NGC 4861, el cometa galáctico

Hoy dirigimos nuestra mirada a otra exótica galaxia que forma parte de la constelación de Canes Venatici, los Perros de Caza. Se trata de NGC 4861, también conocida como Arp 266. La inclusión de la galaxia en este último catálogo ya nos pone en previos de que guarda algo especial. Conocemos varias galaxias en las que podemos observar nebulosas u objetos extragalácticos con relativa facilidad (M33, M101…). Pues bien, la galaxia que nos ocupa hoy no es simplemente que posea alguna nebulosa visible, sino que la propia nebulosa es más brillante que toda la galaxia… Para muestra, una fotografía:

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Descubierta por William Herschel en 1875, NGC 4861 se encuentra situada a unos 23 millones de años luz de distancia, lo suficiente para que podamos conocerla con relativo detalle. Sin embargo, su naturaleza sigue siendo un misterio, pues presenta algunas características propias de las galaxias espirales, pero su aspecto coincide con el una enana irregular. Estas últimas galaxias se caracterizan, como ya sabemos, por no tener una forma bien definida, y suelen presentar abundantes regiones de formación estelar. Pues bien, NGC 4861 presenta una región HII (hidrógeno molecular) que probablemente sea la más brillante en comparación a su galaxia huésped. Se denomina IZw 49, y es muy similar a la que posee la galaxia NGC 2366, que ya vimos en esta entrada. Al lado de esta zona, y de manera escalonada hacia el otro extremo de la galaxia, podemos ver otras regiones HII algo más pequeñas, que pierden, sin duda, todo el protagonismo. La galaxia es rica, a su vez, en H1 (hidrógeno neutro), la forma en la que se encuentran los átomos de hidrógeno sin unirse entre sí. Las máximas concentraciones de H1 no coinciden con IZw 49 (como podemos ver en este estudio), sino que hay dos núcleos principales situados en el centro y en el extremo más débil de la galaxia. Suponen grandes reservas de gas que en futuro “se encenderán” y darán lugar a la formación de miles de estrellas nuevas. Observando este tipo de gas se encontró una gran nube de H1, invisible de otra manera, que se encuentra a unos 15.000 años luz de la galaxia. Esta nube actúa como una galaxia satélite y se ha venido a llamar NGC 4861B, con una masa estimada equivalente a 4 millones de soles.

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NGC 4861 no es difícil de observar a través de instrumentos pequeños, siempre y cuando nos alejemos de las grandes ciudades. La gran región HII es lo primero que podremos detectar como una pequeña mancha redondeada de brillo similar a tres estrellas que la rodean formando un triángulo perfecto (esas tres estrellas son especialmente útiles para tomar como referencia). Con paciencia y haciendo uso de la visión lateral percibiremos una débil franja difusa que sale de la región HII hacia una de las estrellas. La sensación que uno tiene al contemplar NGC 4861 es la de estar viendo un cometa, con su núcleo bien definido y una larga y difusa cola. Pero no dejemos que nuestra mente se engañe, estamos contemplando un universo isla con varios miles de millones de estrellas en su interior, repleto de gas y de restos de supernovas. No sería de extrañar, por cierto, que con tanta proliferación estelar no tardemos en ser testigos de la aparición de una supernova, así que no desaprovechemos la oportunidad de echar un vistazo cada vez que podamos.

NGC 4861

NGC 6765, la otra planetaria de Lira

Cuando uno piensa en una nebulosa planetaria en Lira automáticamente se nos viene a la cabeza M57, y no podemos culparnos por ello. Sin embargo, hay una planetaria más de brillo considerable y, además, con una estructura mucho más interesante y exótica que su famosa compañera anillada.

También conocida como Pk 62+9.1, NGC 6765 es una nebulosa planetaria que fue descubierta por Albert Marth en 1864 con un telescopio de 48 pulgadas (este astrónomo alemán descubrió, entre otros objetos, Arp 142, NGC 6052 y NGC 6956). Rudolph Minkowski la encontró en unas imágenes a mitad del siglo XX y pensó que era un objeto nuevo, catalogándola como M 1-68 en su lista de nebulosas de emisión. Situada a unos 5.000 años luz de distancia, su forma captó mi atención desde un primer momento, rompiendo con la típica imagen de las planetarias redondeadas o bilobulares. Aparece en la mayoría de las imágenes como una franja nebulosa alargada con una pequeña región redondeada más brillante, aunque detrás de ella hay mucho más cuando se fotografía con mayores instrumentos. En este aspecto he encontrado muy útil un artículo llevado a cabo por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (abajo os dejo el enlace), en el que se analiza en profundidad este objeto, desentrañando su verdadera estructura.

