Iridiscente (NGC 7023)

Imagina una estrella gestándose, inmersa en una enorme cantidad de polvo y gas, que se va condensando gracias a la gravedad. Ahora ponle a la estrella de nombre SAO 19158 y comprueba cómo ese gas que rodeaba a la estrella hace millones de años no ha terminado de extinguirse, quedando a su alrededor como brazos de un fantasma que no quiere marcharse.

Realmente ha habido cierta discordia en cuanto a nomenclatura, refiriéndose realmente NGC 7023 a un cúmulo abierto colindante con esta estrella (personalmente no vi ningún cúmulo por el telescopio), y LBN 487 a la nebulosa propiamente dicha. Este increíble objeto seFoto NGC 7023 encuentra a 1.300 años luz de nosotros y recibe el nombre de Caldwell 4 o Nebulosa de Iris, concepto que se entiende al ver fotografías de larga exposición y comprobar su semejanza con dicha flor. A diferencia de otras que hemos visto, ésta es una nebulosa de reflexión, lo cual implica que no brilla por la ionización de su estrella, sino porque la luz de ésta se “refleja” en sus partículas de polvo en suspensión que no han desaparecido desde que se formó la estrella. Observaciones en infrarrojo indican que la nebulosa podría contener moléculas de carbono complejas conocidas como PAHs, así como anillos de benceno, lo cual dota a LBN 487 de un mayor interés.

Predominan en ella los colores azules, característicos de las zonas de reflexión, y contiene algunas partes con nebulosas de emisión, pequeñas regiones HII de formación de estrellas que generan una luz rojiza en las imágenes.

Se encuentra en uno de los laterales de Cefeo que, con su forma de “casa”, alcanza en estas noches su posición óptima para observar, en lo alto hacia el norte. Una vez la tengamos en el telescopio podremos apreciar, a bajos aumentos, una pequeña nebulosidad rodeando la estrella en cuestión. Es un objeto que requiere cierto tiempo para ver detalles, así que paciencia y oscuridad son los principales ingredientes para verlo en condiciones (una abertura importante ayuda, claro). Con mi Dobson la mejor imagen la obtuve a 125 aumentos, con los cuales empecé a notar ciertas irregularidades. Por un lado había dos zonas bien diferenciadas, una pequeña nebulosa encima de la estrella y otra más alargada por debajo, que se curvaba como si quisiera tocar a una estrella inferior. Una prolongación salía de este último filamento hacia el lado contrario, hacia otra estrella cercana. Toda la zona brillaba con un tenue resplandor fácilmente visible con visión periférica, una inquietante sombra en el cielo. Mientras dibujaba lo que veía tras el ocular fui siendo consciente de que había otras dos regiones más densas, finas, en lados opuestos y mirando al centro. Una vez estuve seguro de verlas las plasmé en el papel.

NGC 7023

Al probar a usar filtros quedé desconcertado. Ni el UHC ni el OIII parecían surtir efecto, llegando a oscurecer incluso la nebulosa, por lo que me basté del Hyperion 13 mm a secas. Tiene sentido, ya que las nebulosas de reflexión no responden a estos filtros, ya que no “emiten” por sí mismas la luz, como lo hacen las nebulosas de emisión. Más aumentos también disminuían el contraste y el detalle (no merece la pena en objetos como éste, amplios y de bajo brillo superficial).

Terminé de observarla con un buen sabor de boca y fui a compararla con fotografías, especialmente para saber si las dos últimas franjas que había visto eran realmente así. Al ver las imágenes quedé sorprendido por la riqueza de formas y el entramado de nubes que presenta esta nebulosa. En próximas salidas habrá que visitarla de nuevo, con el pretexto de buscar el resto de filamentos más débiles.

Decesos marinos (NGC 7293 y NGC 7009)

Acuario es una de esas constelaciones “difíciles” que no tiene una forma clara, como podríamos decir del Escorpión o el Cisne, por ejemplo. Está en una zona, además, que no tiene grandes estrellas que ayuden a orientarse, ni famosos objetos para ver. Pero objetos tiene, y lo suficientemente interesantes como para dedicarles una entrada sólo para ellos. En el cielo encontramos distintas etapas de la vida de una estrella, desde que nace hasta que muere. Ahora nos vamos a centrar en esta última fase, usando a dos grandes exponentes, como son NGC 7293 y NGC 7009.

