Cerrado por vacaciones

Hola a todos, el blog permanecerá inactivo unas dos semanas hasta que vuelva de las tierras del Sol Naciente. Luego hablaremos de variados objetos, desde cúmulos abiertos en Casiopea a multitud de galaxias otoñales, pasando por algunas extravagantes planetarias en la constelación del Pegaso, despidiéndonos de algunos objetos veraniegos que todavía se dejan disfrutar en Aquila y Sagitario, entre otros. ¡Vendremos con las pilas recargadas!

Subiendo por las piernas de Casiopea (1ª parte)

Todos tenemos claro que los griegos tenían una imaginación extremadamente prolífica para ver figuras donde nosotros vemos estrellas. Algunas de estas constelaciones tienen una forma que recuerda a su nombre, pero hay otras que nada tienen que ver, destacando, entre otras, Casiopea, que es una antigua reina cuyo cuerpo está formado por cinco brillantes estrellas en forma de letra “M” o “W”, según cuando la observemos. Sin embargo, podemos encontrar una explicación a esa forma contorsionista. Casiopea, como ya sabemos, era la mujer del rey Cefeo, y ambos presumían de la belleza de Andrómeda, su hija, alegando que era mayor que la de las Nereidas. Nero, molesto por tal comparación, se quejó ante Poseidón, que envió a Cetus, la ballena, a destruir el reino de la pareja. La única manera de evitar al monstruo fue ofrecerle a Andrómeda como sacrificio, pero Perseo la salvó ayudado de la cabeza de Medusa. Hasta aquí, la leyenda más contada del cielo nos suena a todos, pero resulta que tras la unión de Andrómeda y Perseo, Casiopea, que buscaba el matrimonio de su hija con Fineo, mandó a cientos de guerreros para asesinar a su yerno. Éste, viéndose acorralado, sacó la cabeza de la Medusa y los petrificó a todos. No es de extrañar, pues, que los dioses castigasen a Casiopea colocándola en el cielo en una postura tan poco refinada, con las rodillas dobladas y moviéndose por el cielo con la cabeza hacia el suelo, como si estuviera zambulléndose en el agua (como escribió el poeta Arato: “nunca más volverá a reinar en un trono, pero se zambulle como un buzo con las rodillas dobladas”).

foto-casiopea

Con la explicación mitológica a la contorsionada figura de la reina, vamos a recorrer una zona que corresponde a sus piernas, plagadas, como si fueran lunares, de decenas de cúmulos abiertos para todos los gustos. Comenzaremos en la estrella que marca su extremo, Epsilon Cassiopeiae, también denominada Segin (en la Nasa se conoce como Navi, en honor a Virgil Ivan “Gus” Grissom, uno de los astronautas que murieron en la misión Apolo I). Es una estrella de tipo espectral B3 y una magnitud de 3.38, situada a la considerable distancia de 442 años luz. A ambos lados de esta estrella se sitúan los dos objetos que vamos a ver hoy. El primero de ellos es una interesante y escurridiza nebulosa planetaria cuyo descubrimiento se atribuye a Wilhelmina Fleming, la primera mujer en dedicarse a la astronomía de manera profesional. Trabajó para Edward Charles Pickering y catalogó más de 10.000 estrellas en función de su tipo espectral, descubriendo además numerosas estrellas variables y nebulosas, destacando entre estas últimas IC 434, más conocida como la Nebulosa de la Cabeza de Caballo.

La nebulosa planetaria a la que nos referimos ahora es IC 1747, una pequeña planetaria de apenas 20 segundos de arco de diámetro que se encuentra a unos 30 minutos de Epsilon Cas, por lo que seguramente nos deslumbrará al principio cuando intentemos buscarla. Tiene una magnitud visual de 12, que sumado a su pequeño tamaño le proporciona un brillo superficial elevado. Su estrella central brilla con una magnitud de 15.8, situándola fuera de nuestro alcance, ya que la dificultad es aún mayor por el hecho de estar arropada por un fondo gaseoso. Se encuentra a 9600 años luz de nosotros y a unos 35.000 años luz del centro galáctico, no habiendo más datos de interés en los artículos publicados, que son muy escasos. Su forma, como tantas otras planetarias, es anular, con unos borde gruesos más marcados en dos lados opuestos.

