Un cofre en Ofiuco (NGC 6633)

Ofiuco empieza a despuntar cada vez más temprano en estas noches primaverales, aunque aun así hay que trasnochar para poder disfrutarlo. La noche que vi MAXI J1820++0707 aproveché para busca algún cúmulo brillante que pudiera disfrutar sin problemas bajo cielos suburbanos y que no hubiera visto antes, y mi interés fue a parar a un llamativo cúmulo que se encuentra en Ofiuco:

NGC 6633 es una agrupación de estrellas que fue descubierta por Philippe Loys de Chéseaux en 1745, aunque, con una magnitud conjunta de 4.6, es visible a simple vista desde cielos oscuros: seguramente algunos ojos se fijaron en ella en el pasado. Caroline Herschel, 40 años después de Philippe, lo encontró de manera independiente y lo añadió a su catálogo, como también lo hizo su hermano William posteriormente. NGC 6633 es una familia de estrellas que cuenta con una treintena de componentes cuya distancia se ha estimado en unos 1.200 años luz, convirtiéndose en uno de los cúmulos abiertos más cercanos a nosotros. Sus estrellas tienen una edad de unos 600 millones de años, y su estrella más brillante es una gigante roja de magnitud 7.6.

Tiene un tamaño de 26 minutos de arco, comparable al de la luna llena, por lo que disfrutaremos más si lo observamos con pocos aumentos: de hecho, los prismáticos son ideales para contemplarlo. Con mi Dobson de 30 cm a bajo aumento me maravilló ver esa familia de estrellas tan brillantes que se disponían de forma alargada. Diez de ellas destacaban especialmente, y me sorprendió comprobar que apreciaba en ellas cierta tonalidad azulada. Sus estrellas son relativamente añosas, así que pudiera ser que el color azulado fuera fruto de las luces de la ciudad o de las nubes altas que impregnaban disimuladamente la atmósfera. Otra veintena de estrellas, más tímidas, brillaban entre medias ocupando la mitad del campo del ocular. NGC 6633 fue, sin duda, una sorpresa que ese puede disfrutar perfectamente desde cielos relativamente contaminados.

NGC 6633

Polvo de nieve (NGC 188)

Seguimos recorriendo el polo norte celeste, esta vez de la mano de uno de los cúmulos abiertos más antiguos conocidos: NGC 188.

También conocido como Caldwell 1, es una agrupación de 120 estrellas que se encuentra  5.700 años luz de nosotros. Está situado por encima del disco galáctico, uno de los principales motivos por los que no se ha disgregado con el paso del tiempo, algo habitual en la mayoría de cúmulos.  En el lugar donde se encuentra, NGC 188 está a salvo de los vientos estelares y supernovas que predominan en el disco de nuestra galaxia. Su edad ha sido motivo de debate desde que, en 1962, se estimara entre 14 y 16 mil millones de años, la edad atribuida al propio universo. Poco a poco, dicha estimación fue reduciéndose hasta que, en un estudio de 2009, se limitara a poco más de 6.000 millones de años, edad que sigue siendo especialmente alta para un cúmulo abierto. Entre sus estrellas se han encontrado hasta 21 rezagadas azules (blue stragglers en inglés), estrellas de gran brillo cuyo origen parece deberse a la interacción entre dos estrellas. El mecanismo por el que una estrella normal se vuelve, de repente, más brillante y azulada, parece ser la transferencia de materia de una estrella a otra, por lo que no resulta extraño que muchos de estos cuerpos formen parte de sistemas binarios.

La magnitud de este objeto es de 8.1, pero no debemos confiarnos: se ve muy afectado por la contaminación lumínica al tener un brillo superficial relativamente bajo. Tiene un tamaño de 14 minutos de arco, por lo que, si las condiciones son buenas, podrá incluso intuirse con un par de pequeños prismáticos. Con mi Dobson de 305 mm comencé a observarlo a bajo aumento, apareciendo en el ocular unas cuarenta estrellas débiles, de magnitud superior a 12, que se disponían en un área de unos 10 minutos de arco. Una especie de neblina, en el fondo, indicaba la presencia de más pequeñas estrellas escondidas en la lejanía, algo que pude comprobar cuando usé mayores aumentos y varias decenas de astros se añadieron a los anteriores.

