M51 a través del NextStar 102 SLT

M51, la Galaxia del Remolino, es uno de esos objetos que nunca nos cansamos de observar. Ya la había disfrutado ampliamente con el Dobson de 300 mm, dedicándole gran cantidad de tiempo, así como con otros instrumentos relativamente amplios. Así que decidí darle una oportunidad con el “pequeño” refractor NextStar 102 SLT. Me demostró, una vez más, que es un instrumento tremendamente versátil y que puede ser el instrumento principal de una observación sin ningún problema. De entrada se hizo evidente el gran disco de M51, con un núcleo intenso y redondeado, incluso con visión directa. Su compañera deslustrada, NGC 5195, se hacía patente como una tenue mancha pequeña a su lado, con su región central algo más brillante. Con el ocular Cronus de 7 mm decidí dedicarle algo más de tiempo, gracias a lo cual fueron haciendo acto de presencia los famosos brazos de la galaxia. Conseguí distinguir claramente dos de ellos, abrazando el núcleo en una llamativa espiral, siendo uno de ellos el que se continuaba hasta la pequeña lenticular NGC 5195, un puente celeste que se difuminaba rápidamente antes de llegar a su destino. Una débil estrella aparecía superpuesta con el disco de M51, en contacto con uno de sus brazos, y por más que lo intenté no conseguí sacar más detalles. Tampoco me quejo, intuir la presencia de los brazos era mi principal objetivo, e incluso bajo un cielo algo lechoso por las nubes altas el pequeño refractor no tuvo problemas para ello. Cada vez estoy más contento con este versátil tubo.

M51 4''.png

Mizar, Alcor y el planeta que nunca fue

Hoy vamos a ver una de las estrellas dobles más conocidas del cielo, cuyos dos principales componentes podemos distinguir a simple vista. Hablamos, cómo no, de Mizar y Alcor, dos estrellas conocidas desde la antigüedad y que forman la parte central de la cola de la Osa Mayor. Ambas estrellas se encuentran separadas por algo más de 11 minutos de arco, que corresponden en realidad a un cuarto de año luz. A pesar de su cercanía, curiosamente, no forman un sistema físico orbital, sino que ambas se mueven juntas en la misma dirección, formando parte de la Asociación Estelar de la Osa Mayor. Esta asociación fue descubierta por Richard A. Proctor y consiste en un grupo de estrellas que comparten el mismo movimiento en el cielo, desplazándose hacia un punto situado en la constelación de Hércules. Nosotros, junto con la mayoría de estrellas brillantes de la Osa Mayor, formamos parte de esta corriente de estrellas.

Mizar fue la primera estrella doble descubierta a Foto Mizar Bentravés de un telescopio, gracias a Benedetto Castelli que, en 1617, pidió a Galileo que la observara. Se conocieron así los dos principales componentes de Mizar, conocidos desde entonces como Mizar A y Mizar B. La primera de ellas, de magnitud 2.27, es de tipo espectral A2, mientras que la segunda, de tipo espectral A5, es de la cuarta magnitud. Entre ellas hay tan sólo una separación de 500 unidades astronómicas, tardando miles de años en completar una vuelta. Al observarla con un espectrómetro se objetivó que sus líneas se desplazaban del rojo al azul siguiendo un período constante, dando a entender que su distancia oscilaba con respecto a nosotros de manera periódica. De esta manera, Mizar A fue la primera binaria espectroscópica descubierta, allá por el 1884, gracias al trabajo de Edward Charles Pickering. Su período de órbita es de unos 20 días, contando cada una de las estrellas con unas 2.5 masas solares. Pero ahí no queda la cosa, y es que Mizar B es también una binaria espectroscópica, con un período de 175 días y unas masas equivalentes a 1.6 veces la de nuestro sol. Así, la brillante Mizar se convierte de golpe en un sistema cuádruple, con dos parejas girando entre sí de una manera lenta pero inexorable.

