras contrastar el dibujo en Internet, noté con sorpresa que, sin quererlo, había registrado otras dos galaxias, mucho más pequeñas y de aspecto estelar, que corresponden a NGC 7333 y NGC 7326, lo cual suma un total de 7 estrellas en el mismo campo (realmente hay algunas otras de aspecto estelar, pero no las registré. Supongo que sabiendo el sitio exacto serán más fáciles de cazar). Así es como terminé la sesión, rectificando mi error de pensar que NGC 7331 no tenía mucho que ofrecer, y teniendo en mi repertorio un gran objeto para ver una y otra vez.

En la siguiente imagen se puede apreciar en detalle la identificación de cada una de las galaxias que rodean a NGC 7331:

NGC 7331 detalles

Errante intergaláctico (NGC 2419)

En el espacio existente entre galaxias encontramos lo más parecido al vacío, regiones con un mínimo de átomos por metro cuadrado y algo de gas. Pero, a veces, nos llevamos sorpresas. El protagonista de esta entrada es un viajero sin precedentes, conocido como el “vagabundo intergaláctico”. Normalmente los cúmulos globulares se disponen alrededor de la galaxia, más concentrados cerca del núcleo, alrededor del cual se pasan la vida girando (en general, a una distancia menor a 65.000 años luz). NGC 2419 es un cúmulo globular que rompe esta norma, encontrándose a la increíble distancia de 300.000 años luz del centro de nuestra galaxia y 270.000 años luz de nuestro sol (la luz que sale de sus estrellas zarpó cuando la raza humana estaba en pañales sobre la superficie del planeta). Tanto es así, que hasta finales del siglo XIX no se conoció su verdadera naturaleza, cuando Lord Rosse lo pudo resolver con su enorme telescopio de 1.80 metros. NGC es una gran bola de estrellas unidas por la gravedad, una de las mayores de nuestra galaxia, con un número que supera las 900.000, dispersas en un diámetro de poco más de 300 años luz, lo cual da una idea de su enorme densidad.

Durante mucho tiempo se ha debatido la pertenencia o no de Foto NGC 2419NGC 2419 a nuestra galaxia. Estudios recientes, basados en el análisis de estrellas variables tipo RR lyrae (hablábamos de ellas en esta entrada), han confirmado que, efectivamente, el cúmulo pertenece a la Vía Láctea, a la cual está unido, dando una vuelta alrededor de ella cada 3.000 millones de años. Si asumimos que se formó hace algo más de 12.000 millones de años, podemos suponer que el Vagabundo Intergaláctico está dando su cuarta vuelta a la galaxia. ¿Cuántas vueltas más dará? ¿Seguirá ahí cuando la galaxia de Andrómeda colisione con la Vía Láctea dentro de 5.000 millones de años?

Hablando de Andrómeda, desde allí verían a NGC 2419 como el mayor cúmulo globular  de nuestra galaxia, al igual que nosotros podemos ver a su globular G1 de una forma relativamente fácil. Con el siguiente esquema podemos hacernos una idea de la verdadera distancia de este cúmulo. Como podemos ver, supera en distancia incluso a las Nubes de Magallanes.

Foto 2419

Visualmente no seremos capaces de ver atisbo de sus estrellas individualmente, pero su visión es extremadamente sugerente. La realicé desde mi casa, bajo cielos suburbanos, sin ningún problema para localizarlo a partir de Castor, la brillante estrella de Géminis (estrella doble que podemos observar de camino, con sus dos componentes a unos 4’’, dos enormes gemelas amarillas. En realidad es un complejo sistema formado por 6 estrellas, pero ya hablaremos en otro momento de ella).

Ya desde bajo aumento era visible como una pequeña manchita redondeada, más definida con visión periférica, situada en un campo relativamente rico de estrellas (relativamente para ser un cielo mediocre), formando parte de un curioso asterismo que, personalmente, me recuerda a una flecha, siendo NGC 2419 su punta. A 125 aumentos obtuve el mejor rendimiento en relación al oscurecimiento del fondo y contraste del objeto, siendo fácil de ver, aunque fui incapaz de apreciar sus componentes. Alguna débil estrella ocupaba sus dominios, pero serían estrellas ajenas al cúmulo. Harían falta cielos extremadamente buenos para distinguir aunque sea un fondo granujiento. Aun así, el hecho de que sea el objeto más lejano que podemos observar de nuestra galaxia tiene ya algo de atractivo.