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Sumergidas en el mar ardiente (NGC 2276 y NGC 2300)

Hoy vamos a viajar muy lejos con rumbo al norte, tan al norte que sólo nos desplazaremos 4 grados desde la estrella polar, en la constelación de Cefeo. Allí reside una peculiar pareja de galaxias que podemos disfrutar sin dificultad desde cielos oscuros. Se trata de NGC 2276 y NGC 2300, las principales componentes de una familia de cinco galaxias que se conoce como el Grupo de NGC 2300, situado a una distancia que oscila entre los 100 y los 150 millones de años luz. NGC 2300, una galaxia elíptica, es la más brillante de las dos, y por ello fue la primera en ser descubierta por Alphonse Borrelly en 1871. Cinco años después el astrónomo Friedrich August Theodor Winnecke vería por primera vez a su exótica compañera NGC 2276. Hoy en día la astrofotografía nos permite maravillarnos con imágenes como ésta:

NGC 2276 es, sin duda, la galaxia más especial del grupo. Es una espiral cuya asimetría le ha valido para entrar en el catálogo Arp de Galaxias Peculiares con la denominación de Arp 25. Además, es uno de los pocos objetos que puede presumir de aparecer en dos entradas de este catálogo: Arp 114 hace referencia a la pareja que forma junto con NGC 2300, en el apartado de galaxias elípticas en interacción con galaxias espirales. NGC  2276 presenta un prominente brazo plagado de regiones HII y brillantes condensaciones, además de otros más pequeños y discretos que se arremolinan en una espiral blanco-azulada. Su cercanía a NGC 2300, que se encuentra a tan sólo 250.000 años luz de ella, podría parecer la clara causante de tal asimetría y de su elevada proliferación estelar, pero parece ser que no es el caso. NGC 2276 está sufriendo un proceso que se conoce como “Ram-pressure stripping”, que en inglés viene a significar “pelar o desnudar”. Lo que ocurre con esta galaxia es que se está desplazando a gran velocidad a través del medio intergaláctico, que es especialmente denso y caliente. De esta manera, NGC 2276 está viéndose influenciada por una especie de viento intergaláctico que alcanza millones de grados centígrados, como un fragmento de asteroide que se “enciende” al penetrar en nuestra atmósfera. La región de NGC 2276 que avanza contra este medio intergaláctico, la proa de la galaxia, sufre entonces un intenso brote estelar. En la siguiente imagen podemos apreciar la gran burbuja de rayos X que se encuentra entre las dos galaxias protagonistas, que alcanza un diámetro de más de un millón de años luz:

X-ray image of the NGC 2300 group of galaxies

Podemos añadir aún más detalles en esta galaxia. En uno de los brazos de NGC 2276 se ha encontrado un peculiar objeto que brilla con intensidad en ondas de radio. Todo parece apuntar a que se trata de un agujero negro de masa intermedia, con una masa equivalente a 50.000 soles. Al igual que otros agujeros negros, NGC 2276-3C, como se ha catalogado este objeto, emite dos intensos jets de radiación, teniendo uno de ellos la considerable longitud de 2.000 años  luz.