Foto Mizar

Dibujo de Camille Flammarion (1882)

Aquí acabaría el capítulo si no fuera porque Alcor también guarda un secreto. Su nombre en otras culturas ya hace referencia a su papel secundario en esta pareja celeste, ya que ha sido conocida como Suha “la olvidada” o Khawwar “la débil”, entre otros. Posee una magnitud de 3.99 y tipo espectral A5, con una superficie que alcanza unos considerables 8000 grados de temperatura. Sin embargo, su mayor secreto es la presencia de una pequeña compañera que orbita a su alrededor, una enana roja de tipo espectral M3 que completa una vuelta en 90 años. A un segundo de arco de distancia de su estrella principal, en términos reales corresponde a tan sólo 25 unidades astronómicas, menos de la distancia media que hay entre Neptuno y el Sol. Por tanto, no sería descabellado que Mizar y Alcor forman un curioso sistema séxtuple, a pesar de se distribuyan en dos grupos bien diferenciados: al fin y al cabo, su destino sigue siendo el mismo.

Sin embargo, Benedetto Castelli añadió una nota más de interés a esta región del cielo. Entre ambas estrellas podemos apreciar una estrella de magnitud 8, fácilmente visible con unos simples prismáticos, que quedó registrada por el astrónomo a principios del siglo XVII, y además llegó a escribir que se había movido ligeramente de un año a otro. Un siglo después, el astrónomo Johann Georg Liebknecht volvió a observarla, y al registrar su posición creyó que la estrella presentaba movimiento propio, no dudando en catalogarla como un nuevo planeta. La llamó Sidus Ludoviciana en honor a la universidad donde trabajaba (la universidad ludoviciana en Giessen, Alemania). Posteriormente, cuando se comprobó que no era tal, se ganó el desapego de un buen número de astrónomos, que criticaron la rapidez de sus afirmaciones. Esta estrella, conocida también como la Estrella de Ludwig, se encuentra a casi 400 años luz de distancia, muy alejada de sus aparentes compañeras, que nos saludan desde corta distancia, a tan solo 83 años luz.

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No debemos perder la oportunidad de observar esta estampa estelar, siendo Mizar fácilmente desdoblada en dos componentes muy cercanas entre sí. La más brillante tiene una intensa tonalidad amarillenta, mientras que Mizar B, más débil, a veces transmite un color más azulado, casi verdoso, difícil de precisar… Al otro lado brilla, solitaria en apariencia, Alcor, y entre ellas reside el planeta imaginario Sidus Ludoviciana. Cuántas historias en un espacio tan reducido…

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El lejano Hickson 58

Hoy vamos a viajar lejos, mucho más allá del Cúmulo de Virgo, a unos considerables 285 millones de años luz en dirección a la constelación de Leo, una zona del cielo que estos días se encuentra cada vez más baja hacia el horizonte occidental.

Foto NGC 3817

Crédito: SDSS

Hickson 58 es un grupo formado por cinco galaxias, según la mayoría de las fuentes, que se encuentran a una distancia equivalente a la del Cúmulo de Coma. Sus dos componentes más brillantes fueron descubiertas por William Herschel en 1784, y un rápido vistazo a cualquier libro o programa nos mostrará que cada de una de ellas posee dos números distintos del catálogo. El motivo parece sencillo: Herschel dejó anotadas sus posiciones y el astrónomo francés Guillaume Bigourdan, posteriormente, no las pudo encontrar. Sí vio otras dos que ocupaban posiciones cercanas, y las catalogó como dos objetos distintos, proporcionando datos sobre su posición que sí coinciden con sus coordenadas actuales. Lo que ocurrió, probablemente, fue fruto de un error de posición de Herschel, de manera que hoy en día reciben los nombres NGC 3825/3852 y NGC 3822/3848. La primera de ellas, que denominaremos NGC 3825, es una galaxia espiral barrada que posee dos brazos opuestos y simétricos, con una magnitud de 13.1. NGC 3822 es una espiral de tipo Sb, sin barra central y con una cierta elongación de su halo. Con una magnitud de 13, es la más brillante de todo el grupo, visible incluso con visión directa. La siguiente galaxia por orden de brillo, NGC 3817, también se conoce como Hickson 58c, y es una espiral barrada descubierta por Jonh Herschel, el hijo de William, en 1828. Nos acercamos a la magnitud 14 con la cuarta galaxia, Hickson 58d o NGC 3819, una galaxia elíptica que también descubrió John Herschel en el mismo año, completando así de una forma importante la tarea de su padre. El quinto elemento del grupo es NGC 3720, una galaxia extremadamente débil con una magnitud que ronda la 14.5, muy difusa y pequeña.

