El grupo galáctico de NGC 3158

Vamos a volver a sumirnos en las profundidades del cosmos, esta vez en los dominios de la constelación Leo Menor. Allí, muy cerca de las patas traseras de la Osa Mayor, vamos a disfrutar de un lejano grupo de galaxias que se sitúan a la considerable distancia de 282 millones de años luz. La protagonista del grupo es NGC 3158, una colosal elíptica a cuyo alrededor se sitúan las más de 30 componentes que forman esta familia. Es un claro ejemplo de elíptica cD, aquellas que encontramos en los centros de las agrupaciones galácticas y que rigen la dinámica de éstas. En la siguiente imagen podemos comprobar el potente efecto que transmite NGC 3158.

Foto NGC 3158

La gran elíptica domina el centro del cúmulo, y resulta llamativo contemplar todas esas pequeñas manchas que se arremolinan a su alrededor. Su destino está claro, pasando a formar parte, como tantas otras ya lo habrán hecho, del menú de NGC 3158. Las dimensiones de esta galaxia son muy superiores a nuestra galaxia. Si tenemos en cuenta sus zonas más densas, resulta tener un diámetro de unos 170.000 años luz, aunque su halo llega más allá, alcanzando incluso los 300.000 años luz de diámetro. A ello han contribuido, sin duda, las galaxias canibalizadas a lo largo de los últimos miles de millones de años. Su magnitud de 11.9 le permitió ser descubierta por William Hersechel en 1787, siendo la mayoría de las otras galaxias descubiertas por el francés Guillaume Bigourdan en 1886 (algunas otras necesitaron del telescopio de 72 pulgadas de Lord Rosse).

Casi todas las galaxias apreciables con instrumentos de aficionado son de tipo elíptico, destacando por contraste NGC 3160, una espiral que apreciamos de canto. Con una magnitud de 14.3 y una longitud de 1.3 minutos de arco, supone una bonita aunque débil disparidad ante el resto de galaxias. Una banda oscura y plumas a ambos extremos sugieren una interacción reciente con algunas de las otras galaxias. Del resto, NGC 3163 es la más brillante, una elíptica de magnitud 13.3 (también descubierta por Herschel) cuyo halo no es del todo regular, presentando un abombamiento, fruto, igualmente, de interacciones intergalácticas: en este baile cósmico todas participan.

NGC 3158.png

Las demás galaxias visibles con un Dobson de 30 cm requieren cielos bien oscuros, pudiendo apreciarse tres elípticas alineadas: NGC 3161, NGC 3159 y NGC 3151. Todas ellas aparecían como pequeñas manchas difusas, visibles con visión periférica, siendo NGC 3161 la más débil, con diferencia, con una magnitud de apenas 14.5. Sería interesante poder apreciar el batiburrillo de pequeñas galaxias que rodean a la principal, NGC 3158, aunque tendremos que conformarnos con apreciarlas en fotografías. Aun así, las 6 galaxias que pude distinguir con mi Dobson me dejaron con un buen sabor de boca, especialmente con el contraste de la espiral NGC 3160, que parecía desafiar al resto de sus compañeras.

NGC 3158 detalles

En el reino de las grandes galaxias (M59 y M60)

El cúmulo de Virgo está repleto de objetos descubiertos por Messier, pudiendo encontrar 16 de ellos. Hoy vamos a estudiar una de estas fascinantes galaxias situada al este del cúmulo, conocida ya en 1779, cuando Johann Gottfried Koehler la descubrió mientras observaba un cometa que pasaba por la región. Curiosamente, Messier la observó por primera vez tres días después, motivado también por el mencionado cometa, catalogándola como M60. Un siglo después, el almirante Smith distinguió a su compañera, NGC 4647, y sugirió que podrían ser una pareja de lejanos universos compuestos a su vez por numerosas estrellas, girando uno alrededor del otro: no estaba lejos de la realidad.