foto-ic-1474

La primera vez que la observé la encontré con facilidad gracias a su cercana localización a la brillante estrella, apareciendo a bajo aumento como una estrella desenfocada. Al usar el ocular de 5 mm, a 300 aumentos, pude observar un bonito disco redondeado con bordes bien definidos. Por entonces no conocía su estructura, y tras varios minutos observándola me sorprendió notar, durante varios segundos, un agujero oscuro en su interior. Sorprendido, busqué entre mis apuntes a ver si tenía algo anotado sobre ella, pero sólo indicaba su nombre y su posición, así que volví al ocular. Cuando mis ojos se adaptaron nuevamente a la oscuridad comprobé que no me había equivocado, adquiriendo la nebulosa un aspecto anular tremendamente atractivo, con unos bordes más gruesos de lo que suele ser habitual en estas nebulosas. Sonriendo, la dibujé con paciencia, y cuanto más tiempo pasaba mirándola más fácilmente notaba ese anillo engrosado. La contemplé una vez más antes de irme, observando esa esfera de gas entre tantas otras estrellas, estrellas que tarde o temprano seguirán el mismo camino que su compañera.

ic-1747

Cogí el atlas y comprobé que muy cerca, al otro lado de Epsilon Cas, había un cúmulo abierto, así que me fui directamente hacia él. Se trata de NGC 637, un cúmulo situado a unos 7000 años luz de distancia y compuesto por unas 30 estrellas de edad relativamente joven, contando tan sólo con 10 millones de años de vida. La nebulosa que les vio nacer ya se ha disipado, pero las estrellas persisten unidas entre sí en un espacio de unos 10 años luz de diámetro. Es rico en estrellas variables cefeidas, las estrellas que nos permitieron comenzar a intuir la verdadera envergadura del cosmos, como comentábamos en esta entrada. NGC 637 es un cúmulo pequeño, que no llega a los 5 minutos de arco de diámetro, y sus estrellas más brillantes adoptan la forma del número “2” mirando hacia abajo, con unas 12 estrellas más brillantes y algunas otras asomando tímidamente entre el resto.

ngc-637

Enlaces relacionados a la galería del Nido del Astrónomo:

-Nebulosas planetarias-

-Cúmulos abiertos-

Globulares fantasma

Si eres aficionado a la astronomía, los cúmulos globulares o te gustan, o te acaban gustando. Más aún cuando te das cuenta de la inmensa variedad de formas y estructuras que pueden adoptar. Hoy vamos a ver tres de ellos muy cercanos entre sí, característicos por su extrema debilidad, que les da la apariencia de difusas nebulosas redondeadas. Se encuentran justo en el límite entre Serpens Cauda (la Cola de la Serpiente) y Ofiuco.

El primero de ellos pertenece al selecto grupo Palomar y se denomina Palomar 7. Como ya sabemos, los 15 globulares que forman parte de este catálogo fueron descubiertos, en su mayoría, en la década de los 50, en el observatorio Palomar de California. Sin embargo, el que nos ocupa hoy ya se conocía, al parecer, con anterioridad, con la entrada del Index Catalogue IC 1276. Se encuentra bastante cerca de nosotros, a unos 17.600 años de distancia, siendo su pecado estar dispuesto tras densas nubes oscuras que lo han hecho empalidecer y disminuir varias magnitudes. Su tamaño es de 8 minutos de arco y su magnitud de 10.34, pero no nos dejemos engañar, pues su brillo superficial es bastante bajo. Se encuentra en la constelación Serpiente, a una altura similar a la constelación del Escudo, y para verlo necesitaremos un cielo alejado de la contaminación lumínica. Con mi Dobson de 30 cm lo encontré sin problemas con el ocular de 13 mm, a 115 aumentos, apareciendo como una pequeña esfera homogénea, más fácilmente visible con mirada periférica, sin ningún gradiente distinguible. Dos estrellas aparecían tímidas en el seno del cúmulo, seguramente ajenas a la población real, que son mucho más débiles.

Palomar 7.png

El siguiente cúmulo, aunque del catálogo NGC, no es mucho más deslumbrante. Se trata de NGC 6539, una aglomeración de soles situada a unos considerables 25.400 años luz de distancia, sufriendo también los efectos atenuantes de la materia interestelar. Su magnitud de 9.6 también se encuentra algo sobreestimada debido a su bajo brillo superficial, aunque es más sencillo que Palomar 7. Aparece a 214 aumentos como una esfera homogénea, como corresponde a su categoría X de la clasificación Shapley-Sawyer, con bordes homogéneos que se van perdiendo gradualmente. Algunas estrellas pueden intuirse en la periferia, de nuevo estrellas intrusas que quieren hacerse pasar por habitantes de esta enorme familia de estrellas. Visualmente podría pasar por una amplia nebulosa planetaria, y no es de extrañar que no se descubriera hasta 1856.