Pues bien, resulta que la zona central y alargada es en realidad un anillo Foto NGC 6765 2ecuatorial de gas que envuelve a la enana blanca: su inclinación hace que la veamos casi de perfil y se expande a una velocidad de 40 km por segundo. Se aprecian dos nódulos brillantes a ambos lados del centro, correspondientes a jets bipolares que se alejan del centro en dirección perpendicular al eje de rotación, alcanzando los 23 km por segundo. Uno de ellos, el más brillante, se dirige hacia nosotros. Por último, la estrella central promueve una expansión del gas de forma esférica, mucho menos visible en las fotografías, que forman capas concéntricas que nos recuerdan a las típicas “alas” de M76 o M27.

Foto NGC 6765

La magnitud de NGC 6765 es de 12.9, no precisamente brillante, y su brillo superficial no ayuda a verla con mayor facilidad, aunque bajo un cielo oscuro no tendremos problema, inmersa en un campo estrellado no muy lejos de M56. Una vez en campo notaremos algo “extraño”, incluso a bajo aumento, y al observar con mayor concentración captaremos los fotones que adquieren una forma alargada, algo ensanchada en su parte central. Esta zona corresponde al disco que rodea la enana blanca, y sus dos extremos son más brillantes. Al lado del más destacado brilla tímida una pequeñísima estrella, ajena a lo que está ocurriendo muy cerca de ella. Tras varios minutos de adaptación, con visión periférica, una pequeña y débil mancha aparece a su lado, redondeada, fantasmal e invisible por momentos, pero tan real como todas las estrellas de alrededor. Todo parece envuelto en una bruma alargada que no es sino el halo de la planetaria, visible con mirada lateral.

NGC 6765

El resto de capas gaseosas escapan a la detección del ojo humano, pero nada nos impide hacer un esfuerzo e imaginar el conjunto. Cuando uno conoce la estructura del objeto, lo que vemos no resulta tan extraño, pero aún así no deja de ser asombroso.

NGC 6765 recreacion

*Enlace al mencionado trabajo:

Collimated_Fast_Winds_Shaping_the_Planetary_Nebulae_Sh_2-71_and_NGC_6765

Un diamante bajo el escorpión (NGC 5986)

El hemisferio sur nos presenta objetos realmente maravillosos que a los observadores septentrionales nos dejan asombrados, soñando con poder verlos en alguna ocasión con nuestros propios ojos. Sin embargo, muchos de estos objetos están al alcance desde latitudes medias, aunque tendremos que lidiar con su baja posición en el cielo. Por ello, siempre que podamos disponer de un horizonte sur despejado no debemos perder la oportunidad de intentar cazar algunas de estas esquivas joyas. En julio me encontré una noche clara con Escorpio alto en el cielo. Decidí buscar bajo sus pinzas con ayuda de un atlas, y me dejé llevar hacia un cúmulo globular que prometía ser interesante.

NGC 5986 fue descubierto por James Dunlop en 1826, aunque al principio fue confundido con una nebulosa. Se trata de un cúmulo globular que se encuentra a unos 40.000 años luz de distancia y se encuadra en los límites de la constelación Lupus (la leyenda de esta constelación nos habla del rey de Arcadia, Licaón, que fue colocado como un lobo en el cielo debido a su gran crueldad). Este cúmulo pertenece al halo interno de nuestra galaxia, orbitando en torno al núcleo de la Vía Láctea con una órbita relativamente excéntrica. Con unos 100 años luz de diámetro, podemos encontrar hasta cinco poblaciones diferentes de estrellas en cuanto a su composición, las cuales podrían señalar distintas etapas de formación. Entre sus componentes destacan varias variables de tipo RR lyrae, estrellas cuya importancia radica en que son usadas como candela estelar para estimar distancias (de manera similar a las cefeidas), y han permitido estimar una distancia más concreta de unos 36.500 años luz. NGC 5986 cuenta, además, con la presencia de dos brillantes astros de tipo espectral A-F que se encuadran dentro de las estrellas post-AGB. Es término AGB significa “Asymptotic Giant Branch” o, en castellano, Rama Asintótica Gigante, y representan una de las últimas etapas de la evolución estelar, un momento previo a la formación de una nebulosa planetaria. Hay indicios de que este tipo de estrellas podrían ser usadas también como candelas estelares, ayudando a precisar grandes distancias en nuestra galaxia.