Foto M60.jpg

Crédito: Adam Block

M60 es una galaxia gigante elíptica, situada a 55 millones de años luz y con un diámetro que supera los 120.000 años luz. Cuenta en su haber con la inmensa cantidad de un trillón de estrellas (el triple que nuestra galaxia, a groso modo) y se ha convertido en la tercera galaxia más brillante del cúmulo de Virgo, justo por detrás de M87 y M49. Como muchos de estos gigantes, M60 cuenta con una gran cohorte de cúmulos globulares, estimándose su población en 5800. Está rodeada, a su vez, por numerosas galaxias satélite, destacando especialmente M60-UCD1. Es una galaxia enana ultracompacta que, con apenas 300 años luz de diámetro, tiene una masa de 140 millones de estrellas. En su interior reside un agujero negro supermasivo con un 15% de dicha masa, siendo probablemente el mayor agujero negro en proporción a su galaxia huésped. Esta pequeña galaxia parece haber sido, en su juventud, una galaxia masiva, pero encuentros repetidos con M60 hace unos 10.000 millones de años causaron su progresiva desnutrición, alimentando a su compañera como tantas otras galaxias satélite. M60-UCD1 es, por cierto, una de las galaxias más densas que existen, con un centenar de estrellas por año luz cúbico. Es, por tanto, como un inmenso cúmulo globular: el corazón de un monstruo ya extinguido.

Hubble image of Messier 60 and M60-UCD1

M60 y M60-UCD1

Volvemos a la gran M60, que guarda alguna que otra sorpresa. En su núcleo reside un inmenso agujero negro, con una masa estimada entre 3400 y 4500 millones de masas solares, convirtiéndose en uno de los mayores conocidos. Sin embargo, dicho agujero negro no es suficiente para explicar la velocidad de sus estrellas, gracias a lo cual se ha deducido la presencia de un halo de materia oscura bastante considerable. En las zonas más cercanas al núcleo, sin embargo, la batuta la siguen llevando las estrellas y el agujero negro, por lo que es probable que la materia oscura se encuentra dispersa a lo largo de toda la galaxia e incluso más allá.

Al lado de M60 podemos ver una bonita galaxia espiral, a apenas 2.5 minutos de arco de distancia, denominada NGC 4647. Su presencia motivó a Halton Arp a incluir ambas galaxias en su catálogo de galaxias peculiares bajo el número 116. El desplazamiento al rojo nos indica que NGC 4647 está algo más alejada de nosotros que M60, a un máximo de 10 millones de años luz de ella, a pesar de lo cual están gravitacionalmente ligadas entre sí. Durante mucho tiempo esta idea se desechó, ya que su apariencia es totalmente inmaculada, no se aprecian brazos retorcidos ni los signos típicos de interacciones intergalácticas. Sin embargo, en 2012 el Telescopio Espacial Hubble encontró algunas zonas en las que ambas galaxias estaban intercambiando estrellas, captando in fraganti el comienzo de una nueva y longeva relación.

Otras galaxias pueblan el campo, pudiendo apreciar otra considerable galaxia del catálogo Messier, M59, también conocida como NGC 4621. A caballo entre las galaxias elípticas y las lenticulares, M59 ha sido motivo de discusión desde hace tiempo. La principal razón es que, aunque posee todas las características de una galaxia elíptica, cerca de su núcleo contiene un disco de estrellas, algo distintivo de las Foto M59lenticulares. Se encuentra a 60 millones de años luz y su tamaño, menor que M60, se estima en unos 90.000 años luz. Posee, así mismo, un importante número de cúmulos globulares, alcanzando los 2200 (nuestra galaxia, con poco más de 150, empalidece ante estas cifras). La característica más llamativa de M59 quizás sea que su disco de estrellas, de unos 200 años luz de radio, gira en sentido opuesto al del resto de la galaxia. Como hemos visto en otras entradas, este comportamiento podría deberse a una anterior fusión entre dos galaxias, de manera que la rotación de una de ellas se mantiene a pesar del ajetreo. En el núcleo de M59 habita, como podemos imaginar, otro agujero negro supermasivo, esta vez con una masa de 270 millones de masas solares. Puede parecer poco comparado con M60, pero no olvidemos que el agujero negro de nuestra Vía Láctea contiene tan sólo 4 millones de masas solares…