NGC 7293, también conocida como la nebulosa de la Hélice o el ojo de Dios, es una nebulosa planetaria famosa en el mundo entero, aunque la mayoría de la gente no conozca su nombre ni su naturaleza. Ha tenido el honor, además, de ser la portada de la versión de 2014 de la mítica serie Cosmos, de Carl Sagan. Es una nebulosa peculiar por varios motivos. A diferencia de la mayoría de nebulosas planetarias (poniendo como comparativa a M57), NGC 7293 es enorme, ocupando 25 minutos de arco. Este gran tamaño se debe, sencillamente, a que es una de las más cercanas a nuestro sistema solar, flotando a unos 700 años luz. No está formada simplemente por una envoltura de gas, sino que estudios recientes indican que tiene dos discos gaseosos, producidos en distintas épocas. Uno inicial que se formó hace unos 12.000 años, y otro, que se desplaza más rápidamente, hace 6.600 años. Son, ambos, el resultado de la expulsión de las envolturas más superficiales por parte de una estrella moribunda que va siendo comprimida por la fuerza de la gravedad. Al calentar el hidrógeno de las capas más superficiales (su interior ya es rico en Helio), el gas se expande y es expulsado hacia el exterior.  Esta estrella, que va camino de convertirse en una enana blanca, emite una gran cantidad de radiación al comienzo de su muerte, lo cual excita los átomos de la nebulosa y los hacen brillar. Fotografías de larga exposición revelan la presencia de “cometas”, nebulosidades pequeñas que parecen desplazarse de la periferia al centro, con una cola a sus espaldas. En un principio se planteó la hipótesis de que fueran verdaderos cometas procedentes de una “nube de Oort” de la nebulosa, pero posteriormente se comprobó que cada uno de esos núcleos cometarios tiene un diámetro superior al de nuestro sistema solar, dinamitando dicha hipótesis. Qué contienen realmente, sigue siendo un misterio, pero no deja indiferente contemplar esas nubes que son golpeadas por la radiación de la estrella y vestidas con una iridiscente estela de gas.

CometariosNGC 7293 es una buena oportunidad para estudiar las nebulosas planetarias, gracias a su ya mencionada cercanía. Es un objeto muy amplio y con un brillo superficial muy bajo, factores por los cuales probablemente pasaría desapercibido hasta su descubrimiento 1.824. Con prismáticos ya se aprecia como una mancha amplia y difusa, por encima de la constelación Piscis Austrinus (Folmahaut nos puede servir de referencia).

A bajos aumentos, con el telescopio, ya se aprecia como una gran esfera en forma anular, vagamente discernible si no es con filtros, en medio de tres brillantes estrellas que forman un triángulo. Una vez colocamos el filtro OIII, la nebulosa aparece ante nosotros sin atisbo de timidez. Personalmente la mejor visión, para captar ciertos detalles, la obtuve a 125 aumentos. Se puede apreciar la estrella central, no especialmente brillante, acompañada por una decena de tenues estrellas inmersas en la nebulosidad. Ésta tiene una clara forma de anillo de humo, con el centro de menor brillo superficial. La adaptación a la oscuridad es crucial en este tipo de objetos. Al cabo de varios minutos pude percibir que la circunferencia interna no era una circunferencia perfecta. Tenía un entrante en su zona norte, un cabo que penetraba en el vacío interior (no es vacío realmente, a simple vista se aprecia cierta nebulosidad de menor intensidad que la periferia). Poco después pude comprobar que la parte exterior del anillo tampoco era redonda, destacando un “pico” que se prolongaba hacia una de las estrellas que lo rodean. Con visión periférica se adivinaban ciertas irregularidades más a lo largo del disco, dando una imagen espectacular. Eché en falta, sin embargo, la sensación de “doble hélice” que muchos refieren. Supongo que será cuestión de práctica y buenos cielos (esa noche tenía buenos cielos, así que me queda practicar).