NGC 6539.png

Cruzamos ahora la invisible línea que delimita las constelaciones y nos situamos en Ofiuco, si bien vamos a ir mucho más lejos en profundidad, hasta los 35.500 años luz, distancia a la que se encuentra NGC 6517, el último globular de este triplete. Su magnitud de 10 y un tamaño aparente menor que el anterior podrían hacernos pensar que nos será bastante difícil encontrarlo, pero nada más lejos de la realidad. El principal motivo para ello reside en su mayor concentración hacia el centro, que produce un brillante núcleo coronado por una periferia más débil. Pertenece a la categoría IV de la clasificación Shapley-Sawyer, siendo útil su comparación con NGC 6539 (categoría X, mucho menos concentrado). Ninguna de sus estrellas se individualizó en mi telescopio a 214 aumentos, si bien me transmitió cierta sensación de granulación, a diferencia de los otros, la sensación de que verdaderamente me encontraba ante un cúmulo globular.

NGC 6517.png

Observar este tipo de globulares, tan débiles e irresolubles, puede parecer algo tedioso e incluso aburrido al principio, aunque cuando uno es consciente de lo que está viendo cambia la perspectiva. También es interesante el hecho de saber que su número es limitado, conociéndose a día de hoy unos 160, aunque se estima que hay unos 180 girando alrededor de la Vía Láctea, lo cual añade el aliciente de cazar el máximo número de ellos.

Sobre la Pipa (NGC 6401 y NGC 6369)

La visión de la Vía Láctea estival bajo un cielo estrellado lejos de las grandes urbes puede llegar a ser verdaderamente sobrecogedora. Mil formas se perfilan en su superficie, destacando en Sagitario la gran nube oscura que comienza en el Cisne. Esta grieta negruzca presenta salientes hacia ambos lados, y si la noche es oscura podremos ver una de estas prolongaciones que se encuentra a la derecha de M8 y por encima de la cola del escorpión, formando un triángulo recto. Nos llamará la atención que presenta una forma muy linear, especialmente con visión indirecta, contrastando con todas las curvas que predominan en la zona. Esta nube oscura es conocida como la Nebulosa de la Pipa, y la zona más rectilínea se corresponde a la cánula y a la boquilla, en el extremo, mientras que hacia el Este se abre un poco más y forma la “cazoleta”. La nube, que podemos recorrer con prismáticos para disfrutar de cada uno de sus recovecos, está formada por varias nebulosas oscuras, destacando Barnard 78 (B78), B67, B66, B65 y B59, constituyendo esta última la boquilla. Pero el interés que hoy tenemos en esta nebulosa es que nos sirve para orientarnos y encontrar los objetos que tenemos en lista, ya que se encuentran justo al norte de “la Pipa”, donde tres estrellas brillantes formando una curva nos ayudarán en la búsqueda.

Comenzaremos por NGC 6401, un débil cúmulo globular que se encuentra a unos 34.000 años luz de distancia. William Herschel y su hijo, en el siglo XVIII, lo confundieron con una nebulosa, lo cual ya nos da una idea de su elevada dificultad. A pesar de tener una magnitud de 7.4, su brillo superficial es extremadamente bajo y sus estrellas quedan fuera del alcance de nuestros telescopios. Destaca una brillante estrella de magnitud 11 que parece engarzada en la corona del cúmulo, pero no es más que un efecto de perspectiva, ya que dicha estrella se encuentra mucho más cerca de nosotros. Una vez localizado, NGC 6401 aparece como una esfera de unos 5 minutos de arco de diámetro, muy débil y de bordes difusos, aunque la visión lateral ayuda a verla con mayor facilidad. Su superficie, sin embargo, podría describirse como “granujienta”, dando la curiosa sensación de que, de un momento a otro, todas sus estrellas van a resolverse. Pero no, NGC 6401 permanece envuelto en el halo de misterio que le rodea y no soltará prenda a no ser que se fotografíe con una exposición lo suficientemente prolongada. Aun así, merece la pena echarle un vistazo y dejar que se nos insinúe con ese crepitar invisible de estrellas que se puede adivinar en su interior.