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Para encontrar a Hickson 58 debemos ir a la frontera entre Leo y Virgo: y hablamos de frontera literalmente, ya que el límite entre ambas constelaciones atraviesa por completo el grupo, dividiendo, por un lado, a NGC 3819 y NGC 3829, que pertenecen a Leo, y a NGC 3817, NGC 3822 y NGC 3825 por otro, ya en los dominios de Virgo. En un primer momento a bajo aumento, saltan a la vista NGC 3822 y NGC 3825, como dos manchas difusas pero brillantes, visibles sin necesidad de ningún esfuerzo. Si seguimos una línea recta entre ambas llegaremos, un poco más lejos, a NGC 3817, que aparece ligeramente más débil, sin una forma definida. Formando un triángulo con NGC 3822 y NGC 3817 tenemos a NGC 3819, más débil aún y de menor tamaño, que requiere visión periférica para apreciarla con algo más de nitidez. No conseguí ver a NGC 3820, aunque lo observé sin conocer su presencia, así que probablemente me pasaría desapercibida. Supongo que conociendo su posición y con un poco de paciencia será visible con el Dobson de 30 cm. La extensión mayor del grupo no llega a los 8 minutos de arco, así que haremos bien en usar aumentos elevados para aumentar el contraste. En mi caso, la mejor visión la obtuve a 214 aumentos, el aumento estándar para las galaxias más pequeñas y el que me proporciona mayor definición. Hickson 58 no es especialmente compacto, ni muestra detalles peculiares en sus componentes, pero observar objetos tan lejanos es siempre algo enriquecedor.

Hickson 58 - detalles

Con un solo brazo (NGC 4618)

NGC 4027 no es, ni mucho menos, la única galaxia “manca” que podemos encontrar, y tenemos otro claro ejemplo en NGC 4618, una galaxia capaz de mantenernos pegados al ocular durante largo tiempo.

Foto NGC 4618

Crédito: Adam Block

Descubierta por William Herschel en 1787, fue catalogada como Arp 23 por Halton Arp en su conocida lista de galaxias peculiares, junto con su compañera NGC 4625. Se encuentran a 30 millones de años luz en la constelación de Canes Venatici, muy cerca de Chara, más conocida como beta Canes Venaticorum. Forman parte de un grupo mayor de galaxias, el grupo Canes II, junto a otras galaxias de categoría como M106, NGC 4490 o NGC 4414. Esta “nube” galáctica, que presenta una forma alargada, se encuentra algo más alejada del grupo Canes I, que cuenta entre sus integrantes con M94, NGC 4449 y NGC 4214, entre otras, situadas a una distancia que ronda los 15 millones de años luz. Tomar conciencia de estas agrupaciones nos ayuda a comprender mejor este enmarañado unvierso en el que nos ha tocado vivir.

Ambas galaxias son enanas irregulares, similares a nuestras satélites magallánicas, aunque se puede apreciar en ellas una cierta estructura espiral, especialmente en NGC 4625. NGC 4618, por el contrario, presenta un prominente brazo espiral que gobierna el aspecto de la galaxia, plagado a su vez de numerosas regiones de formación estelar. Estudiando el hidrógeno neutro de ambas galaxias se ha llegado a la conclusión de que la interacción entre las dos no es tan influyente como podría parecer, de manera que śolo una pequeña parte del hidrógeno de 4618 se ve afectado por la gravedad. Sus cambios morfológicos tienen que deberse, por tanto, a factores internos, entre los cuales figuran hipótesis que atañen a agujeros negros o grandes explosiones de supernovas: se necesitan más observaciones para desentrañar este misterio. Lo que sí está claro es que ambas galaxias presentan una importante proliferación de estrellas, como tantas otras enanas irregulares, algo que llama la atención ya que, a menudo, no se debe precisamente a encuentros intergalácticos. En este caso parece ser que se produce una proliferación estelar en cadena, de manera que una región HII crea estrellas masivas, algunas de las cuales explotan como supernovas en un período corto de tiempo, estimulando el gas circundante y dando lugar a una oleada de formación de estrellas por repetición de este proceso (formación, supernova, formación…).