A la hora de observarlas la galaxia que más llamará nuestra atención es, paradójicamente, NGC 2300, sobre todo por ser la más brillante. Tiene una magnitud 12.1 y presenta un núcleo muy concentrado y de apariencia estelar. El halo se extiende formando un óvalo ligeramente excéntrico, perdiéndose sus bordes difusos con el cielo. NGC 2276, acompañada de dos brillantes estrellas, cuenta con una magnitud de 11.8, y sin embargo es más difícil de ver: un mayor tamaño y un menor brillo superficial contribuyen a ello. No conseguí distinguir sus brazos ni su estructura asimétrica, tan sólo una débil nebulosidad con visión periférica, una fantasmagórica reminiscencia de lo que es en realidad. Sin embargo, no deja de ser fascinante observar esas nubes tan lejanas e imaginarlas nadando en un mar de rayos X, camino a un futuro encuentro que terminará por unirlas en una misma galaxia. Cuando observemos a NGC 2276 no olvidemos prestar atención por si distinguimos alguna débil estrella en su superficie: es una de las galaxias en la que más supernovas se han descubierto, contando con unas seis de ellas en los últimos 70 años. La última, en 2016, tan sólo llegó a alcanzar la decimosexta magnitud.

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Vuelta a M46

Hace unos meses, la noche en la que estuve jugando con el pequeño Celestron Astro Fi 5, decidí apuntar con él a M46, un objeto que me ha fascinado desde siempre, con esa miríada de estrellas y la presencia de la cautivante nebulosa planetaria NGC 2438. Es un cúmulo grande, de casi 30 minutos de arco de diámetro, por lo que decidí usar el Panoptic de 24mm. Como comentábamos en esta entrada, el cúmulo tiene unas 500 estrellas con una edad de unos 300 millones de años, por lo que no sería de extrañar que alguna planetaria se dejara ver… Sin embargo, NGC 2438 no pertenece al cúmulo: se encuentra a unos 3.000 años luz de distancia, mientras que la familia de estrellas se encuentra 2.000 años luz más allá. Con el pequeño telescopio la planetaria se ve con facilidad como una nube pequeña y redondeada, apreciable con visión directa, que contrasta enormemente con el resto de estrellas puntuales.

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Sin embargo, hoy quiero añadir algo más de este objeto, y es que cuenta con una nebulosa protoplanetaria que realmente pertenece al cúmulo… ¿Protoqué…? Si quieres leer más en profundidad sobre estos objetos puedes entrar en este artículo, aunque, básicamente, las nebulosas protoplanetarias suponen la fase previa a la nebulosa planetaria. Próxima a su muerte, la estrella se desprende de sus capas externas y da lugar, tras convertirse en una gigante roja, a estructuras como las que podemos apreciar en las protoplanetarias. A menudo son bipolares, con dos chorros de gas saliendo disparados a gran velocidad. En el caso de la protoplanetaria que habita en M46, denominada popularmente como la Nebulosa de la Calabaza (su nombre menos poético es OH 231.84 +4.22) o la Nebulosa de los Huevos Podridos (por su alto contenido en azufre), el gas que se aleja de la estrella alcanza el millón de kilómetros por hora. En la siguiente fotografía podemos ver el gas expulsado, de color amarillo, interaccionando con el medio interestelar, que brilla con un fuerte color azulado. Dentro de unos pocos miles de años la estrella central ionizará el gas y entonces pasará a ser considerada una nebulosa planetaria, brillando a la par que NGC 2438 si se da prisa.

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Lo único malo es que la Nebulosa de la Calabaza se encuentra fuera del alcance visual de la mayoría de los telescopios, aunque hay quien afirma haberla intuido con un telescopio de 13 pulgadas bajo cielos perfectos. Sea como sea, necesitaremos apertura, buen cielo y una sobrada dosis de paciencia para encontrarla entre tanta estrella. Os dejo esta imagen obtenida en el Mount Lemmon Sky Center para que la encontréis y os sirva de referencias si alguna vez os animáis… ¿algún voluntario?

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La “Calabaza” brilla débilmente a la derecha y abajo de la brillante planetaria.