NGC 2419

La imaginación puede hacer el resto, imaginando a un habitante de NGC 2419 mirando en una noche clara. Vería, para empezar, una barbaridad de estrellas brillantes, como si tuviéramos cientos de estrellas como Sirio, brillando homogéneamente repartidas.

Más impresionante aún, una gran nube con forma ovoidea reinaría en el cielo, claramente visible a simple vista. Entre el brillo de las vecinas estrellas, podríamos atisbar sus brazos en espiral, perfectamente definidos. La Vía Láctea sería esa casa que vemos desde la distancia, sin saber muy bien qué puede haber en su interior. Al otro lado, la galaxia de Andrómeda también tendría un tamaño considerable, siendo más y más grande conforme pase el tiempo. En unos miles de millones de años seríamos testigo, en primera línea, de un verdadero espectáculo, cuando ambas galaxias se fusionen dando lugar, en primer lugar, a caprichosas formas, con desgarros nebulosos y jirones de luz y, posteriormente, a una grande y brillante galaxia elíptica. En esa época no sé si NGC 2419 estará ahí realmente para vernos, así habrá que disfrutarlo ahora mientras podamos.

Dueto meridional (NGC 246 y NGC 255)

Seguimos en la constelación de Cetus, esta vez para hablar de una pareja de objetos, a la altura de otras parejas como NGC 6712 e IC 1295, NGC 253 y NGC 188, o NGC 6940 y NGC 6946… Este tipo de objetos tiene algo especial, al mostrarnos al mismo tiempo dos variedades de cuerpos celestes completamente diferentes, independientes entre sí, pero que parecen haber nacido el uno para el otro. En esta ocasión nos referimos a una nebulosa planetaria y una lejana galaxia, NGC 246 y NGC 255, ambas fáciles de encontrar cerca de Deneb Algenubi o eta Ceti, el vértice izquierdo del triángulo que marca la cola de Cetus. Como recuerdo mitológico cabe decir que Cetus era el que iba a ser verdugo de Andrómeda, sacrificada por sus padres (Casiopea y Cefeo) como ofrenda por haber ofendido a Poseidon diciendo que su hija era la más bella. Por suerte Perseo llevaba encima una cabeza de Medusa que usó para petrificar al monstruo marino y rescatar a su amada Andrómeda (esta historia viene a ser los tres cerditos de los griegos, así salían de aquellos niños esos guerreros que no conocían el miedo…).

Un ocular que nos proporcione un grado de campo visual ya nos permite apreciar cómodamente a estos dos objetos. NGC 246, también conocida como Caldwell 56 o la nebulosa del esqueleto, es una nebulosa planetaria relativamente grande y con varios misterios a su espalda. Por un lado Herschel la describe en 1785 como un trapecio de cuatro o cinco brillantes estrellas en cuyo interior hay cierta nebulosidad lechosa… Ya de entrada hay algo que no cuadra, ¿cuatro estrellas o cinco? Si son brillantes no debería haber ninguna duda… De hecho, al ver fotografías se ven claramente las estrellas brillantes, y la nebulosa no está encuadrada dentro de ningún trapecio. Observadores con experiencia, en la década de los 80, manifestaron no ser capaces de ver la estrella central de la nebulosa, que brilla con una magnitud 12. Para más inri, dicha estrella a principios de siglo brillaba con una magnitud 9, por lo que ha ido perdiendo brillo gradualmente. ¿Cómo es posible que haya tantas disparidades? Según O’Meara, puede deberse a que una parte de la nebulosa es bastante más débil, por lo que si no se tiene en cuenta esa región, la zona central caería en zona de nebulosa sin estrella central. El hecho de que sea una nebulosa de bajo brillo superficial la hace predisponente a estos errores, que en ocasiones son más bien ilusiones ópticas.

Foto NGC 246Lo que sí está claro es que no todos los días podemos ver una nebulosa planetaria de esta disposición, con estrellas tan brillantes sobre ella. Además, su estrella central es en realidad doble, con una compañera a 3’’8 de distancia. Sería relativamente fácil de separar si no fuera porque brilla con una magnitud 14, inmersa además en la nebulosidad, lo que la pone fuera del alcance de la mayoría de telescopios de aficionado.

