Hasta pronto, 46P/Wirtanen

Ayer fue una de las últimas noches en las que pudimos despedirnos en condiciones del cometa “de la navidad de 2018”, el 46P/Wirtanen, y no quería dejar pasar la oportunidad de obtener un recuerdo, aunque fuera dibujándolo desde la terraza de mi casa, bajo los cielos suburbanos de Huétor Vega, en Granada. Como ya sabréis, el cometa realizó su perihelio (paso más cercano al Sol) hace 4 días, siendo hoy, 16 de diciembre, el momento de su órbita en el que más cerca está de nuestro planeta, a una distancia 30 veces mayor que la que separa a la Luna de la Tierra, o 11.5 millones de kilómetros si queremos ser más precisos. Este acercamiento tiene lugar cada 5 años y medio, aunque sólo una de cada dos visitas es propicia para la observación, ya que en las restantes el Sol imposibilita su observación en el perihelio (en 2013 no pudo observarse hasta meses después del perihelio, y lo mismo ocurrirá en el acercamiento de 2024).

Este cuerpo formado por hielo y polvo llega a distanciarse del Sol hasta la órbita de Júpiter, y es la acción gravitatoria del gigante gaseoso la responsable de que haya sufrido cambios bruscos en su órbita y en su período durante el último siglo. Con un diámetro de 1.2 km, el cometa Wirtanen fue elegido como objetivo de la sonda Rosetta en 2004; sin embargo, un retraso en el lanzamiento de la nave obligó a cambiar el destino hacia el cometa 67P/Churyumov–Gerasimenko. Hoy en día hay una propuesta de la NASA para lanzar una sonda hacia el 46P/Wirtanen que fue denegada ya en 2012, siendo pospuesta para el 2022, así que este gélido cuerpo todavía podría dar mucho que hablar en los próximos años.

Si algo podemos criticarle a este cometa es el hecho de que no haya desplegado una flamante cola, que habría elevado aún más su categoría. No obstante, su elevado brillo nos ha permitido disfrutar durante muchas noches en los últimos dos meses, cumpliendo las expectativas previstas y siendo visible desde hace al menos dos semanas. La luna nos molestará a partir de estos días, así que cruzaremos los dedos para que siga brillando con intensidad posteriormente, a medida que sigue su camino hacia la Osa Mayor. Anoche se encontraba en un marco inmejorable, en el mismo campo que las Pléyades y no muy lejos de las Híades. Hoy apenas ha cambiado, pero las nubes enturbiarán su observación para la mayor parte de los observadores de la Península Ibérica. El tamaño de su coma alcanza más de un grado de diámetro y su brillo ronda la cuarta magnitud, pero no nos dejemos engañar. Es un brillo difuso que se ve muy afectado por cualquier fuente de contaminación lumínica. Si tenemos la suerte de observarlo desde el campo no tendremos problema en apreciarlo a simple vista. En mi caso, desde un cielo suburbano, fui totalmente incapaz, aunque con los pequeños prismáticos de 8×36 mm pude verlo sin mayores problemas. Aparecía como una esfera difusa que quisiera imitar a los grandes cúmulos globulares, con cierto gradiente desde el centro a los bordes y un núcleo puntiforme que a los prismáticos no mostraba mayor detalle. No obstante, con telescopio es posible notar irregularidades en lo más profundo del núcleo, usando aumentos suficientes y observando desde cielos oscuros. Esperemos que durante las siguientes semanas siga regalándonos interesantes vistas…

Cometa 46P.Wirtanen

Los misterios de Sh2-174

Nos encantan los objetos que crean polémica, y Sh2-174 es uno de ellos. Descubierto en los años 60, fue incluido en el catálogo Sharpless, que incluye objetos con una importante emisión en hidrógeno alfa y, generalmente un tamaño considerablemente amplio. La inmensa mayoría de estos objetos corresponden a regiones HII, lugares de formación de estrellas, aunque encontramos algunas excepciones.