El hidrógeno molecular ha permitido también estimar la masa de las galaxias, de manera que sabemos que NGC 4618 tiene una masa de 4.700 millones de soles, mientras que NGC 4625 presenta el doble de masa. Si observamos cualquier fotografía veremos que esta última es de menor extensión que su compañera, pero la realidad es muy diferente, como se descubrió recientemente gracias al GALEX (Galaxy Evolution Explorer), un instrumento capaz de captar luz en ultravioleta. Se pudo ver entonces que la galaxia es cuatro veces más extensa que en luz visible, llegando a alcanzar un diámetro de 56.000 años luz. Estos brazos espirales, hasta entonces invisibles, están formados por jóvenes estrellas azuladas, recién nacidas, estimuladas en su caso por recientes interacciones con otras galaxias (fijémonos que tenemos, en estas dos galaxias, dos causas distintas de formación estelar a pesar de compartir el mismo entorno).

Foto NGC 4625 uv

Conocidas ya las principales características de esta pareja de galaxias sólo nos queda coger nuestros telescopios y salir a un lugar bien oscuro. NGC 4618 es, sin duda, la protagonista visual de esta estampa galáctica, apreciándose sin dificultad incluso a bajo aumento como una pequeña mancha ovalada. Con el Dobson de 30 cm aproveché una noche con buena estabilidad atmosférica y disfruté de estas galaxias a 214 aumentos, justo después de haber estado con NGC 4027. Para mi sorpresa, me fue más sencillo vislumbrar el prominente brazo de NGC 4618, que aparecía curvado junto al borde ovalado de la galaxia. Era tenue, pero la mirada periférica lo revelaba sin mayores problemas, conformando una curiosa visión a la que no estamos acostumbrados, recordando enormemente a las fotografías que se pueden encontrar en la red. NGC 4625, cercana y discreta, resultaba fácil de ver con visión lateral, apareciendo como una pequeña mancha difusa y redondeada sin mayores detalles aparentes. Si nuestros pudieran observar la luz ultravioleta otro gallo cantaría…

NGC 4618

Con un solo brazo (NGC 4027)

A una distancia de entre 70 y 80 millones de años se encontraban las galaxias NGC 4038 y NGC 4039, más conocidas como las Antenas, de las cuales ya disfrutamos hace meses en esta entrada. Ambas galaxias son las protagonistas de un grupo de galaxias relativamente disperso, y hoy fijaremos nuestra mirada en una de sus galaxias compañeras, una que se encuentra a apenas medio grado del famoso par, en la constelación del Cuervo:

NGC_4027

Crédito: ESO

NGC 4027 es una galaxia peculiar, tanto que pertenece al catálogo de Halton Arp con el nombre de Arp 22, en la categoría de galaxias con un solo brazo. Efectivamente, en cualquier fotografía de larga exposición queda patente esta extravagante formación, un enorme brazo que le otorga a esta galaxia el aspecto de un “6” cósmico. El origen de este brazo se lo debemos a una interacción con otra galaxia que tuvo lugar hace millones de años, un encuentro en el que la gravedad fue esculpiendo y modelando esas estrellas que no llegaron a ser arrancadas de su huésped. Desde un principio los ojos acusadores recayeron sobre una pequeña galaxia que se encuentra a 4 minutos de arco de distancia, lo cual corresponde a unos 300.000 años luz, galaxia que recibió el nombre de NGC 4027A. No había nada que uniera a ambas galaxias, al menos en el espectro de luz visible, pero todos los indicios apuntaban a ella. No fue hasta hace poco que se pudo estudiar la región observando el hidrógeno atómico y se confirmó la sospecha, apareciendo un enorme puente de hidrógeno entre ambas galaxias, una estela en forma de espiral que delataba un encuentro relativamente reciente entre ambas.