NGC 7293

La otra nebulosa planetaria que esconde la constelación de Acuario es NGC 7009, también conocida como la nebulosa Saturno. Descubierta por Herschel y nombrada por Lord Rosse, se encuentra a una distancia entre 2.000 y 4.000 años luz de nosotros, bastante más lejos que NGC 7293. Su nombre proviene de la forma característica que presenta desde nuestra perspectiva, con dos nódulos bipolares que semejan los anillos de Saturno, visto de perfil. La causa de esta formación se desconoce, como tantas cosas: distintas densidades, vientos intensos dentro de la nebulosa… Pero eso no nos impide poder disfrutar del espectáculo que supone.

Al telescopio hacen falta ciertos aumentos para ver esta estructura característica. A 65x ya muestra un alto brillo superficial, viéndose como una estrella engrosada que resalta sobre el resto. A 125 aumentos, en una buena noche, ya se aprecian sin problema los dos nódulos, a modo de asas. El filtro OIII ayuda a verla más brillante, pero, personalmente, no obtuve mayor definición, con lo cual prefiero la imagen sin filtro. A 214x resaltan algo más las “asas” y, siendo la calidad atmosférica aceptable, decidí dibujarlo con el ocular de 7 mm. A los pocos minutos noté cómo un halo rodeaba a la parte más brillante, no sé si sería reflejo o gaseoso, pero lo plasmé en el dibujo. Su estrella central tiene una magnitud de 11.5, fácilmente alcanzable con cualquier instrumento óptico… Sin embargo me fue totalmente imposible apreciar cualquier atisbo de estrella. Quiero suponer que fue debido a que está rodeada por una capa de gas brillante que lo enmascara ante la vista. Sea como sea, es un buen aliciente para observarla una y otra vez, buscando esa estrella que juega al escondite.

NGC 7009

Superhéroes en Andrómeda

No, no vamos a hablar de la Galaxia de Andrómeda. Ella tendrá su momento de gloria en otro momento, pero hoy le toca el turno a tres objetos de su propia constelación que tienen el valor de plantarle cara con sus interesantes detalles. Vamos a hablar de dos peculiares galaxias (NGC 891 y NGC 404) y una bonita nebulosa planetaria (NGC 7662), todas ellas accesibles a telescopios de pequeña abertura, aunque para distinguir ciertos detalles necesitaremos más anchura y, sobre todo, buenos cielos.

Comenzamos por una galaxia, NGC 891, que está incluida además en el catálogo Caldwell con el número 23. Tiene una importante peculiaridad: es una galaxia extremadamente similar a la nuestra, así que podemos apreciar cómo nos vería un extraterrestre desde una galaxia vecina, viéndonos de perfil (desde NGC 891 no podrían vernos, porque estaríamos ocultos por el plano medio de su “vía láctea”, tras oscuras nebulosas, como ahora veremos). Se encuentra a unos 32 millones de años luz, bastante lejos de los límites de nuestro Grupo Local, y mide 110.000 años luz de diámetro. Pertenece al denominado Grupo de NGC 1023, acompañando a esta y a otras 40 galaxias, que se alejan de nosotros a unos 500 km por segundo. Para hacernos una idea, cuando la luz de NGC 891 salió hacia nosotros, en la tierra ni siquiera existían los simios. Fue en esa época cuando se congeló la Antártida y los mamíferos se diversificaron y comenzaron a evolucionar rápidamente.

Foto - NGC 891

Su característica más llamativa, quizás, sea la impresionante franja oscura que atraviesa la galaxia de extremo a extremo, que puede apreciarse en todo su esplendor en fotografías de larga exposición. Además, se ven entrantes oscuros perpendiculares a esta línea, como desgarros violentos que son muestra de que el universo es cualquier cosa menos estático. Estos “dedos” oscuros pueden llegar a medir 4.500 años luz, y se deben probablemente a explosiones de supernovas. En su núcleo hay una gran región HII que hace patente su activa formación de estrellas y hace suponer, gracias a recientes estudios, la presencia de una barra central similar a nuestra galaxia.