NGC 6401.png

Vamos a viajar ahora a unos 3.500 años luz de distancia para contemplar una espectacular nebulosa planetaria denominada NGC 6369, conocida también como la Nebulosa del Pequeño Fantasma. Es una joven planetaria con una llamativa estructura anular, cuyas capas externas se expanden a unos 24 km por segundo. Se encuentra inmersa en la nebulosa oscura Barnard 77, por lo que no nos debe sorprender la pobreza en el campo de estrellas una vez que estemos con el telescopio. Nuevamente, la estructura anular de esta planetaria no se debe a una forma esférica, como la lógica podría dictar, sino que posee una estructura cilíndrica en forma de reloj de arena que vemos de frente (estructura similar a M27, en cuyo caso la vemos de perfil). Por este motivo puede parecernos, en fotografías de larga exposición, que la estrella central se encuentra un poco descolocada del centro exacto.

foto-ngc-6369

NGC 6369 se encuentra a medio camino entre dos brillantes estrellas, c Oph y b Oph, formando un triángulo muy abierto con ellas. A bajo aumento ya se puede apreciar como una estrella borrosa y algo engrosada, imagen que irá cambiando si nos acercamos. A 214 aumentos la nebulosa se aprecia redondeada y más grande, aunque no supera el minuto de arco de diámetro, y su magnitud de 11.4 se hace patente, siendo más débil que la mayoría de planetarias que estamos acostumbrados a ver por esta zona. Sin embargo se puede apreciar sin problemas siempre que observemos bajo un lugar alejado de la contaminación lumínica, y con visión periférica comenzará a dejarse ver su interesante estructura: un anillo de humo de bordes engrosados, bastante regular en toda su extensión, sin atisbo de estrella central que causa tal espectáculo. Ésta es una enana blanca cuya magnitud de 16 complica bastante su detección, pero no hace falta verla para disfrutar de las vistas.

ngc-6369

Recorrido por Ofiuco

Conocemos bien las zonas más meridionales de Ofiuco, el serpentario, habiendo visto ya varios de sus cúmulos globulares y planetarias. Hoy vamos a ir a una región menos conocida pero no por ello menos interesante, situada en la parte superior de la constelación. Si la noche es oscura veremos un grupito de estrellas que adoptan, por un lado, la forma de la letra “V”, destacando al oeste otras dos estrellas más aisladas. Podríamos asemejar esa letra “V” con las famosas Hyades, en Tauro, y no en vano guarda cierta relación, pues antaño fue una constelación denominada Taurus Poniatovii, o Toro de Poniatowski, en honor al rey de Polonia en el siglo XVIII. La constelación fue después despojada de su título y sus estrellas volvieron a pertenecer a Ofiuco y a Aquila, quedando Tauro como único bóvido de la esfera celeste. Alrededor de esta extinta constelación vamos a viajar con nuestros telescopios para observar la tremenda variedad de objetos que podemos encontrar en esta zona del cielo: desde grandes cúmulos a lejanas galaxias, pasando por una interesante planetaria y, como no, por la estrella más veloz que podemos observar.

Mapa ofiuco.png

Vamos a comenzar en el centro de toda esta región, dominada por una manchita perceptible a simple vista, que constituye un cúmulo verdaderamente interesante. Se trata de IC 4665, también conocido como el Gran Cúmulo de Ofiuco, una agrupación de una treintena de jóvenes estrellas que se disponen en un área equivalente a dos lunas. Su edad se ha estimado en unos 36 millones de años, más joven que las famosas Pléyades, aunque no hay rastro de la nebulosa que propició su nacimiento. Curiosamente no fue descrito por Messier, a pesar de que seguramente lo notaría brillar tímidamente en el cielo oscuro de su época. Probablemente se deba a que su gran tamaño hace que sea difícil de percibir con telescopios de campo reducido. Fue descrito, sin embargo, por Caroline Herschel (siendo el objeto número 21 de su catálogo), aunque su primera observación se atribuye a Philippe Loys de Chéseaux.

IC 4665 es, como podemos imaginar, un objeto para disfrutar con prismáticos o con un ocular de gran campo, ya que de otra manera no veremos más que algunas estrellas brillantes sin ninguna relación entre sí. En mi caso usé el ocular de 34 mm, que me proporcionaba unos 44 aumentos, suficientes para encuadrar todo el cúmulo en el mismo campo. Una docena de estrellas con un tinte blanco-azulado destacaban con fuerza en un campo bastante poblado de fondo, adquiriendo cierta estructura simétrica entre ellas. Por el buscador del telescopio el cúmulo cobraba mayor entidad, apareciendo más pequeño y aglomerado, dando una mayor sensación de agrupación.