NGC 246 es el resultado de la rápida muerte de una estrella, rápida en el sentido astronómico (hablamos de un proceso de unos 10.000 años). Su estrella central va camino de convertirse en una enana blanca, con un diámetro poco mayor que el de la Tierra. A 1.600 años luz de nosotros, es un objeto relativamente cercano que nos permite poder estudiarlo con detenimiento.  Ya a bajos aumentos podemos apreciar “algo” en el ocular que resulta extraño. Con mirada periférica y fijándonos bien somos capaces de apreciar un disco relativamente amplio, de unos 4 minutos de arco, siendo la imagen bastante mejor a 125 aumentos. Vemos claramente entonces su forma redondeada, con cuatro brillantes estrellas en su interior, una de las cuales linda con el borde. El filtro OIII ayuda bastante a aumentar el contraste de esta bonita planetaria, y a altos aumentos ya podemos comprobar que su superficie no es completamente regular. Tras un rato de adaptación conseguí ver dos regiones más oscuras, una situada en el centro y otra un poco hacia la periférica, englobando a una de las estrellas. Es de agradecer estos detalles que aumentan aún más el interés de la planetaria.

NGC246-255

A apenas medio grado de NGC 246 podemos encontrar a su compañero visual, NGC 255, una galaxia espiral que sitúa miles de veces más lejos que la nebulosa, a unos 60 millones de años luz. Es, concretamente, una espiral barrada que se nos presenta de frente, si bien es demasiado pequeña y débil como para apreciar ningún detalle. Sus brazos están plagados de regiones HII y zonas de formación de estrellas azules, lo cual indica que es una galaxia relativamente joven.

Visualmente sólo se aprecia como una mancha redondeada y difusa, fácil de ver a cualquier aumento, si bien no hay detalles que ver, aunque no deja de ser una interesante visión. Contemplar dos objetos tan dispares y tan lejanos al mismo tiempo le hace a uno sentir pequeño, una de las sensaciones de la astronomía, sin duda, que más enganchan.

Sorpresas en la ballena (M77 y NC 1055)

El horizonte avanzaba hacia nosotros velozmente formando un túnel de estrellas que se alargaban  como fideos y se perdían a nuestras espaldas. En cuestión de unos minutos pudimos ver, a lo lejos, nuestro siguiente objetivo. Su núcleo brillaba tanto que parecía querer cegarnos, proyectando sombras contra la pared de la sala de mandos. Rodeándolo, dos brazos en espiral salen del centro, perdiéndose en la periferia, y un halo con forma de anillo engloba el resto de la galaxia. Decidí ponerme las gafas de visiFoto aguejero negroón especial y pulsé el botón de Rayos-X. Un espectáculo apareció ante mis ojos conforme nos íbamos acercando. Pude ver enormes masas de gas que estaban siendo absorbidas por el núcleo, como si cayeran engullidas por un torbellino en el agua, girando tan rápidamente que brillaban y expulsaban chorros de radiación hacia los polos de la galaxia. ¿Por qué ocurría eso? ¿Qué empujaba a ese gas a moverse tan rápidamente? La respuesta no se hizo esperar. Nos acercamos lo suficiente al núcleo, atravesando miles de estrellas, como para ver su interior. Mejor dicho, como para no verlo, porque una esfera completamente oscura ocupaba el centro de la galaxia, rodeada por gases y material de acreción que giraban a su alrededor atraídos por ella. Un agujero negro…

M77 es una galaxia especial, no sólo por su inmenso tamaño (170.000 años luz) o fuerte luminosidad, sino porque esconde en su interior un secreto. A 47 millones de años luz, se descubrió en 1908 que esta galaxia presentaba en su espectro líneas de misión similares a la mayoría de nebulosas planetarias, algo que no es lo que corresponde a una galaxia normal (en esa época ni siquiera se sabía realmente lo que era una galaxia). Cuarenta años después, Seyfert se dio cuenta que había más galaxias que, al igual que M77, producían líneas de emisión, y éstas provenían de un núcleo puntual. Dicho espectro era concordante con la idea de gases moviéndose a altas velocidades, del orden de los 8.500 kilómetros por segundo en las zonas más internas (la velocidad habitual de las estrellas y material cerca de los núcleos de galaxias es de 300 kilómetros por segundo en los más veloces…).