Al telescopio es fácil de ubicar, al lado de la impresionante estrella Gamma Andromedae o Almach, que ya podemos aprovechar para ver de camino (dos componentes a 9.8’’ de distancia y con un contraste de color impresionante, azul y amarillo) y que merece una entrada a parte. NGC 891 es una galaxia de relativo bajo brillo superficial, cosa que hay que tener en cuenta al buscarla. Una vez en el ocular, obtengo la mejor visión a 125 aumentos, como la mayoría de los objetos que he visto últimamente (el Hyperion 13 mm es una maravilla…). Se aprecia perfectamente su silueta de perfil y un brillo de mayor intensidad en el núcleo, que se va perdiendo hacia los extremos. Es grande, más de lo que parece en un primer momento. La primera vez que la vi no tenía apuntado ningún detalle sobre ella, así que tuve que pestañear y volver a mirar varias veces para convencerme de que estaba viendo una línea oscura que la atravesaba por el centro, de modo similar a NGC 4565 (un poco más débil, según recuerdo). Mayores aumentos disminuyen el brillo global pero no hacen desaparecer la barra oscura.

NGC 891

El siguiente objeto es NGC 7662, una nebulosa planetaria a medio camino entre las constelaciones de Andrómeda y Lacerta, situada a una distancia de 2.000-6.000 años luz. Es una nebulosa de forma circular que brilla con una magnitud de 8.6.  El núcleo de su estrella central, una enana azul, es de los más calientes que se conocen, con una temperatura cercana a los 75.000 grados. Además, esta estrella es variable, cambiando su magnitud de 12 a 16, por lo que en algunas ocasiones no podremos ver rastro de ella (de hecho es difícil de ver incluso en sus máximos, ya que se halla parcialmente cubierta por una capa de gas).

A 65 aumentos ya muestra su aspecto redondeado, mayor que las estrellas que la rodean, pero no deja ver ninguna irregularidad. Una pequeña pelota que flota en un campo no especialmente rico en estrellas. A 125x la imagen mejora considerablemente, aumentando el tamaño de NGC 7662. Ver o no el detalle interno depende de la noche, tanto de la oscuridad del cielo como del seeing. El 10 de septiembre, en lo alto de un monte cerca de Granada, las condiciones fueron suficientemente buenas como para apreciar el anillo interno, más pequeño y de mayor brillo que el resto de la nebulosa, que resaltaba especialmente con mirada periférica. Una tímida estrella brilla en su centro, así que puedo considerar afortunado por observarla en un buen momento. Poniendo el ocular de 7 mm, con 214x, la imagen no pierde excesivo brillo (NGC 7662 aguanta bien los aumentos), pero las turbulencias me impedían visualizar correctamente el anillo interno. Los filtros tampoco me ayudaron mucho. Me he dado cuenta de que cuando la noche es buena no suelo apreciar mejoría en las nebulosas planetarias con el OIII, es más, incluso empeora el contraste (me refiero a las planetarias pequeñas y densas, claro, no a los Velos o la Hélice, por ejemplo). Como siempre, dediqué unos minutos a recrear en mi mente e imaginar el escenario desde un punto de vista más cercano, la diminuta estrella ionizando esa inmensa capa de nubes e impregnándola de un brillo fantasmagórico (se estima un diámetro de 0.8 años luz a la nebulosa).

NGC 7662

Para terminar esta sección de superhéroes hay que nombrar a NGC 404, también conocida como el fantasma de Mirach, por encontrarse lindando con dicha estrella, Beta Andromedae. El espectáculo de ver una estrella tan brillante y con ese tono a medias entre amarillo oscuro y anaranjado, junto con una débil mancha de luz redondeada y difusa, no tiene precio. Esa luz difusa no es sino una galaxia lenticular que se encuentra a 10 millones de años luz, muy cerca de nuestro Grupo Local pero sin estar atraída por él. Este tipo de galaxias se caracteriza por presentar una población de estrellas en fase avanzada de evolución, con abundantes gigantes rojas. Sin embargo, recientes estudios han encontrado dos anillos de estrellas azules y jóvenes concéntricos al núcleo de la galaxia, así como regiones de hidrógeno, que son reflejo de un proceso importante de formación estelar. ¿Cómo es posible que una galaxia “vieja” esté creando estrellas? Parece ser que NGC 404 era anteriormente una galaxia espiral que, hace mil millones de años, colisionó con otras galaxias, alterando su estructura y reactivándose su proliferación de estrellas. Un agujero negro reina en su interior, con una masa de entre 100.000 y 400.000 soles.