ic-4665

Nos desplazamos poco más de 3 grados al oeste para encontrar una galaxia, NGC 6384, objeto peculiar en esta zona veraniega del cielo. Es una espiral barrada muy llamativa que se encuentra inclinada unos 45º con respecto a nosotros, mostrando dos brazos principales que se van dividiendo progresivamente. Se encuentran poblados con multitud de manchas más rosadas, regiones HII, mientras que el núcleo aparece más amarillento, debido a la presencia de estrellas de edad avanzada. Recientemente la galaxia ha sufrido un aumento en su formación estelar gracias a la barra central, que canaliza el gas de los brazos y promueve el nacimiento de nuevas estrellas. Es considerada una galaxia LINER (low-ionization nuclear emission-line region), una galaxia cuyas líneas de emisión características se pueden explicar, o bien por un agujero negro supermasivo central, o por la emisión generada en grandes regiones HII.

ngc-6384

El cielo parece algo estático, y podemos pensar que el movimiento de las estrellas es demasiado lento como para que lo apreciemos durante nuestra corta vida humana. Pero estaríamos equivocados si pensamos así, ya que hay algunas estrellas con un movimiento aparente lo suficientemente rápido como para apreciarlo en un lapso de tiempo asequible. La estrella más rápida que vemos desde nuestro humilde planeta tiene nombre propio, conocida como la Estrella de Barnard en honor a su descubridor, Edward Emerson Barnard, que la describió en 1916.

Se encuentra a 5.98 años luz de nosotros y está acercándose al sol rápidamente, de manera que en el año 9800 se aproximará a tan sólo 3.75 años luz de distancia. Es casi la estrella más cercana, tan sólo superada por el sistema de Alfa Centauri. Es una enana roja de tipo espectral M4, cinco veces más pequeña que nuestro sol. En la década de los 70 se llegó a la conclusión de que estaba siendo orbitada por, al menos, un gigante gaseoso, si bien hoy se ha descartado esa posibilidad, aunque se sigue buscando la presencia de planetas de tipo rocoso. Es una estrella muy antigua, con una edad estimada entre los 7.000 y 12.000 millones de años, bastante mayor que nuestro sol. Sin embargo, aunque debería estar relativamente tranquila, se observó en 1998 una alteración en los parámetros espectrales concordante con la emisión de una llamarada, como si fuera una estrella fulgurante, un patrón típico de estrellas más jóvenes y activas. Nos queda todavía mucho por conocer, pero lo cierto es que esas grandes llamaradas no son lo más adecuado para los hombrecillos verdes…

La estrella de Barnard tiene el movimiento propio más rápido que podemos ver desde la Tierra, el equivalente a 90 km por segundo. A la distancia a la que se encuentra, corresponde a unos 10.3 segundos de arco cada año, de manera que, observándola cada cierto tiempo, podemos ser testigos del movimiento del astro. Su magnitud de 9.51, además, la hace asequible a cualquier instrumento, siendo recomendable usar altos aumentos para notar mejor las diferencias en su posición de un año para otro. Este dibujo tiene poco valor de forma individualizada, pero en los siguientes años podré compararlo con más imágenes para, de esa manera, observar el movimiento de la estrella.

estrella-de-barnard

Tras esta observación estelar vamos a observar miles de estrellas aglomeradas entre sí, formando el curioso cúmulo globular NGC 6426. Los cúmulos globulares pueden diferenciarse en cuanto a su metalicidad, es decir, en cuanto a la presencia en ellos de elementos químicos más pesados que el helio. Aquellos de baja metalicidad tienen una edad más avanzada, ya que al formarse no había muchos elementos pesados en la galaxia. Suelen ser más frecuentes en el halo galáctico, mientras que los de alta metalicidad predominan en zonas más internas, en el bulbo. NGC 6426 pertenece al primer grupo, y es, de hecho, uno de los cúmulos con menor metalicidad que conocemos. Su edad se ha estimado unos 700 millones de años mayor que la de M92, convirtiendo al globular en uno de los más ancianos de nuestra galaxia. Su distancia a nosotros, de unos 67.000 años luz, así como el polvo que se interpone en nuestra línea de visión, hacen que no sea uno de los globulares más vistosos, aunque bien merece una visita. Con el Dobson de 30 cm, a 214 aumentos se apreciaba como una pequeña esfera de unos 3 o 4 minutos de arco de diámetro, difusa, con un centro más brillante que iba decreciendo hacia la periferia. Su núcleo medía aproximadamente un minuto de arco, y una quincena de débiles estrellas hacían gala de su brillo a pesar de la distancia, apareciendo por toda su extensión con relativa homogeneidad. Es un cúmulo de categoría IX en la clasificación de Shapley-Sawyer, si bien personalmente le habría dado una categoría algo más concentrada.