Parte de un todo (VdB 16)

Volvemos a estudiar una gran estructura del cielo en base a una pequeña parte de su extensión. Ya hemos leído sobre la Nube de Perseo, una de las nubes moleculares más cercanas a nosotros. Las nubes moleculares son grandes masas compuestas es su mayor parte por hidrógeno y algo de polvo, ocupando extensos volúmenes en el disco de nuestra galaxia. En ocasiones sufren un proceso de fragmentación en el que se diferencian zonas de mayor densidad que el resto, y esas zonas, denominadas núcleos densos, irán atrayendo el gas circundante hasta formar estrellas. Cuando las primeras estrellas se forman en estos núcleos densos conforman una asociación OB, denominada así porque las estrellas de tipo espectral O y B son las que dominan esa región de la nube molecular, iluminando su entorno como grandes candelas celestes.

Volvamos a la Nube de Perseo. Se encuentra en el brazo de Orión, a unos 1.000 años luz de distancia, y ocupa un área extensa del cielo, desde la Nebulosa California a las nebulosas NGC 1333 e IC 348, lindando por el oeste con VdB 16 y VdBb 13, ya en la constelación de Aries. En toda la extensión de la nube se encuentran dos principales poblaciones de estrellas, siendo la más añosa la que se organiza en la asociación Perseo OB2, en torno a IC 348, cuyas estrellas se formaron hace unos 5 millones de años. La otra población es mucho más joven, tanto que sus estrellas están naciendo en este mismo momento, como se puede comprobar en las inmediaciones de NGC 1333.

El hidrógeno molecular que forma las nubes moleculares es invisible a nuestros ojos, por lo que sólo podemos observarlo si alguna fuente externa ilumina el gas y el polvo, algo que ocurre con las nebulosas de reflexión. Hoy vamos a espiar una de las porciones de la Nube de Perseo que es iluminada por una estrella de tipo espectral F, conocida como HIP 16170. El gas a su alrededor nos envía el reflejo fantasmagórico de la estrella, constituyendo una nebulosa de reflexión que conocemos como VdB 16, una denominación que pertenece al catálogo de nebulosas de reflexión que elaboró Sidney Van den Bergh.

VdB 16 se encuentra en el borde una nebulosa oscura, LDN 1455, cuya única diferencia con la nebulosa de reflexión es la estrella que ilumina a ésta última. Con unos 4 minutos de arco de diámetro, observar VdB 16 no es especialmente difícil desde cielos oscuros. Es débil, eso sí, y no su visión no se verá facilitada por el uso de ningún filtro, pero con un poco de esfuerzo mostrará sus principales trazos. La mayor dificultad para observarla radica en diferenciar el halo de HIP 16170, que ronda la magnitud 9.15, con la propia nebulosa, aunque con paciencia seremos capaces de distinguirlo sin problema. La nebulosidad se dispone flanqueando a la estrella, siendo por un lado difusa y, por el otro, más brillante y con un borde curvado que se aprecia con visión lateral. Parece una simple nube débil y difusa, pero no perdamos de vista que estamos observando la punta de un inmenso iceberg cósmico.

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Algodón en Casiopea (NGC 278)

Si por algo es famosa Casiopea es por sus cúmulos abiertos, así que siempre es de agradecer la presencia de una galaxia brillante como NGC 278:

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Cuando la apunté en la lista no pensé que sería tan interesante de observar. NGC 278 es una galaxia de tipo SAB, a pesar de lo cual la mayoría de los autores coinciden en que no presenta ninguna barra interna. Es una espiral que vemos completamente de frente, descubierta por William Herschel en 1786. Sin embargo, cuenta entre sus méritos con uno más destacado, y es que fue una de las espirales de Lord Rosse: en una época en la que no se conocía la existencia de galaxias, Lord Rosse, armado con su Leviatán de 72 pulgadas de diámetro, describió la presencia de algunas nebulosas con una estructura en espiral. M51 o M101 son algunas de las más conocidas, pero también registró otras más débiles como es el caso de NGC 278. Su distancia se estima en unos 38 millones de años y su tamaño es pequeño, alcanzando apenas un diámetro de 23.000 años luz. Otra de las peculiaridades de esta galaxia es que presenta una importante tasa de proliferación estelar que se dispone formando un anillo de unos 5.000 años luz de diámetro. Esta estructura suele verse en espirales barradas, por lo que su presencia en NGC 278 es algo difícil de explicar. La proliferación estelar se disparó hace pocos millones de años, probablemente debido a la fusión con una pequeña galaxia rica en gas. Esa fue probablemente una de las últimas “comidas” de la galaxia, pues se encuentra en una región del espacio especialmente vacía, siendo su vecina más cercana UGC 672, distando de ella unos 2 millones de años luz.