Foto NGC 4027 H1.PNG

Izquierda: hidrógeno neutro. Derecha: visual

Este tropiezo intergaláctico propició, además de la formación de su prominente brazo, todo un enjambre de formación estelar, manifestándose en forma de múltiples regiones HII y condensaciones azuladas que se pueden apreciar hoy en día, tanto en la galaxia principal como en la más pequeña. Gracias al mapeo del hidrógeno se ha podido saber que ambas galaxias se hallan inmersas en una envoltura de materia oscura que llega a medir más de 1.5 veces la distancia entre ellas y que seguramente será la responsable de la huida en espiral de la galaxia más pequeña. Con los telescopios venideros este fenómeno podrá estudiarse de una forma mucho más profunda y exacta, de manera que podemos esperar grandes avances en este campo en los próximos años.

NGC 4027 fue descubierta por William Herschel en 1785, y no es de extrañar que no pudiera distinguir su brazo espiral o la débil compañera, NGC 4027A: de hecho, pensó que esa mancha debía ser un cúmulo globular extremadamente tenue… Tenemos que tener en cuenta que, aunque NGC 4027 posee una magnitud 11, su brillo superficial es bastante menor, algo lógico cuando sabemos a qué distancia se encuentra. La observé desde cielos relativamente oscuros, si bien esa noche había una débil y difusa neblina casi inapreciable, lo justo para disminuir el número de estrellas visibles normalmente. Aun así, dediqué un tiempo suficiente a NGC 4027 como para aprovechar los detalles que podía ofrecer. Es de esos objetos débiles que, con un poco de paciencia, nos puede ofrecer un rato bastante agradable. La observé a 214 aumentos con intención de sacarle todo el jugo posible: cuando la vista se acostumbró no resultó difícil observar una mancha informe, extremadamente débil, que forma un triángulo rectángulo con otras dos estrellas más brillantes. El tiempo jugó a mi favor, y tras un corto instante apareció ante mis ojos su núcleo central que, a decir verdad, aparecía ligeramente elongado (posteriormente pude comprobar que NGC 4027 es una galaxia barrada, de ahí la longitud de su núcleo). Una diminuta estrella se dejaba entrever durante breves segundos, y la usé como referencia para distinguir su brazo principal. Después de bastante tiempo tras el ocular, relajando la vista, respirando profundamente, usando todas mis artimañas, por fin comencé a notar el esquivo brazo, que por momentos se asemejaba enormemente al de las fotografías. Giraba bruscamente para retorcerse de manera abrupta, dirigiendo su débil resplandor hacia la pequeña estrella que servía de guía. Desde lugares más meridionales, con la galaxia bien alta en el cielo, la vista debe ser inspiradora…

NGC 4027

El séquito de Antares (NGC 6144 y ESO 452-SC11)

Pasamos a la última entrada de esta fascinante región para ver los dos globulares más débiles de esta pequeña serie. Uno de ellos, como muestra, no pertenece a ninguno de los conocidos catálogos y no fue descubierto hasta 1981… Pero comenzaremos por NGC 6144, el más brillante de los dos y un objetivo sencillo si disponemos de un horizonte sur despejado. En la siguiente imagen podemos verlo escondido tras la nebulosidad que rodea a Antares:

Foto NGC 6144.jpg

Copyright: Michael Sidonio

Se encuentra a una distancia muy similar a M80, a 33.000, por lo que ambos deben ser vecinos más allá del núcleo galáctico y seguramente disfrutarán de unas vistas recíprocas envidiables… Algo más pequeño que los anteriores, su diámetro se estima en unos 70 años luz, lo cual corresponde a un tamaño aparente de 6.2 minutos de arco. Pertenece a la categoría XI de Shapley-Sawyer, lo cual es indicativo de una baja concentración, muy cercana a los globulares más dispersos, que alcanzan la extrema categoría XII. Se han descubierto en NGC 6144 algunas fuentes de rayos X, una de las cuales corresponde con seguridad a una estrella variable cataclísmica, uno más de los interesantes objetos que pueblan el bestiario galáctico. Esta variable está formada por dos estrellas muy distintas entre sí, una gigante roja y una enana blanca, ambas orbitando entre sí. La gigante roja ha superado lo que se conoce como lóbulo de Roche, la zona de atracción de la estrella, de manera que el gas que sobresale de esta región pierde la atracción gravitatoria de su estrella y es atrapado entonces por la enana blanca, De esta manera, la pequeña y masiva estrella va devorando la materia que cae en su superficie, emitiendo grandes cantidades de energía que podemos percibir desde nuestro humilde planeta como un aumento de brillo transitorio.