Al ocular estas galaxias no muestran detalles especialmente llamativos. Con una magnitud de 8.8, M60 se lleva el protagonismo, apareciendo como una brillante esfera nebulosa con un centro especialmente intenso, pequeño y redondeado. Con un poco de imaginación, uno puede sentir la fuerza que desprenden sus 5800 cúmulos globulares o su inmenso agujero negro. NGC 4647, a su lado, brilla tímidamente como una débil mancha redondeada, sin rastro aparente de sus brazos espirales, aunque el contraste con su compañera no deja de ser atractivo. Al otro lado tenemos a M59, en la que se adivina cierta forma alargada. No muestra un núcleo tan destacado como M60, sino que presenta un brillo homogéneamente disperso, más tenue. Por último, tenemos una cuarta galaxia que se cuela en el ocular, NGC 4638, que parece implorar algo de atención entre tanta galaxia brillante. Es bastante débil, con una magnitud de 11.1, y presenta, de nuevo, características intermedias entre galaxias lenticulares y elípticas. A la vista, sin embargo, no es más que una nubecilla muy difusa y sin forma aparente que, a pesar de ello, contribuye a dar sensación de profundidad al marco del que forma parte.

M59

Las siamesas de Virgo

Mañana llega la primavera y, con ella, vamos a volver a nuestro estudio sobre el Cúmulo de Virgo, la metrópolis alrededor de la cual gira nuestro Grupo Local. En esta entrada resumíamos todas las galaxias vistas hasta el momento en este cúmulo, y hoy vamos a añadir un clásico, dos galaxias en interacción que se han ganado el apodo de “las Siamesas”.

Foto NGC 4567

Se trata de NGC 4567 y NGC 4568, una pareja de galaxias que se sitúan a una distancia de entre 55 y 60 millones de años luz, en consonancia con el mencionado cúmulo. Ambas galaxias comparten un desplazamiento al rojo similar, lo cual las sitúa a la misma distancia, aunque un rápido vistazo a la anterior fotografía basta para ver que no muestran signos sugerente de estar interaccionando. No vemos brazos desgarrados, colas de marea ni exóticas formas fruto de esta interacción, siendo su cercanía lo único que podría hacernos pensar que están en proceso de fusión. Tienen, eso sí, una inusitada proliferación estelar, apreciable en forma de múltiples condensaciones, especialmente en la zona de contacto de ambas galaxias. Es al observar su hidrógeno neutro cuando realmente podemos cerciorarnos de que ambas galaxias están interaccionando, compartiendo material entre ellas y estimulando una oleada de formación de nuevas estrellas. NGC 4568 ha sido huésped, recientemente, de dos supernovas, una en 1990 y otra en 2004.

Herschel descubrió estas galaxias en 1784, y seguro que su curiosa forma le cautivó. NGC 4567 es algo más débil, aunque ambas rondan la onceava magnitud. Son dos galaxias espirales, alargadas, que quedan unidas por uno de sus extremos, formando la silueta de la letra “V”. NGC 4568 es algo mayor, aunque su orientación es prácticamente idéntica. Al ocular se aprecia fácilmente su disposición, incluso con pequeños instrumentos. Las observé detenidamente con mi Dobson de 30 cm hace unas semanas, comprobando que NGC 4568 aparecía algo más alargada. Ambas galaxias mostraban un núcleo brillante y ovalado, y en NGC 4568 alcancé a observar algunas irregularidades, como una pequeña línea más brillante cerca de uno de sus bordes. Pocas galaxias en interacción hay al alcance de pequeños telescopios, y estas noches primaverales ofrecen una buena oportunidad para disfrutar de estas hermanas gemelas.

NGC 4567

Grupos marginales (NGC 2749)

El universo, como ya sabemos, está formado por multitud de galaxias que se agrupan de forma jerarquizada, siendo los grupos galácticos un primer eslabón en la escala. Conocemos numerosos grupos en nuestro entorno, como el de M81, el del Escultor o el de Maffei. A mayores distancias conocemos los cúmulos principales, como el de Virgo, pero el número de grupos conocidos es bastante escaso entre los aficionados, ya que son, por lo general, bastante débiles y carecen, relativamente, de interés. Hoy vamos a visitar uno de estos pequeños grupos galácticos situado en Cáncer, una constelación que tiene, como estamos apreciando, un buen número de objetos para ver.