Ya vimos una de estas excepciones en Sh2-188, y hoy vamos a pincelar algunas palabras sobre Sh2-174, una de las nebulosas planetarias más cercanas (probablemente la tercera) al Sistema Solar, situada a una distancia de apenas 980 años luz. Se encuentra en Cefeo, a tan sólo 9 grados de la estrella Polar, por lo cual es un objeto circumpolar que, desde el hemisferio norte, nunca se oculta bajo el horizonte. Esta “masa gaseosa” fue incluida en el catálogo Sharpless, dando por sentado que su emisión en hidrógeno ionizado se debía a que era una región HII. Sin embargo, posteriormente se comprobó que también presentaba una intensa emisión en OIII y, en los años 90, fue catalogada como una nebulosa planetaria (también conocida como Pk 120+18.1 o como LBN 598). ¿Por qué, entonces presenta una forma tan asimétrica y caótica? Principalmente porque es una nebulosa planetaria especialmente antigua, con una edad estimada en unos 50.000 años, superando con creces la edad típica de las planetarias añosas que apenas alcanzan los 10.000 años. 

Según un estudio publicado en 2014 (que podéis leer haciendo clic aquí), Sh-2 174 está atravesando una nube de hidrógeno de más de un grado aparente de longitud, que es la responsable de “despeinar” a la nebulosa planetaria a medida que avanza a través de ella. El primer contacto tuvo lugar hace 27.000 años, y desde entonces Sh2-174 sigue creciendo rodeada por el hidrógeno neutro de la nube (parte de este hidrógeno se encuentra ionizado, dando lugar a la coloración rojiza que apreciamos en las fotografías). 

Resultado de imagen de sh2-174

Por tanto, tenemos una nebulosa planetaria cuya estrella central se encuentra ocupando, prácticamente uno de sus bordes, desplazada al menos 4 años luz de su lugar original. La zona emisora de OIII sí rodea, sin embargo, la estrella central de una manera más simétrica. En la siguiente fotografía podemos detectar esa estrella, que es el astro azulado que ocupa el centro de óvalo del mismo color, justo a la izquierda de una estrella más brillante. Se ha denominado a esta estrella con el nombre de GD 561, una pequeña enana blanca que, según algunos estudios, pudiera formar parte de un sistema binario con otra débil compañera.

Si queremos observar esta nebulosa tenemos que tener en cuenta que su brillo superficial es bajo. Si nos acordamos de otras planetarias como Sh2-188 o Abell 31 podremos hacernos una idea de lo que vamos a observar. Es grande, con unos 8 minutos de arco de diámetro, y se encuentra en un campo relativamente poblado de otras estrellas. Es mejor usar bajos aumentos y un filtro OIII para aumentar el contraste. En mi caso la observé sin dificultad a 65 aumentos, incluso sin filtro, si bien el uso de éste mejoraba su visibilidad ostensiblemente. Pude distinguirla como una mancha alargada y débil, visible fácilmente con visión periférica, de bordes difusos aunque bien definidos. Una estrella ocupaba su borde meridional, mientras que otra más débil aparecía inmersa al otro lado, aunque ninguna de ellas era su progenitora. Con un poco de imaginación uno puede ver esa fantasmal planetaria moviéndose rápidamente a través de la nube de hidrógeno a una velocidad de decenas de kilómetros por segundo. No olvidemos, tampoco, que es una de las nebulosas planetarias más longevas conocidas hasta el momento, atributos que convierten a Sh2-174 en un objeto digno de descubrir.

Sh2-174

 

Guirnaldas en M23

A veces nos perdemos buscando objetos lejanos, débiles y exóticos, y nos olvidamos que también los antiguos “clásicos” pueden ser también muy interesantes. Este verano decidí dedicarle un poco más de tiempo del habitual a un cúmulo abierto que ya descubrió Charles Messier en 1764.