NGC 404

Al telescopio la vista es sobrecogedora a cualquier aumento. El fuerte brillo de Mirach no es suficiente para eclipsar a NGC 404, que da la cara como una mancha difusa y perfectamente redondeada, con un núcleo brillante. Cualquier aumento es bueno para observar a este par, ya que la galaxia resiste altos aumentos sin ningún problema. Su alto brillo superficial la hace un buen objetivo para observar desde ciudad, y su cercanía a Mirach la hace idónea para no perderse. No hay excusa para no saludarla siempre que rondemos cerca.

De espirales y destellos (M33)

El tercer miembro en tamaño de nuestro Grupo Local se encuentra a 2.8 millones de años luz de nosotros, dentro del campo gravitacional de la Galaxia de Andrómeda. M33, conocida como la galaxia del Triángulo o NGC 598, se acerca a nosotros a 200 km por segundo (velocidad relativamente pequeña). Se han encontrado puentes de hidrógeno neutro y estrellas entre M33 y M31, lo cual parece ser testimonio de una interacción entre ambas que tuvo lugar entre 2 y 8 mil millones de años atrás. Se estima que en 2.500 millones de años sufrirán una colisión más violenta (y un tiempo después le tocará a la Vía Láctea…).

M33 es una galaxia espiral menor que la nuestra, con un diámetro de 60.000 años luz y una población que ronda las 40 mil millones estrellas (diez veces menos que la Vía Láctea). Fue descubierta por el italiano Giovanni Battista Hodierna cien años antes de que Charles Messier diera cuenta de ella en su catálogo. Sin embargo, no se conoció su estructura espiral hasta 1849, cuando Lord Rosse la describió como tal. Pasarían décadas hasta que se conociera su verdadera naturaleza extragaláctica.

Foto M33

Su luz llega a nosotros con una inclinación de 55º, si estuviera completamente de frente sería mayor el espectáculo. En fotografías de larga exposición podemos ver una miríada de pequeñas regiones rosadas y condensaciones, que corresponden a regiones HII en las que se están formando estrellas. Algunas de ellas, como veremos a continuación, son visibles con el telescopio, especialmente una que cuenta con un puesto propio en el catálogo NGC: NGC 604. Es una inmensa nebulosa de emisión con una composición similar a la de la Nebulosa de Orion, y de un tamaño mucho mayor, que llega a los 1.500 años luz. No es, por el contrario, una galaxia rica en supernovas (ocurre, de media, una cada 147 años), y sin embargo se han detectado casi 200 remanentes de supernova en sus brazos, los restos de anteriores supernovas, la mayoría de las cuales produce intensas emisiones de Rayos X. Se ha encontrado también en M33 el mayor agujero negro de masa estelar conocido hasta la fecha, que forma sistema binario junto a una estrella, eclipsándola cada 3.5 días, que se ha denominado M33 X-7.

M33 es, al ocular, un objeto tremendamente grande (su diámetro equivale a dos lunas llenas) y un brillo superficial, por ende, muy bajo. Tener en cuenta estos detalles será básico para verlo. Con prismáticos se puede apreciar sin ningún problema, cerca de Alfa Triangulum o Ras al Muthallath, como una difusa nube grisácea, más evidente con visión indirecta.

La primera vez que apunté mi Dobson 305 mm a M33 recuerdo sentir un poco de decepción. Había unos focos cercanos, y apenas distinguí en ella nada más que una vaga nebulosidad. Tuve que esperar a estar bajo mejores cielos para maravillarme con su estructura y sentir verdadero vértigo. A 65x apenas distingo detalles, pero a 125 aumentos sus brazos aparecen como por arte de magia. En primer lugar dos bien definidos, con forma de “S”, uno de ellos terminando en una brillante condensación que corresponde a NGC 604, la inmensa nube de gas ya comentada. El filtro OIII mejora un poco su visión, pero bajo buenos cielos me parece totalmente innecesario.

M33

Unos minutos más bastaron para darme cuenta de que otros dos brazos hacían su aparición desde el brillante núcleo, más cortos y tenues pero perfectamente visibles, mejorando su visión con mirada periférica. Entonces, para rematar, fue cuando comencé a ver que había varias condensaciones que se dejaban notar en sus brazos, perfectamente definidas. Cogí la imagen que llevaba impresa y comprobé que coincidían con zonas HII con nombre propio y, en medio de la emoción, comencé a plasmarlas en el dibujo. Fue el plato fuerte de esa noche (y de otras que le han seguido).