Foto NGC2749 SDSS

Crédito: SDSS

El catálogo WBL de cúmulos galácticos pobres reúne 732 grupos de galaxias que cuentan con 3 o más miembros, los cuales deben compartir un similar desplazamiento al rojo. El que nos ocupa hoy recibe el nombre de WBL 202, situado a apenas 6 grados de M44, el Pesebre. Se encuentra a la considerable distancia de 195 millones de años luz de nosotros, lo cual nos pone en preaviso de que no será uno de los más luminosos (el cúmulo de Virgo, en comparación, se sitúa a unos 60 millones de años luz y tiene una población 400 veces mayor). Es un grupo cuyo centro lo ocupa NGC 2749, una galaxia elíptica que brilla con una magnitud de 12.8. Es clasificada como una galaxia de núcleo activo de baja luminosidad (low-luminosity active galactic nuclei), en cuyo centro reside un agujero negro supermasivo que, aparentemente, presenta una baja actividad, como ocurre en nuestra propia Vía Láctea. El resto de los integrantes de esta familia son NGC 2745, NGC 2747, NGC 2751 y NGC 2752. Tres de ellas podemos encuadrarlas en el mismo campo del ocular, formando un triángulo que necesita cielos oscuros para poder ser disfrutado. NGC 2749 fue descubierta en 1862 por Heinrich Louis D’arrest, un astrónomo alemán, mientras que el resto permaneció en el anonimato hasta que Albert Marth las descubrió con su telescopio de 1 metro de diámetro. Su considerable apertura debe hacer que nos sintamos satisfechos si conseguimos cazar alguna de estas galaxias.

Al ocular, incluso a bajo aumento, no es difícil apreciar la principal componente. NGC 2749 brilla con un núcleo intenso y puntiforme, rodeada de un halo más débil y circular que se pierde poco a poco. Con visión periférica sus bordes parecen algo más extensos, aunque apenas supera el minuto de arco. Las otras dos galaxias visibles son bastante más débiles, rondando la magnitud 14. NGC 2751 es una galaxia espiral que se nos ofrece algo inclinada, con un brillo superficial muy bajo. Si tenemos la vista adaptada a la oscuridad podremos verla como una débil nubecilla sin forma definida, que desaparece rápidamente en cuanto fijamos la mirada. Más interesante es NGC 2752. A pesar de ser también extremadamente débil, en los momentos en que se deja ver recorta su silueta alargada sobre el cielo oscuro. Es una galaxia espiral que nos muestra su perfil, constituyendo un bonito contraste con su hermana mayor, NGC 2749. En varios miles de millones de años, probablemente, no quedará ninguna de ellas para que podamos disfrutarlas. En lugar de eso todas se habrán unido en una gran galaxia elíptica, si no han contactado antes con otro grupo de galaxias, en esta eterna y movida novela cósmica. De entrada, WBL 202 permanece ajena a las grandes aglomeraciones del universo a medio alcance, disfrutando de una aparente calma en una isla desierta.

NGC 2749.png

Por cierto, junto a NGC 2752 podemos encontrar una bonita estrella doble con sus componentes muy cercanas entre sí, lo suficientemente brillantes como para ser accesibles a la mayoría de telescopios. Sin duda, un merecido añadido a este paisaje galáctico.

NGC 2749 detalles.png

 

Sorpresas en la Osa Mayor (NGC 3718 y HCK 56)

La Osa Mayor vuelve a estar en una posición privilegiada para que los observadores del norte disfrutemos de sus infinitas galaxias, y tantas tiene que siempre hay alguna que nos sorprende. Hoy vamos a ver varias de ellas que se engloban en el mismo campo del ocular, y cada una tiene un encanto propio. El vientre de la osa marca la posición de estas galaxias, pudiendo usar NGC 3718 como referencia. Es ésta una galaxia maravillosa, también conocida como Arp 214, que despliega toda la elegancia que una espiral barrada puede permitirse. Sus dos prominentes brazos se encuentran especialmente abiertos y muestran una gran simetría entre sí. Su anómala disposición es fruto de una interacción con otra galaxia en un pasado no muy lejano, otra espiral cercana que se denomina NGC 3729 y que se sitúa a apenas 150.000 años luz de ella. Sus brazos desperdigados cuentan con algunas condensaciones azuladas, lugares de formación de estrellas que brillan con intensidad y resaltan con respecto al resto de la galaxia. El núcleo, amarillento, es residencia de estrellas de mayor edad, aunque cuenta con un elemento que lo caracteriza de forma muy llamativa: hay una interesante banda de polvo oscuro que divide el núcleo en dos, visible con telescopios de gran apertura. Tras su sombra, miles de estrellas están naciendo en el momento actual, o más bien hace 52 millones de años, el tiempo que sus fotones han tardado en llegar a nuestros ojos.