Se trata de M23, también conocido como NGC 6494, en la constelación de Sagitario. Se encuentra en una zona tan repleta de objetos interesantes que puede pasar fácilmente desapercibido, a pesar de que cualquier par de prismáticos sirve para disfrutar de él bajo cualquier cielo. Es un cúmulo abierto que se sitúa relativamente cerca, a unos 2150 años luz de distancia. Su diámetro se estima es unos 15-20 años luz, espacio en el cual se agolpa más de un centenar de estrellas. No hay rastro de la nube molecular que dio lugar a la formación de este elenco de astros, cuya edad se estima en unos 220 millones de años, por lo que estamos ante un cúmulo relativamente añoso, de ahí que no se encuentre especialmente concentrado.

Localizar M23 no puede ser más fácil, pues su magnitud de 6.9 lo pone al alcance de cualquier instrumento (e incluso a simple vista bajo cielos perfectos). Ya con prismáticos resulta ciertamente llamativo, quizás incluso más que con telescopio, debido a su privilegiada situación entre cientos de estrellas de la franja lechosa que conocemos como Vía Láctea (Galileo ya se sorprendió al comprobar que esa nube blanquecina que atravesaba el cielo estaba formada por infinitas estrellas). Al telescopio no debemos olvidar que es un cúmulo con un gran tamaño aparente, de casi 30 minutos de arco de diámetro, por lo que debemos usar oculares de bajo aumento y gran campo para disfrutarlo en condiciones; de otra manera, perderemos la sensación de estar viendo una familia numerosa de estrellas. Cuando uno observa cúmulos abiertos siempre hay que intentar buscar algo especial, algo que diferencie un objeto de otro, y en este caso la peculiaridad que encontré fue la disposición de muchas de sus estrellas en forma de líneas curvas, como guirnaldas de un gran árbol cósmico, algo que no desentona con el frío que nos rodea estos días.

M23

Estrellas variables: simbióticas (Z and y NGC 7686)

Si nunca te has dedicado a observar estrellas variables pero sientes curiosidad y notas que sólo necesitas un pequeño empujón, te aconsejo que leas esta serie de artículos en las que iremos aprendiendo detalles de algunas de las estrellas variables más representativas del cielo. Hoy, para empezar, haremos un viaje desde Lambda Andromedae hasta Zeta Andromedae, pasando por un cúmulo abierto que podría pasar desapercibido si no nos aventuramos por la zona con alguna otra excusa.

Vamos a comenzar el recorrido en una zona de Andrómeda poco conocida, lejos de la típica línea que sale desde la esquina de Pegaso y avanza hacia Perseo. No, vamos a irnos más hacia “arriba”, a un grupito de tres estrellas que rondan la cuarta magnitud. Probablemente nos suenen porque son estrellas de referencia para encontrar NGC 7662 (la Nebulosa de la Bola de Nieve Azul) o NGC 7640. Lambda And es la más occidental de las tres, y la reconoceremos fácilmente al ocular porque, además de brillante, tiene un color ciertamente intenso, un amarillo dorado que contrasta claramente con las demás estrellas colindantes. Se encuentra a unos 86 años luz de nosotros y es una subgigante amarilla 7 veces más grande que nuestro Sol. Su núcleo está lleno de helio, a una temperatura todavía insuficiente para producir su fusión nuclear. Resultado de imagen de rs canum venaticorumSus capas externas, a poco más de 4.000 grados centígrados, están en proceso de expansión, transformando a su estrella en una gigante roja de manera inevitable. A su alrededor, a una distancia muy corta, tiene una compañera espectroscópica que no se puede ver con instrumentos ópticos, completando una órbita en 20 días y medio. Además, parece ser que otras cuatro enanas rojas orbitan a su alrededor, a tanta distancia que tardan miles de años en completar una vuelta.