ngc-6426

Vamos a terminar esta visita con la guinda del pastel, una nebulosa planetaria conocida como NGC 6572 o la Nebulosa de la Raqueta Azul. Es uno de los objetos más fascinantes que podemos encontrar en la constelación, y el misterio no hace más que aumentar cuanto mayor es la abertura utilizada. De entrada su nombre ya indica que es una planetaria colorida, con observaciones que van desde el azul hasta el verde (también es conocida como el Ojo Esmeralda), pasando por el turquesa. Personalmente no tengo muy buena distinción de estos colores, pero pude apreciarla de un color azul claro bastante llamativo. Situada a unos 4800 años luz de distancia, fue descubierta por el buscador de dobles Wilhelm von Struve en 1825. Es una planetaria joven de forma cilíndrica, con su estrella central rodeada por un torus gaseoso que “estrangula” a la nebulosa en el ecuador. Sin embargo, no la vemos así porque se nos presenta de frente, apareciendo como un disco muy brillante con algunas prolongaciones hacia los lados. Su estrella central es variable, con estimaciones que van desde la décima magnitud hasta la 14.

Con una extensión de 14 segundos de arco (que corresponden a un tercio de un año luz a la distancia a la que se encuentra) es un objetivo pequeño, aunque extremadamente brillante. Tiene una magnitud de 8.1, mucho más brillante que M57, y es fácilmente visible con unos prismáticos como una estrella más. Basta mirar con el telescopio y usar elevados aumentos para apreciarla como un pequeño disco brillante de color azulado. Brilla más que cualquiera de las estrellas que hay a su alrededor, y con visión periférica, a 214 aumentos, pude apreciar una débil estrella central. Personalmente no creo que fuera tan débil, diría que es el efecto atenuante de estar inmersa en una masa gaseosa tan distintiva. A 300 aumentos adquirió un tamaño levemente ovalado, y durante los momentos de estabilidad aparecían dos pequeños arcos abrazando a la nebulosa en lugares opuestos, como el comienzo de unos brazos galácticos en espiral. Sorprendido por el descubrimiento (no había visto previamente imágenes de la nebulosa), seguí disfrutando algunos minutos más, y entonces fui consciente de que la planetaria estaba rodeada de una esfera muy débil y más amplia, como si fuera un halo externo. Me recordaba mucho al halo de humedad que rodea a las estrellas brillantes algunas noches, cuando se observa a muchos aumentos, así que moví el telescopio hacia otras estrellas brillantes, comprobando que dicho halo desaparecía. Volví de nuevo a NGC 6572 y allí estaba, extremadamente débil, esa etérea capa apenas visible. Leyendo posteriormente encontré que O’Meara comenta en su libro “Deep Sky Companions: Hidden Objects” que también ha llegado a apreciar alguna vez un halo, así como también lo han documentado otros astrónomos observando por grandes telescopios. La lógica habla en su contra, pues, al parecer, la planetaria es bastante joven (poco más de 2000 años) como para haber desarrollado una envoltura tan grande. Tampoco he encontrado fotografías donde se vea esa capa, pero el hecho de no ser el único que la ha visto hace que me replantee el asunto. Personalmente, debería volver a observarla bajo condiciones idóneas para comprobar que se repite su visión, aunque la transparencia de esa noche, a 3.000 metros de altura en lo alto del Veleta, es difícil de superar. Bueno, está claro que la astronomía puede dar sorpresas y comeduras de coco a partes iguales, y ahí radica parte de su encanto. Adoptaré un punto de vista agnóstico: no negaré la existencia de esa capa gaseosa ni me empecinaré en confirmarla. Simplemente, me llevo para mí la sensación de asombro que sentí esa noche, y posteriores observaciones ya se encargarán de inclinar la balanza hacia uno u otro lado.

ngc-6572

Los brazos del Delfín (triplete de NGC 6956)

El Delfín ocupa una situación óptima para observar estas noches de verano, y se mantendrá a tiro de telescopio hasta bien entrado el otoño, por lo que podemos aprovechar para conocerlo un poco mejor. Ya vimos, con anterioridad, algunos de sus cúmulos, así como NGC 6905, una interesante nebulosa planetaria. Hoy vamos a ver un trío de galaxias, objetos que uno no asocia a constelaciones estivales, formado por NGC 6956, UGC 11620 y UGC 11623. Hay un trío más conocido en el Delfín compuesto por las galaxias NGC 6927, NGC 6928 y NGC 6930, algo más fácil de observar, al que dedicaremos una entrada próximamente.