NGC 278 es una galaxia brillante, con una magnitud de 11.5, visible por tanto con la mayoría de telescopios. Se encuentra lindando con Andrómeda, al lado de las conocidas NGC 147 y NGC 185. El aspecto de NGC 278, nada más asomarnos al ocular, es el de una esfera de unos 2 minutos de arco y núcleo brillante de aspecto casi estelar. Cuando la observé por primera vez me pareció estar contemplando un lejano cúmulo globular, porque ante mi sorpresa su superficie no  parecía perfectamente homogénea. Escribí al lado del dibujo “a veces se ven pequeñas condensaciones que parecen estrellas borrosas”, y efectivamente es algo que muchos observadores destacan de esta galaxia. Una de estas condensaciones ocupaba el borde septentrional de la galaxia, mientras que otra de las más destacadas se situaba hacia el noroeste, ambas correspondiendo a brillantes regiones HII que en fotografías se aprecian sin ningún problema (especialmente la primera de ellas). No pude observar su estructura espiral, así que habrá que hacerle una nueva visita cuando las condiciones sean mejores.

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A la luz de una lejana vela (IC 1470)

En la entrada anterior vimos algunas regiones HII que formaban parte de una gran nube molecular: hoy vamos a ver otra región HII que se encuentra más lejos aún y ocupa el borde de su nube molecular. Vamos a hablar de IC 1470, una pequeña masa de gas que se encuentra en Cefeo, asociada probablemente al cúmulo NGC 7510, que se sitúa muy cerca, a apenas 45 minutos de arco.

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La distancia a IC 1470 se ha estimado en casi 16.000 años luz, inmersa en el brazo de Perseo, a una distancia mayor de la que estamos acostumbrados a observar, de ahí el pequeño tamaño aparente de esta masa de gas. Mide apenas 2 minutos de arco de diámetro, por lo que debemos equiparnos de un buen mapa y una pequeña dosis de paciencia para encontrarla. Algunos estudios coinciden en que su composición es muy similar a la conocida M8, la Nebulosa de la Laguna, aunque se encuentren en lugares opuestos. Sin embargo, mientras que la Laguna tiene un diámetro de unos 70 años luz, IC 1470 mide unos 16 años luz de lado a lado. Otras cuatro regiones HII, demasiado débiles para ser vistas con el telescopio, se encuentran dispersas por la zona, todas formando parte de la misma nube molecular, en una región de formación estelar que se conoce como Avedisova 1336 o 110.12+0.04. Una estrella de tipo espectral O7 es la encargada de ionizar el hidrógeno de IC 1470 y la responsable de que podamos verla a través de nuestros telescopios.

Si tenemos problemas para observarla, ya sea porque las condiciones no son lo suficientemente oscuras o porque la apertura sea pequeña, podemos recurrir a un filtro UHC, que aumentará el contraste de la nebulosa con el fondo del cielo. Debido a su pequeño tamaño podemos usar elevados aumentos sin que pierda definición, apreciándola como una nubecilla difusa con el centro más intenso. Sus bordes adquieren una forma triangular, visible especialmente con visión lateral. Mientras observaba esta nube de gas intenté tomar conciencia de las distancias: alguien estaría contemplando en ese momento la misma nebulosa desde un lejano planeta, pudiendo observarla a simple vista y ocupando una gran porción de su firmamento; sin embargo, desde nuestro humilde planeta no es más que una diminuta sombra en la negrura  del cielo. Todo es relativo.

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