Os muestro el dibujo con anotaciones acerca de los objetos NGC observados para que sirva de referencia, hay muchas más regiones que no pude ver, necesitando mejores cielos y mayores aberturas, pero el hecho de ver estos detalles en un mundo que está a 2.8 millones de años luz…

M33-detalles

PD: ayer encontré un detalle que me llamó mucho la atención, un dibujo que hizo Lord Rosse (el primero en distinguir su estructura espiral). No pude evitar sonreír cuando vi el gran parecido con mi dibujo, y me hizo pensar lo importante que es plasmar todo lo que vemos, el vínculo que se crea con alguien que vio lo mismo que tú hace 200 años, o en el otro hemisferio del planeta…

Dibujo M33 1800

Una pequeña familia

No flotamos a la deriva. Nuestra galaxia no entiende de eventos aleatorios, y como muestra, se desplaza influenciada por otras galaxias, cercanas y lejanas, con las comparte una de las fuerzas más intensas: la gravedad. En ocasiones hablaremos de algunas galaxias determinadas como M31, M33, NGC 157 y otras tantas, que compartirán entre sí un importante detalle. Todas ellas son miembros de una importante familia que nos acompaña en nuestro viaje por el cosmos, todas ellas, junto a nuestra Vía Láctea, conforman el denominado Grupo Local. Por tanto, creo conveniente dedicar unas palabras acerca de este sistema para poder, más adelante, ubicar sus elementos y tener una visión de conjunto mucho más completa.

Empezaremos por una introducción cercana, partiendo de nuestro planeta, para luego poder ser conscientes de las enormes distancias de las que hablamos. Nuestro solitario Sol es una estrella que se encuentra a 150 millones de kilómetros. La luz que sale de sus reacciones de fusión nuclear tarda 8.3 minutos en alcanzar la tierra (está, por tanto, a 8.3 minutos luz). Cada planeta va aumentando un poco esta distancia según la ley de Titus-Bode (que nos ocupará otra entrada), de forma que Plutón (aunque no sea un planeta) se encuentra a casi 6.000 millones de kilómetros (40 veces más lejos que la tierra del Sol) o 5 horas y media a la velocidad de la luz. Sin embargo Plutón no es el objeto más lejano de nuestro sistema solar: la nube de Oort es un cinturón de rocas orbitando el sol que llega a la increíble distancia de un año luz (9.46 billones de kilómetros). Para hacernos una idea, una simple comparación. Si el sol es una pequeña canica y se encuentra de la tierra a 10 metros, Plutón se encontraría a 400 metros. Si quisiésemos ver el final de la Nube de Oort deberíamos cruzar la mitad de la Península, porque terminaría a 630 kilómetros.

Pasamos al siguiente nivel en cuanto a distancias. Proxima Centauri, la estrella más cercana al sol, se encuentra al cuádruple de distancia de la Nube de Oort, a 4 años luz (desde Almería hasta el norte de Francia si tomamos el ejemplo de la canica). A partir de ahí las estrellas van haciendo su aparición paulatinamente. Si nos alejamos lo suficiente veremos entonces que esos millares de puntos se van agrupando en forma de brazos en espiral que dan forma a nuestra galaxia. La vía láctea se nos presenta entonces como una inmensa aglomeración con un brillante núcleo en forma de barra del que salen multitud de brazos. Rodeando a la galaxia podemos ver más de cien cúmulos globulares, girando a su alrededor (en esta entrada podéis leer acerca de los cúmulos globulares). Más allá de esta imagen encontramos más galaxias, miles de millones de galaxias que se reúnen formando grupos, cúmulos y supercúmulos, y que rellenan el inmenso universo en el que nos ha tocado vivir.

Pero vamos a hablar ya del grupo de galaxias del que formamos parte. Podemos comenzar estableciendo unos ejes principales en este Grupo Local, formados por nuestra propia galaxia, la Galaxia de Andrómeda (M31) y la Galaxia del Triángulo (M33). Son los pilares sobre los cuales se erigen el resto de componentes. M31 dista de nosotros 2.5 millones de años luz, mientras que M33 está un poco más allá, a una media de 2.8 millones de años luz. Estos dos objetos son los más lejanos que podemos ver a simple vista (todavía no lo he conseguido con M33) bajo un cielo bien oscuro. Recientemente se ha comprobado que ésta última podría llegar a considerarse un gran satélite de M31.