Foto NGC 6956.PNG

NGC 6956 es una galaxia verdaderamente interesante, una espiral que nos muestra unos brazos muy abiertos y densos, con cierta asimetría, como si algo los estuviera arrastrando hacia el exterior. Una brillante barra preside su región central y multitud de condensaciones y regiones HII pueblan sus retorcidos brazos. Aparece en contacto estrecho con una blanquecina estrella de magnitud 11.7. Sin embargo, es la perspectiva la que las une, ya que la galaxia se encuentra a unos considerables 190 millones de años luz de distancia. UGC 11623 es una maravillosa espiral barrada que despliega unos brazos totalmente distintos a los anteriores, mucho más cerrados sobre su núcleo. Aparece, así mismo, más rojiza que su compañera, debido probablemente a su mayor riqueza en estrellas de edad avanzada. Su magnitud de 14.9 la restringe a telescopios de abertura considerable y cielos oscuros. El tercer miembro del grupo, UGC 11620, es algo más brillante, con una magnitud de 14.6, y es otra galaxia espiral más pequeña, de reducidos brazos que giran regularmente, con alguna irregularidad en su superficie. Estas dos galaxias comparten el mismo corrimiento al rojo que NGC 6956, de lo cual podemos deducir que comparten también un espacio similar en el cosmos, estando gravitacionalmente atadas entre sí. NGC 6956 cuenta con la particularidad de que ha sido testigo, en la última década, de la aparición de dos supernovas, una de ellas en 2006 y la otra en 2013. ¿Nos dará otra sorpresa pronto?

ngc-6956

NGC 6956, con una magnitud de 13.1, es la galaxia más brillante de las tres, con diferencia. Si las condiciones no son óptimas será la única que consigamos ver, pero lo ideal sería observarlo bajo cielos realmente oscuros. Sólo así podremos aspirar a cazar los interesantes brazos de la galaxia. Con mi Dobson de 30 cm aproveché una visita a Sierra Nevada para centrarme en este interesante grupo. Desde un primer momento fueron obvias las tres galaxias, brillando las del catálogo UGC con menor intensidad y siendo necesaria la visión periférica para verlas, sobre todo al principio. NGC 6956 se percibía más fácilmente al lado de una estrella más brillante. Usé el Cronus de 7 mm para obtener 214 aumentos e intentar sacar más información. Se apreciaba la galaxia con un tamaño considerable (tiene 1.4 x 1.7 minutos de arco de superficie), y su centro más brillante reflejaba cierta heterogeneidad. Esperé pacientemente, usando mirada periférica, adaptando la visión aún más, hasta que finalmente pude percibir que el centro de la galaxia adoptaba la forma de una barra rectilínea que en sus bordes se doblaba hacia el exterior, desapareciendo en seguida de mi vista. Relajé la mirada y nuevamente lo intenté, apareciendo otra vez sus curiosos brazos, de una forma extremadamente tenue, pero visibles desde la lejanía. Es en esos momentos cuando uno siente verdadero vértigo, así como una sensación en el cuerpo que nos pide más.

Vida y muerte de una estrella a través de un pequeño refractor

Cuando tuve en mis manos el Nextar 102SLT pensé que estaba sujetando un juguete, acostumbrado a mi Dobson de 30 cm que tengo que transportar en varias partes. Nunca imaginé que iba a poder ver las cosas que he visto a través de este tubo de 10 cm y con el detalle que las he observado, y me ha hecho tener más claro aún que lo importante para disfrutar de la astronomía con plenitud es disponer de un cielo oscuro. En las siguientes líneas voy a hacer un repaso del nacimiento y la muerte de las estrellas, usando dibujos que he elaborado mirando por este refractor de 102 mm de abertura y 660 mm de focal. Los oculares empleados han sido un Panoptic de 24 mm, un Hyperion de 13 mm y un Kronus de 5 mm.

Comenzamos nuestro viaje a 4000 años luz de nuestro hogar, hacia una inmensa nube que recibe el nombre de M8 o, más popularmente, la Nebulosa de la Laguna. En el universo no existe el vacío de forma literal, encontramos nubes de hidrógeno poblando sus rincones, moviéndose a merced del viento que generan las estrellas más jóvenes o de los suspiros que exhalan las más ancianas. M8 es una inmensa región HII, una nebulosa en la cual se están gestando estrellas a partir del hidrógeno circundante, estrellas que podemos apreciar fácilmente si nos asomamos al ocular. La noche que observé M8 a través del telescopio me esperaba ver una nube poco definida y alargada, con algunas estrellas en el campo de visión, pero en seguida comprobé lo equivocado que estaba. Aparecían varias nubes principales alrededor del pequeño cúmulo de estrellas y de otras dos estrellas más brillantes a la izquierda. Estas dos se continuaban con la porción de nebulosa más brillante, estando separadas del resto por una franja oscura. Más que laguna, siempre he pensado que debería considerarse un río, y esa sensación la encontré fácilmente en el refractor. Otras zonas más densas destacaban también a ambos lados de este “río lóbrego”, expandiendo los límites de la guardería estelar. La mejor visión la obtuve con el ocular Hyperion de 13 mm, que me proporcionaba unos cómodos 50 aumentos. El filtro UHC exaltaba aún más cada uno de estos accidentes geográficos, magnificando un objeto ya de por sí inigualable.