Visualmente debemos prepararnos para un objeto bastante más débil que los anteriores. Su magnitud 9 puede llevar a error, pues su bajo brillo superficial puede complicar ligeramente su observación. No obstante, sin la presencia de luces que inoportunen en el horizonte sur podremos verlo sin mayores problemas. Lo observé con el NextStar 102 SLT a una hora en la que el cúmulo estaba demasiado bajo en el cielo, pese a lo cual pude disfrutar de su visión: aún recuerdo la bonita estampa que conformaba junto con Antares y M4 a bajo aumento. Con el ocular de 7 mm, a 94 aumentos, era evidente incluso con visión directa, aunque al usar visión lateral su diámetro parecía mayor. No presentaba un núcleo brillante como en el caso de M80, sino que su luz se repartía homogéneamente por toda su superficie. Ninguna estrella se adivinaba en esa nubecilla redondeada y difusa, aunque sí recuerdo haberlas visto en alguna ocasión con mi Dobson de 30 cm, por lo que volveré a observarlo y a dibujarlo en los siguientes meses. No obstante, la imagen del pequeño refractor no deja de ser placentera, con las estrellas circundantes tremendamente definidas, intentando robar algo de protagonismo a ese lejano cúmulo.

NGC 6144

Vayamos ahora con ese misterioso globular cuyo nombre pasa desapercibido y que, sin embargo, puede causar más de una sorpresa. Se trata de ESO 452-SC11, un globular que podríamos definir como “oscuro” y cuya dificultad resulta evidente por el hecho de haber sido descubierto en el año 1981. Se encuentra a unos 23000 años luz, situado a 3500 años luz sobre el disco galáctico, en una zona de transición entre el halo y el bulbo. Y aquí viene uno de los detalles importantes de este cúmulo, y es que su metalicidad, muy baja, está en consonancia con la de los globulares del halo. La metalicidad, como ya sabemos, es el contenido en elementos más pesados que el hidrógeno, helio o litio: una estrella de baja metalicidad se habría formado presumiblemente en una época más primigenia, un tiempo en el que había menos concentración de elementos pesados (que se formaron a posteriori en el núcleo de las grandes estrellas), y suelen predominar en el halo galáctico. Por tanto, el hecho de que ESO 452-SC11 tenga una baja metalicidad pero se encuentre entre el bulbo y el halo hace sospechar que se ha desplazado en los últimos miles de millones de años: bien pudiera provenir de otra galaxia que nuestra Vía Láctea devoró en su momento…

Tenía previsto observar este cúmulo cuando dispusiera de cielos extremadamente oscuros, y esa oportunidad llegó el año pasado, cuando subí a más 3000 metros de altura, muy cerca del Veleta en Sierra Nevada. El viento no acompañaba, el frío tampoco (a pesar de ser verano), pero no recuerdo haber visto un cielo tan cristalino en toda mi vida. Parecía que las estrellas estaban incrustadas en un techo oscuro y que se podrían tocar con el brazo estirado, así que cuando apunté mi Dobson de 30 cm a ESO 452-SC11 sabía que, al menos, podría distinguirlo. Sin embargo, la sorpresa llegó cuando, siguiendo un camino de estrellas desde Antares, llegué a la zona en cuestión y el cúmulo saltó a la vista con una facilidad que nunca hubiera imaginado. Aparecía como un parche nebuloso sin forma definida, con los bordes difusos pero bien apreciables con visión lateral. Entonces noté embelesado cómo algunas diminutas estrellas hacían su aparición en el halo del globular, más finas que cualquier otra estrella que hubiera contemplado alguna vez a través el telescopio. Hasta una decena de ellas pude contar sin gran esfuerzo, comprobando, una vez más, que bajo cielos oscuros podemos llevar a nuestros ojos mucho más allá de sus límites.