En la siguiente imagen tenéis una representación tridimensional del Grupo Local, apreciándose una multitud de pequeñas galaxias rodeando a las mayores ya mencionadas. Las que rodean a nuestra Vía Láctea son especialmente difíciles de ver, porque presentan un brillo superficial extremadamente pequeño diseminado en un tamaño demasiado grande. Las dos protagonistas a corta distancia son, sin duda, las Nubes de Magallanes, pero por desgracia están vetadas a los observadores del hemisferio norte, así que habrá que esperar a viajar a regiones meridionales.

Grupo_Local

Hay al menos 46 componentes de este grupo, número que aumentará probablemente, ya que algunas galaxias enanas se esconden a conciencia incluso a ojos de los mayores telescopios.

Sin embargo, desde nuestro humilde observatorio podemos alcanzar a ver un buen número de estos vecinos, empezando por las principales M33 y M31 (junto con M32 y M110, sus satélites). Tan grandes son que podremos distinguir en ellas un buen número de detalles, como veremos próximamente en entradas específicas. Pero no sólo estos gigantes son accesibles a nuestros telescoios. Tenemos, cerca de M31, a NGC 185, NGC 147 e IC 10, esperando para que apuntemos a ellas. Algo más difíciles de ver, en una buena noche no supondrán problema alguno. NGC 6822 e IC 1613 son otros ejemplos, en Sagitario y Cetus, respectivamente. Para verlas es importante saber lo que se busca: algo muy grande y algo muy débil…

La siguiente imagen muestra la zona principal, a grandes rasgos, donde se concentran la mayor parte de galaxias de nuestro Grupo Local, siendo perfectamente accesibles desde nuestro hemisferio.

Grupo Local Centrada

Intentemos mirar en una noche estrellada a esta región con las posiciones de las galaxias metidas en nuestra mente. Situemos primero a M31 y M33, fácilmente reconocibles y enmarcadas, y luego recordemos la situación del resto de principales componentes. Hagamos un esfuerzo y démosle profundidad al campo para comprender la estructura de nuestro pequeño grupo galáctico. Si sentimos vértigo sabremos que lo estamos haciendo bien.

Grupo Local general

Un enjambre y un suspiro (NGC 6712 e IC 1295)

El Escudo, también conocido como Scutum o Escudo de Sobieski, es una pequeña constelación que se encuentra entre Sagitario y Águila, conocido más bien por la inmensa condensación de la vía láctea que se llama popularmente “La Nube del Escudo”. En ese espacio encontramos también dos famosos cúmulos abiertos, M11 y M26. Lo que no podía imaginarme era lo que descubrí en él la otra noche, en uno de los mejores cielos que hay cerca de Granada, en el Camino de la Cabra. Me refiero a NGC 6712 e IC 1295, una peculiar pareja que han pasado directamente a formar parte de mi lista de objetos a enseñar.

NGC 6712 es un cúmulo globular peculiar en varios sentidos. Físicamente, por su gran cercanía al núcleo de la galaxia. Es un cúmulo que se localiza a 22.500 años luz de nosotros, pero roza el núcleo a tan sólo 1.000 kilómetros. En el interior de NGC 6712 no se han encontrado estrellas de masa menor a la del sol, probablemente debido a que las enormes fuerzas de marea que se producen en el centro galáctico han “arrastrado” consigo a las estrellas más pequeñas. De hecho, parece que estas corrientes han producido una especie de forma de cometa en el cúmulo, que no es apreciable desde nuestra situación.

NGC 6712 - IC 1295

A bajos aumentos ya se adivina que NGC 6712 no es una “nebulosa”. Algunas estrellas parecen titilar en esa nube redondeada, especialmente en su periferia. A 125 aumentos la visión es espectacular, resolviéndose ya la mayor parte de las estrellas. Es uno de esos cúmulos pequeños que son extremadamente sugerentes y delicados. Con visión periférica se evidencia una banda negra que lo atraviesa por uno de sus lados. Posteriormente lo he corroborado con fotografías y con testimonios de otros observadores, teniendo así otro aliciente para observarlo.