Fue descubierta por Herschel en 1789, y su núcleo está al alcance de pequeños telescopios (con una magnitud visual de 11), aunque conforme aumentemos la apertura podremos ver más y más detalles. Con mi Dobson de 30 cm quedé sorprendido del brillo central de la galaxia, y en seguida comencé a notar que su luz no era completamente homogénea. Tras unos minutos de adaptación pude comprobar que el núcleo parecía tener dos regiones más luminosas, que se disponían a modo de número “8”, y más tarde comprendí que dicho efecto era debido a la presencia de la banda oscura  central. No tuve conciencia de haber visto la banda en sí, aunque pude distinguir las dos zonas más brillantes que dejaba a ambos lados. La segunda sorpresa vino más adelante, cuando mis ojos fueron capaces de detectar sus dos brazos principales, casi invisibles, apreciables durante unos pocos segundos, como dos prolongaciones que se alejaban del núcleo en direcciones opuestas. El más brillante era el que se acercaba a dos cercanas estrellas, pero a pesar de ello tuve que sudar para disfrutarlo.

NGC 3718 no es la única recompensa que ofrece el cielo en este campo de estrellas, sino que podemos aspirar a localizar una interesantísima agrupación galáctica. El grupo compacto Hickson 56, también conocido como Arp 322, se sitúa al lado de NGC 3718, si bien se encuentra mucho más alejado desde nuestra posición, a unos considerables 425 millones de años luz. Podemos entender, por tanto, la dificultad de su observación. Juntas, forman una hilera que se extiende por 90 segundos de arco de espacio, lo cual equivale a 48.000 años luz a la distancia considerada. No figuran en el catálogo NGC ni en el IC, lo cual da una idea de su debilidad. Son las siguientes:

-Hickson 56a: MGC+09-19-113

-Hickson 56b: UGC 06527

-Hickson 56c: PGC 35618

-Hickson 56d: PGC 35615

-Hickson 56e: PGC 35609

Foto HCK 56.jpg

Crédito: DSS II

Su magnitud oscila alrededor de la 15, siendo HCK 56d la más débil, con una magnitud de 16.8. Estas galaxias por sí mismas serían prácticamente inapreciables si estuvieran aisladas unas de otras, y carecerían de interés, pero la unión hace que reluzcan con entidad propia. HCK 56b y HCK 56d son emisoras de ondas de radio, probablemente por una importante proliferación estelar, mientras que HCK 56a y HKC 56d son galaxias Seyfert, portadoras en su núcleo de un agujero negro supermasivo. HCK 56a, así como HKC 56e, se encuentran algo más separadas del resto, aunque su distancia parece ser similar.Todas ellas tienen menos de 1 minuto de arco de diámetro, y es su unión la que las hace visibles.

Con mi Dobson de 30 cm las pude apreciar con visión indirecta a bajo aumento, antes incluso de buscarlas, cuando todavía estaba disfrutando de NGC 3718. Aparecían como una débil línea borrosa, etérea e intermitente. Al usar mayores aumentos pude ver esa delicada línea fantasmal con mayor claridad, aunque requería de todas formas visión periférica. No había ni rastro de HCK 56a ni HCK 56e que, aisladas, perdían el beneficio de la unión, pero las restantes podían apreciarse sin ninguna dificultad. En varias ocasiones me sobresalté, emocionado, cuando, durante un breve segundo, algunos diminutos puntos aparecieron en medio de la franja: los núcleos lejanos de HCK 56b y HCK 56c que, tímidos, parecían asomarse a ver quién les estaba observando. Con mayor apertura esta curiosa cadena de galaxias debe ser, sin duda, algo digno de recordar.