Lambda Andromedae forma parte de una familia de estrellas variables que se conocen como Variables de tipo RS Canum Venaticorum. Son sistemas binarios con sus componentes extremadamente cercanas entre sí, tanto que producen intensos campos magnéticos que inducen la aparición de enormes manchas solares en la estrella principal, mucho más grandes que las manchas que estamos acostumbrados a ver en el Sol. Esta cambiante actividad en la cromosfera de la estrella es la responsable de que cambie ligeramente su brillo, a menudo demasiado poco como para captarlo con facilidad. En el caso de Lambda Andromedae las variaciones de brillo son de apenas 0.20 magnitudes, de manera que la estrella varía cada pocas semanas entre la magnitud 3.69 y 3.97, una amplitud muy difícil de estimar con la simple ayuda de nuestros ojos (una estrella de este tipo que sí podríamos tratar de observar es II Pegasi, que varía de la magnitud 7.18 a la 7.78 en un período de 6 días y 17 horas). Pero no es Lambda Andromedae nuestra estrella objetivo de hoy, así que seguiremos nuestro viaje una vez que nos deleitemos con su dorado color.

A unos 2 grados y medio veremos dos estrellas de magnitudes 6 y 7 muy próximas entre sí, a poco más de 5 minutos de arco. Son las principales estrellas de un discreto cúmulo abierto que se denomina NGC 7686. Su magnitud conjunta es 5.6, pero ese número se apoya principalmente en estas dos estrellas mencionadas, pues el resto de las estrellas son mucho más débiles, estando muchas de ellas por debajo de la magnitud 12. Su distancia al Sistema Solar no está definida, pudiendo encontrar valores que oscilan entre los 800 y los 3.000 años luz, e incluso algún artículo dice que no es un cúmulo real, sino una agrupación arbitraria de estrellas… Sea como sea, no debemos perder la oportunidad de observarlo: algún interés tendrá cuando William Herschel, en 1787, decidió incluirlo en su catálogo. Desde mi terraza, con una magnitud límite en torno a 5 y mi pequeño NextStar de 102 mm de apertura, inicialmente sólo distinguí las dos principales estrellas y media docena de astros más débiles. Con paciencia y usando mayores aumentos comencé a notar algunos otros puntos, minúsculos, que deberían rondar la magnitud 12, pululando entre las estrellas más brillantes. Si tuviera que estimar el número de componentes que vi diría que llegaban a la veintena, aunque desde cielos oscuros debe verse con mucha más claridad, sin duda.

Pues bien, este cúmulo (o agrupación arbitraria de estrellas, según a quien hagamos caso) sirve de guía perfecta para encontrar a nuestra estrella protagonista, Zeta Andromedae (de ahora en adelante, Z And). Del cúmulo parte un reguero de pequeñas estrellas que confluyen en una más brillante, de magnitud 7.3. Tendremos que hacer uso entonces de nuestra habilidad para reconocer patrones en el cielo, pues Z And está al lado, a unos 40 minutos de arco de la estrella de magnitud 7.3 y a poco más de 30 minutos de arco de NGC 7686 (por si queremos triangular…). El brillo cambiante de Z And no facilita la tarea, pero con un poco de paciencia y práctica daremos con ella, una vez descubierta no volveremos a tener problemas de orientación.

Situada a unos 1.420 años luz de distancia, Z And es el prototipo de una familia de estrellas variables conocidas como Estrellas Simbióticas. Son sistemas binarios conformados por dos componentes, una estrella pequeña y caliente (normalmente una enana blanca) que sigue una órbita junto a otra fría y de gran tamaño, una gigante roja. No vemos las dos estrellas por separado porque se encuentran demasiado cercanas entre sí. Normalmente Z And brilla con una magnitud de entre 10 y 12, con un espectro de tipo M, dominado por la radiación emitida por la gigante roja. Sin embargo, cada varios años parte del material que expulsa la gigante roja (y que rodea todo el sistema como una gran nube) es atraído por la enana blanca y alcanza temperaturas elevadas que producen la ionización de parte del gas, que emite una intensa radiación en distintas longitudes de onda. Desde nuestro lejano punto de observación, este estallido se manifiesta como un aumento brusco del brillo, que puede alcanzar fácilmente la octava magnitud, para después volver a apagarse lentamente (aunque presenta varios nuevos estallidos de menor amplitud en los años posteriores).