Este cúmulo globular es de clase VII, con un núcleo poco definido, algo más concentrado que la periferia. Sin embargo, no fue esa la sensación que me dio cuando lo observé con mi Dobson de 30 cm. Para encontrarlo podemos guiarnos por la estrella eta Lupi, una estrella doble (triple en realidad) con dos componentes de magnitudes 3.41 y 7.5 separados por 14 segundos de arco. Muy cerca de allí, a apenas 2 grados y medio de distancia, podremos apreciar un esfera nebulosa de magnitud 7.6, ya intuidle con prismáticos a pesar de su baja posición en el cielo. Su tamaño aparente es de unos 10 minutos de arco, aunque las estrellas más periféricas no serán visibles con nuestros instrumentos. Lo primero que destaca al observarlo con el telescopio es su núcleo: cuando lo vi me pareció notar un incesante burbujeo en su interior. Tiene forma redondeada, aunque con visión periférica noté dos prolongaciones que protuían en direcciones opuestas, ambas repletas a su vez de ese contenido granujiento. A su alrededor, y bien diferenciado del núcleo, el halo se extendía más allá, rodeando a una brillante estrella que se encuentra a apenas 2 minutos de la región más central (¿será una de las estrellas post-AGB que hemos mencionado con anterioridad?). Mientras mi visión se adaptada sólo aprecia una esfera neblinosa, pero en cuestión de segundos esa nubecilla se convirtió en un sinfín de estrellas que, apretujadas, luchaban por ganar algo de efímera gloria. Eran extremadamente pequeñas y débiles, pero ocupaban cada rincón del globular, haciendo que su visión resultará verdaderamente especial. Sin duda, desde lugares más meridionales será posible disfrutarlo aún más; mientras, nos conformaremos con espiarlo por encima del horizonte.

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Cuádruple espiral (NGC 5248)

La constelación del Boyero no es precisamente una de las más llamativas en cuanto a objetos de cielo profundo. No obstante, si tenemos la oportunidad de observar bajo cielos oscuros podemos hacer algunos viajes interesantes. Hoy vamos a hablar de una galaxia que se encuentra al este de Arturo, a medio camino en dirección a Spica, la principal estrella de Virgo.

NGC 5248 es una galaxia espiral barrada que fue descubierta por William Herschel en 1784. Su distancia es incierta, pero diversos estudios coinciden en situarla entre 50 y 60 millones de años luz. Aunque nos pueda parecer muy alejada del Cúmulo de Virgo, podemos decir que es uno de sus componentes. Concretamente pertenece a una cadena de agrupaciones galácticas que reciben el nombre, en su conjunto, de Virgo III, y se disponen a la izquierda del Cúmulo de Virgo formando un filamento de unos 40 millones de años luz de longitud. Este filamento comprende a su vez varios subgrupos, siendo NGC 5248 el principal componente del grupo que lleva su nombre. Las otras galaxias que se encuentran formando parte del mismo son UGC 8575 y UGC 8614, cuya magnitud, aunque débil, las pone al alcance de telescopios de apertura media.

Esta galaxia posee un tamaño comparable al de la Vía Láctea. Dos grandes brazos se arremolinan alrededor de su núcleo y, a medio camino, se difuminan conforme se alejan a la periferia. Sin embargo, NGC 5248 guarda un curiosa sorpresa, y es que presenta otros dos brazos muy cerca del núcleo, cuya longitud llega apenas a los 1.000 años luz del centro. El final de estos pequeños brazos internos se continúa con una región de intensa proliferación de estrellas, un brote estelar con forma de anillo. En esta zona se sitúan varios supercúmulos estelares, unas enormes y masivas estructuras repletas de jóvenes estrellas y que ya vimos al observar la galaxia NGC 1569.