ESO 452-SC11

El séquito de Antares (M80)

Continuamos nuestro periplo alrededor de Antares yendo un poco más lejos, esta vez a 32.500 años luz, donde veremos al segundo cúmulo globular más brillante del escorpión, conocido como Messier 80 o NGC 6093. Esta inmensa bola de estrellas fue descubierta por Charles Messier en 1781 y descrita como el núcleo difuso de un cometa sin cola. Poco después, William Hesrchel fue el primero en resolver algunas de sus estrellas, quedando maravillado con su visión.

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Se encuentra 32.600 años luz de distancia, al otro lado del núcleo de la Vía Láctea, y su diámetro es algo menor que M4, de unos 95 años luz de un extremo a otro. M80 puede presumir de ser uno de los cúmulos globulares más densos, algo que ya apreció William Herschel en su momento. Una de las consecuencias del entorno tan denso que ocupa su núcleo es la presencia de numerosas azules rezagadas (del inglés blue stragglers), que son estrellas extrañamente azuladas que a menudo pueblan los cúmulos más poblados. ya conocemos que las estrellas de mayor edad presentan una tonalidad rojiza, de manera que no deja de extrañar que aparezcan estas peculiares estrellas. Su naturaleza parece deberse a la pérdida de la envoltura de las estrellas, probablemente debido a interacciones entre ellas, de manera que las regiones más internas quedan expuestas, regiones mucho más calientes y que, por tanto, brillan con un tono azulado característico, haciendo que sean pequeñas gemas que contrastan en una oscura duna rojiza.

Otro de los indiscutibles privilegios de este cúmulo es la aparición, 1860, de una nova en el propio grupo de estrellas, una estrella que alcanzó la séptima magnitud, brillando más que todo el conjunto de las estrellas, que presentan una magnitud de 7.8. La nova recibió nombre propio, T scorpii, y durante los siguientes meses fue apagándose paulatinamente. En esta entrada hablábamos sobre la naturaleza de estos interesantes objetos que, durante un tiempo, nos sorprenden con su inesperado brillo. Otras dos estrellas pueden ser de interés en la zona para el observador de estrellas variables, R scorpii y S scorpii, ambas oscilantes entre la magnitud 10 y la 15 en un plazo de 223 días en la primera y 117 días en la segunda. No está de más echar un vistazo cuando observemos el cúmulo y tratar de localizarlas, estimando su magnitud si están en el rango visible de nuestro telescopio.

Con unos simples prismáticos M80 parece una estrella gruesa y desenfocada, una imagen especialmente llamativa si la encuadramos en el marco perfecto que forma junto a Antares, M4 y NGC 6144: el color rojizo de la estrella es embriagador… Con el más pequeño de los telescopios ya podemos sacarle más jugo a esta gran familia de estrellas. Debo decir que con mi refractor NextStar 102 SLT disfruté como un niño chico, obteniendo una vista muy interesante a 94 aumentos. Con unos 10 minutos de arco de diámetro, M80 brillaba intensamente, con un núcleo intenso que llamaba poderosamente la atención. La corona, más débil, parecía un eco lejano en el que se adivinaban algunas estrellas dispersas. Cuando alzaba la mirada a otra parte algunas diminutas estrellas se colaban en mi retina, algunas muy cercanas al propio núcleo, apareciendo y desapareciendo como si se tratara de un juego.

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Con M80 volví a probar el Dobson de 254/1200 mm que tanto placer me había proporcionado con la Nebulosa del Cisne. Ese tubo y sus dos espejos no me defraudaron. Una miríada de estrellas se congregaron en el centro del campo de visión con tremenda fuerza, brillando al unísono sin necesidad de usar visión periférica. El núcleo no era circular, sino que adquirió una forma triangular, de bordes combados, con estrellas distribuidas por toda su superficie. La periferia se extendía algo más que con el refractor, pero lo que más llamó mi atención fue el poblado campo de estrellas que se dispersaban aquí y allá. Junto a las del propio globular, formaban una estampa digna de todo el tiempo que pudiera dedicarle. Pero el cielo estival va llegando, y con él innumerables objetos con los que seguir disfrutando…

M80.png