NGC 3718.png

Contactos en el cangrejo (NGC 2623)

El objetivo de hoy no es un objeto sencillo de ver; tampoco especialmente llamativo tras el ocular… No, el objetivo de hoy necesita de un cielo bien oscuro, y en el mejor de los casos no veremos más que una mancha pequeña y etérea. Sin embargo, la grandeza de lo que esconde tras de sí hace que merezca la pena intentar cazarla. La siguiente imagen, obtenida por el telescopio Hubble, sirve de presentación:

Foto NGC 2623.jpg

NGC 2623, también conocida como Arp 243, se encuentra en la zona norte de la constelación Cáncer. No es una, sino dos galaxias que protagonizan un baile de larga duración, una interacción intergaláctica que es pregón de lo que ocurrirá entre la Vía Láctea y la Galaxia de Andrómeda en unos pocos miles de millones de años. Se encuentra en un estado de interacción más avanzado que NGC 520, que veíamos el otro día, ya que sus dos núcleos se han fusionado en uno sólo. De hecho, en su centro reside un agujero negro supermasivo con una masa de entre 10 y 100 millones de masas solares que, probablemente, sea el que gobierne la dinámica de estos dos colosos. Y no es para menos, ya que entre un extremo y otro discurren 200.000 años luz, extensión debida, en parte, a la presencia de dos grandes filamentos que han sido desprendidos de cada una de las galaxias progenitoras, reminiscencias de grandes brazos que una vez acunaron, arremolinados, los núcleos de sus respectivas galaxias.

En el brazo septentrional, más definido, se han encontrado más de 100 cúmulos abiertos, cuya formación se ha visto promovida por la colisión entre ambos cuerpos. La edad de estos cúmulos es menor de 10 millones de años, y algunos podrían ser cúmulos protoglobulares, embriones de futuros cúmulos globulares que todavía no se han formado. Estas regiones son muy brillantes en el infrarrojo, gracias al gas que es calentado por las estrellas recién nacidas. Esta incrementada proliferación estelar es responsable, a su vez, de que haya supernovas con una frecuencia mayor de la habitual: en el caso de NGC 2623, la última registrada tuvo lugar en 1999.

El único pecado de este par de galaxias es estar situadas a una distancia demasiado grande, entre 250 y 290 millones de años luz (5 veces más que la distancia media del Cúmulo de Virgo o 100 veces más que M31). Esto deriva en un bajo brillo, de manera que NGC 2623 alcanza una magnitud de 13.9, fuera del alcance de telescopios de baja apertura, a no ser que las condiciones del cielo sean más que idóneas. Con un tamaño de 2.4 x 0.7 minutos de arco, tendremos que buscar algo muy pequeño y muy débil. Con el Dobson de 30 cm pude distinguirla a bajo aumento, haciendo uso de la visión periférica. A 214 aumentos aparecía algo más definida, y la diminuta mancha ya no era tan diminuta, adoptando además un forma algo alargada. Usé la imaginación para repetirme varias veces que en esa mancha fantasmagórica, que apenas podía ver, brillaba el intenso núcleo resultante de la interacción de esas maravillosas galaxias. Sabía que no podía aspirar a ver más detalles, pero el simple hecho de poder distinguir sus fotones, en vivo, ya resultó algo  verdaderamente emocionante.

NGC 2623

Ser Astrónomo: 1) Introducción

Hoy se ha estrenado el programa de Cadena Ser Guadix en el que hablaremos, cada jueves, de distintos aspectos de las astronomía. Se denomina “Ser Astrónomo” y nuestra idea es transmitir un poco de nuestra pasión por esta afición, de manera que los conceptos básicos (y no tan básicos) lleguen a todo el mundo posible. El programa se emitirá, desde hoy, cada jueves entre las 12:30 y 13:00, y en él hablaremos de temas tan variopintos como el nacimiento de las estrellas, los agujeros negros, la mitología, tradiciones relacionadas con el firmamento, nebulosas, galaxias, el principio del universo… Aquí os adjunto nuestra primera entrevista, a modo de introducción, de manera que Miguel Gil (Turismo astronómico) y yo hacemos una declaración de intenciones, presentando la idea que tenemos con respecto a esta emisión y dejando patente la fascinación que es capaz de producir esta afición. A partir del jueves que viene iré complementando cada charla con algunos apuntes e imágenes por escrito, de manera que el blog sirva como complemento al programa.

Pincha en el énlace de abajo para escucharnos en Cadena Ser:

Ser Astrónomo – Programa 1: Introducción