Cuando observemos NGC 5248 al telescopio tenemos que tener en cuenta que presenta un brillo superficial bastante pobre, así que debemos elegir un cielo oscuro y un momento en el que se encuentre cercana al cénit. Inicialmente apreciaremos una mancha difusa y ovalada, de unos 6 minutos de arco de longitud y algo más de 4 de anchura, con un núcleo brillante que destaca sobre el resto. Con un poco de paciencia podremos ir exprimiendo los detalles de esta compañera celeste, apreciando con visión periférica la presencia de sus brazos principales, que se alejan del núcleo en sentidos opuestos. 

NGC 5248

Parejas en Sagitario (M21 y M20)

Hoy vamos a ver una interesante pareja de objetos. Hay quien podría pensar que M21, por el hecho de ser un cúmulo abierto del catálogo Messier, carece de un interés especial, pero la cosa cambia cuando observamos el panorama a bajo aumento, pues entonces comparte campo con una maravilla celeste, la Nebulosa Trífida, mostrando una estampa digna de dejarnos tras el ocular durante largo rato.

Messier 21, también conocido como NGC 6531, es un cúmulo abierto que fue descubierto por Charles Messier en 1764, a la par que otros muchos objetos que pueblan esta zona del centro galáctico. Se encuentra a unos 4.250 años luz de distancia, formando parte de la asociación Sagitarius OB1. Esta asociación es una familia de estrellas y gas entre cuyos componentes se encuentra la Nebulosa de la Laguna (M8) y Mu Sagittarii, una supergigante blanca con un radio 115 veces mayor que el de nuestro Sol. Las estrellas de M21 son bastante jóvenes, habiéndose estimado que ninguna de ellas llega a alcanzar los 5 millones de años.

La magnitud de este cúmulo es de 6.5 y, por tanto, sería observable a simple vista bajo condiciones idóneas. Los prismáticos más pequeños ya lo muestran sin problema como una pequeña mancha blanquecina, muy cerca de M8 y M20. Un telescopio nos mostrará los 57 componentes que, se cree, pertenecen al cúmulo. Se encuentran dispersos por un área de 17 minutos de diámetro, encontrándose más concentrados en torno a la región central. No hay rastro de nebulosidad, que ya se ha dispersado tras la formación de las estrellas, pero tampoco se aprecian astros rojizos, ya que no han tenido tiempo de formarse aún. Como comentábamos al principio, a aumentos medios no deja de ser un cúmulo abierto relativamente normal, agradable de ver pero sin nada que lo destaque de otros muchos. Sin embargo, si observamos desde un cielo oscuro y usamos oculares de gran campo podremos deleitarnos con la presencia concomitante de M20, que muestra a la perfección sus oscuros filamentos. M20 se encuentra algo más lejos, a unos 5.500 años luz de distancia, y es la oportunidad ideal para contemplar dos grupos de estrellas en distintas etapas de su evolución. Las estrellas de M20 todavía se encuentran envueltas en una densa nube de hidrógeno, mientras que las de M21, despojadas de todo rastro de gas, se irán dispersando poco a poco y perdiendo su atracción gravitatoria.

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El cometa 21P/Giacobini-Zinner

Este verano, el protagonista comentario ha sido sin duda el 21P/Giacobini-Zinner, un cometa que tuvo su máxima aproximación el día 8 de septiembre. Previamente no tuve la oportunidad de verlo en condiciones, así que el ewiojgoiesjgñ de este mes me obligué a subir a la terraza, aún a sabiendas de que su brillo se vería mermado por la presencia cercana de las luces de Granada: hay que adaptarse a las circunstancias, y pensé que siempre es mejor ver algo que no ver nada.

El 21P es un cometa periódico que cada 6.52 años hace una fugaz visita al Sol, acercándose a él a distancias en torno 1 UA (unidad astronómica). Este año, además, su perihelio coincidía con un considerable acercamiento a nuestro planeta, de manera que se encontraba a tan sólo 0.4 UA de la Tierra. Las Dracónidas, la lluvia de meteoros que tiene lugar a principios de octubre, con su tasa de mayor actividad entre el 8 y 10 del mes (esta lluvia también se conoce como las Giacobínidas). El cometa fue descubierto por Michel Giacobini en 1900, y posteriormente redescubierto en 1913 por el alemán Ernst Zinner.