Hoy se sabe que en el corazón de estas galaxias, que reciben el nombre de Galaxias Seyfert, hay objetos altamente densos, agujeros negros supermasivos que atraen la materia que hay a su alrededor, de una manera tan intensa que provocan fuertes corrientes y velocidades. El disco de gas que se forma en su periferia, al caer rápidamente al centro del agujero negro, transforma su energía potencial en una explosión de energía en casi todas las longitudes de onda, especialmente en Rayos-X y Ultravioleta, formando lo que debe ser un espectáculo para los seres que puedan identificar dichas formas de energía.

Se distinguen dos tipos de galaxias Seyfert, en función de la visibilidad de sus dos bandas de gases, la cercana (BLR) está situada a apenas 1-2 años luz del núcleo, y la lejana (NLR) lo hace a partir de esa distancia (al estar más lejos, sus líneas de emisión son más estrechas, siendo las BLR las más anchas debido a la alta velocidad que presentan. Entre ambas nubes se dispone una región de gases oscuros con forma de toroide (de donut), que, en determinadas posiciones oculta la banda más interna. En las galaxias Seyfert tipo 2, la banda toroidal impide la observación de la BLR, mientras que en las Seyfert tipo 1 podemos apreciar las dos nubes de gas.

Dicho esto nos vamos directamente a M77, o NGC 1068, una galaxia espiral prototipo de las galaxias Seyfert tipo 2. Se encuentra junto a la brillante estrella delta Ceti, compartiendo ocular con pocas estrellas, y especialmente cerca de una de la décima magnitud. Ya a bajos aumentos se aprecia una fuerte nebulosidad redondeada, con un brillante núcleo central. A 125 aumentos el halo de la galaxia casi toca a la estrella vecina y el núcleo adquiere cierta forma ovalada. Con visión periférica pude apreciar el comienzo de los brazos espirales, especialmente el meridional, visible como una prolongación del núcleo a ese nivel. El otro brazo, más débil, se extiende tímidamente hacia el norte.

M77

No acaba aquí la cosa. Si tuviera un ocular de gran campo casi podría verlo a la vez, pero el caso es que muy cerca de M77 tenemos otra galaxia igualmente interesante y totalmente distinta. Ambas forman un marco espectacular en cualquier fotografía de larga exposición. NGC 1055 es una galaxia espiral barrada que tiene la particularidad de ofrecernos su silueta vista de canto y, al igual que M104, nFoto M77 NGC 1055os muestra una barra oscura central que atraviesa su núcleo y la divide en dos. La parte inferior no es tan brillante como en la galaxia del sombrero, pero con amplia abertura y buena noche puede cazarse sin problemas. Esta galaxia se encuentra a apenas 440.000 años luz de M77, formando ambas un par físico, siendo parte del Grupo de Galaxias de M77, con ésta última como eje central. NGC 1055 mide 115.000 años luz y muestra una formación estelar especialmente activa, como se puede apreciar por la emisión de radiación en la longitud de onda del monóxido de carbono caliente, característico de las estrellas en formación.

 NGC 1055 ya se aprecia a bajos aumentos como una mancha difusa alargada, formando un bonito triángulo con dos brillantes estrellas que parecen gemelas. El efecto es especialmente agradable. Necesité subir a 214 aumentos para poder distinguir la parte inferior de la barra oscura, como un débil parche de luz alargado, junto a otra estrella brillante. La mala calidad del seeing me hacía verla intermitentemente, pero allí estaba, enviando sus fotones desde tan lejos.

NGC 1055

Fondos neblinosos en Auriga (NGC 2192 y NGC 1857)

Auriga, asomando estas noches por el Este, es una constelación rica en cúmulos abiertos, aglomeraciones de numerosas estrellas que flotan en el espacio unidas por la gravedad. Normalmente no queda rastro de la nebulosa que dio lugar a su origen, y sus componentes se van separando lenta pero inexorablemente, dejando su nido al cabo de millones de años para vagar como estrellas adultas por el cosmos. No son tan diferentes de los seres humanos.

Cada cúmulo abierto es único, ya sea por su tamaño, color de sus estrellas, formas, brillo… En este caso he seleccionado dos que tienen un rasgo especialmente interesante, para mi gusto, y es que se encuentran arropados por un manto neblinoso que corresponde a las estrellas más débiles, irresolubles con el telescopio.