IC 1295 es una bonita nebulosa planetaria que se encuentra a apenas 25 minutos de arco de NGC 6712. Con oculares de bajo-medio aumento se ven ambos objetos en el mismo campo, proporcionando una agradable sensación a la vista. IC 1295 tiene una forma perfectamente redondeada y responde excepcionalmente bien al filtro OIII, quedando mucho más marcada y dejándose ver, con visión periférica, una disposición anular, soportando bien altos aumentos. En su centro brilla tenue una pequeña estrella. En fotografías de larga exposición o con grandes aberturas se aprecia una segunda cubierta externa más tenue que la interna, fruto de las distintas etapas en las que la estrella expulsa sus gases.

Ver al mismo tiempo dos objetos tan distintos entre sí es algo que no se puede olvidar fácilmente. Uno está compuesto por un millón de estrellas ancianas. El otro es una estrella que ha expelido su último aliento de forma silenciosa, como le ocurrirá a nuestro sol cuando nosotros ya no estemos aquí.

Paciencia, o NGC 6946

Hay objetos que le piden a uno tiempo, lo exigen sin miramientos, y ése es el caso de NGC 6946. Las primeras dos veces que la vi a través del telescopio, apenas distinguí una mancha difusa, grande, pero difusa. La tercera vez, en un lugar más oscuro y tras varios minutos, sus dos brazos más brillantes aparecieron ante mis ojos. Y, por último, un tercer brazo apareció en la última observación, dejando claro que la práctica y constancia son fundamentales en esta afición.

NGC 6946, también denominada Caldwell 12 o Arp 29, es una pequeña galaxia espiral de unos 40.000 años luz de diámetro (poco más de una tercera parte de la nuestra) que se encuentra en la constelación de Cefeo, a una distancia de 18 millones de años luz, flotando solitaria sin pertenecer a ningún grupo de galaxias. Resulta extraño entonces encontrar en ella una tasa de formación de estrellas muy alta, ya que las galaxias más “productivas” son aquellas que están rodeadas por otras galaxias, con las cuales pueden interactuar y usar su material para formar estrellas. No, NGC 6946 flota sola en el espacio, con tan sólo dos galaxias satélite pequeñas situadas a bastante distancia como para que sean las causantes de su proliferación. Y esto no es lo más llamativo de esta galaxia.

Foto - NGC 6946

Es conocida popularmente como “Fire Cracker Galaxy”, o la Galaxia de los fuegos artificiales. Dicho nombre procede de la aparición de continuas supernovas en el último siglo. Desde 1917 se han observado en ella nueve supernovas, visibles muchas de ellas con telescopios de aficionado, habiendo sido las últimas en 2002, 2004 y 2008. Este gran número de explosiones refuerza el concepto de su importante actividad estelar (en comparación, en nuestra galaxia tiene lugar, en promedio, una supernova por siglo).

Como he comentado al principio, NGC 6946 no es una galaxia especialmente fácil de ver, debido principalmente a que tiene un brillo superficial bajo (se encuentra “tapada” parcialmente por la vía láctea, restándole un brillo importante). Sin embargo, conforme pasamos tiempo ante el ocular, los detalles van apareciendo. A 65x apenas se distingue algo más que una mancha difusa de unos 10’ de arco. A 125x NGC 6946 nos empieza a mostrar sus encantos. Llama la atención, de entrada, un núcleo redondo e intenso con un halo alargado. Dos brazos son fácilmente visibles, en lugares diametralmente opuestos, perdiéndose en la oscuridad. La visión periférica revela mejor su curvatura y su posición. Un poco más difícil es el tercer brazo, que tiene su origen en un lado del halo y es más cerrado que los anteriores. En fotografías se aprecia un cuarto brazo que no fui capaz de distinguir, así que tengo un motivo más para apuntar a ella en la próxima salida. A mayores aumentos la imagen se atenúa bastante, perdiendo con ello detalle.

NGC 6946

Apuntemos a ella el telescopio en estas noches de verano y otoño, porque no sabemos cuándo volverá a aparecer otra supernova. Sólo veremos en ese caso una diminuta estrella en alguno de sus brazos, pero la espera habrá merecido la pena.

PD: por cierto, podemos sacar más provecho a esta visita. Muy cerca, compartiendo ocular a pequeños aumentos, tenemos a NGC 6939, un bonito y llamativo cúmulo abierto con un gran número de estrellas pululando a todo lo ancho.