Encontrar el cometa fue sencillo a su paso por la constelación de Auriga, aunque ahora se encuentra cada vez más bajo, en la constelación del Unicornio. Ya era patente con prismáticos como una pequeña esfera nebulosa, como un lejano globular. Al telescopio el diámetro de su coma ocupaba casi 5 minutos de arco, con el núcleo brillando con intensidad, casi puntual. Con visión periférica se dejaba ver sin gran dificultad una cola algo mayor de 10 minutos de arco, aunque desde un cielo oscuro podría haberla visto mucho más larga (algunos observadores visuales han reportado distinguir una longitud de hasta medio grado, duplicándose en algunas fotografías).

21P

Dos lejanos ojos (IC 5217)

Estas semanas de nubes y tormentas hacen que intentemos por todos los medios aprovechar cualquier atisbo de cielo despejado que pueda haber al anochecer. Eso, sumado a que hace unas semanas adquirí mi nuevo telescopio, un C11, me hizo subir a mi terraza la otra noche para estrenarlo de una vez. Después de observar algunos objetos conocidos, decidí buscar algo más exótico, y encontré una nebulosa planetaria en la constelación del Lagarto: IC 5217. 

Las escasas fotografías que había de ella captaron mi atención y acrecentaron mi interés, más aún cuando encontré un artículo sobre este objeto realizado por el IAA con un telescopio del observatorio de Sierra Nevada, en Granada (al final del artículo adjunto un enlace a dicho artículo). IC 5217 es una nebulosa planetaria que fue descubierta por Wilhemina Fleming en 1904. Se sitúa a unos 9.600 años luz de distancia, lo cual nos pondrá en alerta sobre su pequeño tamaño, pues tiene un diámetro de entre 6 y 15 segundos de arco, según la fuente que busquemos. Resultado de imagen de ic 5217La disparidad de tamaños se debe principalmente a la longitud de onda elegida para la observación, o a que se incluyan en el tamaño algunos elementos de la planetaria que no se ven con todos los instrumentos. IC 5217 tiene un pequeño anillo ecuatorial que, desde nuestro punto de vista, vemos de perfil, girando alrededor de la enana blanca central. El anillo de gas, en su región más interna, se aleja de su estrella a 10 km por segundo, triplicando esa velocidad en sus zonas más distantes. Este anillo, como en otras planetarias, ha propiciado la aparición de una estructura bipolar, de manera que la nebulosa presenta dos jets que parten en direcciones opuestas (algo que nos recuerda a la estructura de algunas nebulosas protoplanetarias). La estrella central, de magnitud 15.5, presenta una elevada temperatura superficial, de hasta 95.000 kelvin.

Como hemos dicho, IC 5217 es bastante pequeña, pero presenta un alto brillo superficial que la hace distinguible incluso con pequeños telescopios, con una magnitud que ronda la 11.5. A bajo aumento se aprecia como una estrella más, aunque a partir de los 150 aumentos se puede intuir una forma alargada. Aunque las condiciones de esa noche no eran las idóneas decidí exprimir la capacidad del C11 y dedicarle largo tiempo a extraer detalles, así que le puse un Cronus de 7 mm, obteniendo 400 aumentos, y me senté tras el ocular con paciencia. En un primer momento la imagen era demasiado oscura como para distinguir algo más que una pequeña y etérea nube, pero esperé para que la vista se adaptara a la oscuridad. Allí estaba la nebulosa, claramente definida como un óvalo de luz difusa, fácilmente visible con visión lateral. No había ni rastro de la estrella central, aunque con una magnitud de 15.5 no contaba con verla. Llevaba quince minutos forzando la vista cuando algo llamó mi atención: en un primer momento me pareció ver una especie de barra luminosa que destacaba en el eje principal de la planetaria. Desapareció rápidamente, pero durante los siguientes minutos pude verlo nuevamente en varias ocasiones. Finalmente mis ojos fueron afinando el detalle para distinguir, en vez de una barra central, dos diminutos puntos en el límite de la visibilidad. Se encontraban a ambos lados de la parte central, y viendo las escasas fotografías que hay de este objeto sólo podían ser sus brillantes jets, que superan en brillo a la estrella central. Emocionado por el descubrimiento, despegué hacia el siguiente objeto.

IC 5217.jpg

 

*Enlace al estudio mencionado:

https://www.aanda.org/articles/aa/pdf/2006/35/aa5542-06.pdf