NGC 2192 es un llamativo cúmulo abierto que se encuentra bajo Theta Aurigae, la tercera estrella más brillante de la constelación.  Ya a bajos aumentos se aprecia como un agradable cúmulo de unos 5 minutos de arco, con una barbaridad de puntos tenues que titilan en medio de una nubecilla con cierta forma triangular. A 125 aumentos cuento aproximadamente unas 30 estrellas, pero muchas más se adivinan inmersas en la nube irresoluble. El campo estelar que rodea a este cúmulo es muy rico en estrellas, como corresponde a esta zona del cielo de Invierno. NGC 2192 se encuentra a unos 7.000 años luz de nosotros y se clasificaría como III1p, según la clasificación de Trumpler, lo cual significa:

-III: relativamente disperso (va de I, muy concentrado, a IV, muy disperso).

-1: hace referencia al brillo de las estrellas, siendo 1 débiles y 3 muy brillantes.

-p: poor, es decir, pobre en estrellas, considerándose pobre con unas 30 estrellas, medio con 50-100, o rico si tiene más de 100.

Esta categorización, claro está, es puramente descriptiva, y no nos predice si nos gustará más o menos. Por ejemplo, personalmente, los cúmulos pequeños con fondo nebuloso me parecen más interesantes y sugerentes que aquéllos grandes en los que de un vistazo resuelves la totalidad del objeto.

NGC 1857

El siguiente cúmulo es uno pequeño y más débil aún, NGC 1857. Se sitúa cerca de Capella o Alfa Aurigae, la sexta estrella más brillante del cielo (magnitud de 0.71), que se encuentra a 42 años luz de nosotros. Ya que estamos podemos dedicarle unos momentos a esta estrella cuyo nombre significa “pequeña cabra”, haciendo referencia a Amaltea, la cabra que, según la mitología romana, amamantó a Zeus (estos romanos…). Hay testimonios escritos que otorgan a Capella un tono rojizo, algo inexplicable hoy en día. Esta estrella es de tipo espectral G8, y brilla con un tono claramente amarillo. Es mayor que el sol en cuanto a volumen, superándolo por un factor de 12, pero es bastante más joven, estimándose su origen hace 525 millones de años (frente a los 4.500 millones de años de nuestra estrella). En su núcleo el helio ha comenzado a crear carbono, por lo que es posible que en poco tiempo sí adquiera un color rojizo, en su camino a transformarse en gigante roja. Como tantas estrellas en el cielo, Capella no camina solitaria, sino que es una estrella múltiple. Su principal compañera es otra estrella amarilla, algo más joven y unas 2.6 veces mayor que el sol. Otras dos hermanas, enanas rojas, brillan tímidamente a una distancia mucho mayor, como si tuvieran miedo a quemarse. Todo el sistema forma parte de la Corriente de las Híades, una aglomeración de estrellas, con centro en el cúmulo de las Híades, que se desplazan inexorablemente hacia Betelgeuse, el hombro de Orion. Como decíamos en otra entrada, el universo está en continuo movimiento, se mire donde se mire.

Tras esta presentación de Capella, nos desplazamos brevemente hacia el Este y entramos en los dominios de NGC 1857, un pequeño y débil cúmulo abierto que no deja de ser interesante. Una veintena de estrellas se disponen en unos 10 minutos de arco, la mayoría de ellas débiles y formando una línea principal que se aleja de la estrella central. Esta estrella, bastante más brillante, llama poderosamente la atención por su intenso color rojizo, que es, para mi gusto, lo que convierte a este cúmulo en algo verdaderamente interesante. Para ver un mayor número de estrellas necesité usar 214 aumentos.

NGC 2192

Detrás de las estrellas se aprecia cierta nebulosidad, pequeñas estrellas irresolubles desde los cielos relativamente contaminados cerca de Granada, que, no obstante, no carecen de atractivo. Cuando las circunstancias impiden a uno salir en busca de cielos más oscuros, sólo queda adaptar los objetos a ver. Por otro lado, la clara comodidad del hogar invita a observar de una manera más cómoda, pudiendo disfrutar de un café recién hecho y, en caso de nublarse, sólo tendremos que recoger y meternos en la cama. Hay que buscar el punto positivo.