C4 M8.png

Conocido ya el entorno en el que se forman las estrellas, vamos a ver ahora el futuro que le espera a nuestro sol, así como a la mayoría de estrellas de masa similar. Una vez agotado el combustible (hidrógeno y helio, principalmente), la gravedad va comprimiendo la estrella cada vez más al mismo tiempo que su atmósfera se expande en todas direcciones, creando una burbuja de gas a su alrededor. En el centro queda una enana blanca, una estrella pequeña y extremadamente caliente que puede alcanzar los 150.000 grados de temperatura. Uno de los ejemplos más conocidos de este tipo de objetos es M57, la Nebulosa del Anillo, en la constelación de Lyra. De nuevo la observé algo escéptico, pensando que iba a percibir un objeto extremadamente pequeño y que a duras penas conseguiría distinguir el anillo. Pues bien, un espectacular anillo de humo apareció en el ocular de 5 mm, a 132 aumentos, tan denso que se veía sobradamente con visión directa. Su tamaño no suponía ningún problema, adoptando una forma más bien ovalada, apreciándose incluso sus bordes más engrosados en los lados más estrechos. No necesité usar ningún filtro, ya la visión a través del ocular era, prácticamente, tan buena como la que he visto a través de mi Dobson de 30 cm. En este último puedo aspirar a observarla con un mayor tamaño, pero la diferencia de abertura hace que merezca la pena el pequeño refractor, en aras de un transporte más cómodo. La enana blanca no aparece en el centro del anillo, su magnitud la aleja de las posibilidades del 102SLT, pero no es difícil usar la imaginación para visualizarla allí, a 2283 años luz de distancia, exhalando su último suspiro.

C4 M57.png

Ya sabemos lo que ocurrirá a nuestro sol, y vamos a terminar esta visita observando en un primer plano lo que ocurre cuando una estrella “grande” termina sus días. En este caso no es un suspiro, sino una verdadera explosión de dimensiones cataclísmicas lo que tiene lugar, lo que denominamos como supernova. En las estrellas con una masa 8 veces mayor que nuestro sol, cuando se quedan sin combustible, la gravedad colapsa la estrella tan rápido y con tanta fuerza que produce, en su núcleo, una densidad tan inmensa que la estrella explota, literalmente, esparciendo su contenido por todo el universo circundante. En el seno de esta explosión es donde se han creado algunos de los elementos químicos que forman parte de nosotros, como el calcio de nuestros huesos. Somos, pues, el resultado de la muerte de una gran estrella que tuvo lugar hace millones de años. Si miramos arriba en las noches de verano podemos ver los restos de una de estas supernovas, conocida como la Nebulosa del Velo, en la constelación del Cisne. Situada a 1500 años luz de distancia, es una enorme nebulosa que se formó hace unos 8000 años, tan grande que no es tarea fácil encuadrarla de una vez en el campo de visión. Cuando la observé a través del refractor tuve que ahogar un grito de emoción al contemplar su forma tan clara y definida. Observé una de las partes de esta “onda expansiva”, NGC 6992, la que se asemeja a la rama de un árbol con pequeñas ramificaciones en su extremo. El único requisito para disfrutar de esta nebulosa es contar con un filtro OIII, que hace aparecer, como por arte de magia, la nebulosa en toda su extensión. Con una forma curvada, posee numerosas condensaciones, algunos filamentos más brillantes que parecen salir del cuerpo principal y, cerca de uno de sus extremos, emite dos llamativas ramificaciones en ángulo recto. Con esta variedad de formas podemos sentir la fuerza de este evento que avanza por el cielo como una ola rompiendo contras las rocas, a miles de kilómetros por hora.

NGC 6992 C4.png

*Si quieres conocer mejor el proceso que tiene lugar en una supernova te recomiendo leer el siguiente artículo:

https://elnidodelastronomo.com/2015/12/04/seda-sobre-negro-ngc-6992-y-ngc-6960/

*Ficha técnica del telescopio Celestron 102SLT.