Miradas desde el cielo (NGC 6543)

William Herschel apuntó su telescopio a una nebulosa en 1786, y quedó maravillado al ver que una pequeña estrella brillaba en su interior. Pensó entonces que lo que estaba contemplando no era sino el nacimiento de una estrella nueva. Era la primera vez que alguien observaba la estrella central de una nebulosa planetaria. Un siglo después, William   Huggins determinó su espectro, topándose con que dicha nebulosa estaba formada de gas, entre otros, hidrógeno, magnesio y un elemento desconocido que recibió el nombre de “nebulium”. Posteriormente se sabría que dicho elemento correspondía al oxígeno ionizado, tan frecuente en las nebulosas planetarias. La gran relevancia de conocer su naturaleza gaseosa, razonadamente lógica, era que en esa época se pensaba que todas las nebulosas eran en realidad aglomeraciones de estrellas (cómo en los cúmulos globulares), y que la visión como nebulosidad simplemente era debida a la incapacidad de los telescopios contemporáneos para resolver sus estrellas. El descubrimiento de Huggins cambió esa concepción, confirmando que en el espacio también existían nubes de gas. Esta nebulosa “pionera” sobre la que tantos descubrimientos se hicieron no es otra que NGC 6543. Situada a una distancia entre 3.000 y 4.000 años luz, ha sido una de las nebulosas planetarias más estudiadas y, sin duda, una de las más complejas que podemos encontrar en el cosmos.

Foto NGC 6543

NGC 6543 es una muestra de los caprichos dinámicos del espacio, donde el sobrenombre “Ojo de Gato”, con el que se la conoce, se queda corto. En las fotografías de larga exposición vemos numerosas volutas de humo, anillos, arcos con forma de “S” que rodean a la estrella central formando espirales… Una mezcla de formas y colores que elevan a esta nebulosa a la primera división. Pero, ¿por qué tiene esa forma? Si una estrella es perfectamente esférica cabría suponer formas igualmente regulares si se desprende de su envoltura. Parece ser que hay varias posibilidades. Una de las más probables es que se deba a la presencia de una compañera estelar que orbita muy cercanamente a la estrella central (aunque no se ha detectado hasta ahora), de forma que en cada vuelta deformaría el gas que emana de la principal y lo despediría formando las características volutas que podemos ver. Fuertes vientos también contribuirán a esculpirla, con una velocidad mayor a 6 millones de kilómetros por hora, número que se dice muy rápido. Sea como sea, no podemos negar que es una de las visiones más interesantes que pueden existir de forma natural. Su estrella central es de tipo espectral O7, una estrella azul que se viste a 80.000 grados de temperatura y es de la mitad del tamaño del sol. Sin embargo, posee un brillo 10.000 veces mayor. Lo que hace la distancia…

La visión de NGC 6543 por el telescopio no muestra la espectacularidad de las fotografías, pero puede llegar a ser verdaderamente gratificante. Es visible ya a bajo aumento como una estrella gruesa y desenfocada. A 125 aumentos se aprecia su estrella central, tímida, de magnitud algo superior a 11, rodeada de un círculo nebuloso. Alguna irregularidad podemos apreciar entonces, pero merece la pena acercarnos más. A 214 aumentos ya somos plenamente conscientes de que no estamos ante la típica planetaria (si es que realmente existe la “típica” planetaria). La estrella central se halla rodeada por un pequeño anillo redondeado, perfectamente definido. Abrazando a este anillo podemos ver una nebulosidad más débil con forma ovalada, con los extremos inferior y superior estrechos, casi en punta. Verdaderamente parece un ojo observando desde la oscuridad del cielo.

NGC 6543

De vez en cuando, especialmente con mirada periférica, se advierten algunas líneas fantasmales que salen del círculo interno y desaparecen en una fracción de segundo. Por un momento la razón te dice que es un espejismo, pero una parte de ti se niega a aceptarlo. Posteriormente, al compararlo con las fotografías, se confirma que existen tales líneas fantasmales. Todavía no he podido disfrutar de NGC 6543 en una noche verdaderamente buena y un horizonte limpio, así que esperaré a la madrugada de los meses invernales para darle otra oportunidad. Es lo bueno de nuestra afición, siempre va a haber nuevas oportunidades.