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Curva obtenida en AAVSO

Curiosamente, el espectro de la estrella, durante los estallidos, es de tipo B, que corresponde al espectro de la enana blanca, así que podemos decir que la luminosidad del sistema en esos momentos de mayor brillo es dominado por la estrella más pequeña.

NGC 7686

Os dejo a continuación una imagen en la que podemos identificar la magnitud de las estrellas colindantes y que nos servirá para, con paciencia, poder determinar la magnitud de nuestra estrella. También se denomina, por si la queréis buscar con el GoTo, HD 221650, HIP 116287 y SAO 53146. La noche del 11 de noviembre le estimé una magnitud de 9.6 o 9.7, presentando por tanto un brillo intermedio entre sus extremos. Conviene observarla y anotar la estimación de manera semanal para comprobar la curva que va realizando.Z and chart

¡Suerte con la caza!

NGC 4861, el cometa galáctico

Hoy dirigimos nuestra mirada a otra exótica galaxia que forma parte de la constelación de Canes Venatici, los Perros de Caza. Se trata de NGC 4861, también conocida como Arp 266. La inclusión de la galaxia en este último catálogo ya nos pone en previos de que guarda algo especial. Conocemos varias galaxias en las que podemos observar nebulosas u objetos extragalácticos con relativa facilidad (M33, M101…). Pues bien, la galaxia que nos ocupa hoy no es simplemente que posea alguna nebulosa visible, sino que la propia nebulosa es más brillante que toda la galaxia… Para muestra, una fotografía:

NGC 4681.jpg

Descubierta por William Herschel en 1875, NGC 4861 se encuentra situada a unos 23 millones de años luz de distancia, lo suficiente para que podamos conocerla con relativo detalle. Sin embargo, su naturaleza sigue siendo un misterio, pues presenta algunas características propias de las galaxias espirales, pero su aspecto coincide con el una enana irregular. Estas últimas galaxias se caracterizan, como ya sabemos, por no tener una forma bien definida, y suelen presentar abundantes regiones de formación estelar. Pues bien, NGC 4861 presenta una región HII (hidrógeno molecular) que probablemente sea la más brillante en comparación a su galaxia huésped. Se denomina IZw 49, y es muy similar a la que posee la galaxia NGC 2366, que ya vimos en esta entrada. Al lado de esta zona, y de manera escalonada hacia el otro extremo de la galaxia, podemos ver otras regiones HII algo más pequeñas, que pierden, sin duda, todo el protagonismo. La galaxia es rica, a su vez, en H1 (hidrógeno neutro), la forma en la que se encuentran los átomos de hidrógeno sin unirse entre sí. Las máximas concentraciones de H1 no coinciden con IZw 49 (como podemos ver en este estudio), sino que hay dos núcleos principales situados en el centro y en el extremo más débil de la galaxia. Suponen grandes reservas de gas que en futuro “se encenderán” y darán lugar a la formación de miles de estrellas nuevas. Observando este tipo de gas se encontró una gran nube de H1, invisible de otra manera, que se encuentra a unos 15.000 años luz de la galaxia. Esta nube actúa como una galaxia satélite y se ha venido a llamar NGC 4861B, con una masa estimada equivalente a 4 millones de soles.

Captura de pantalla 2018-11-09 a las 15.48.09

NGC 4861 no es difícil de observar a través de instrumentos pequeños, siempre y cuando nos alejemos de las grandes ciudades. La gran región HII es lo primero que podremos detectar como una pequeña mancha redondeada de brillo similar a tres estrellas que la rodean formando un triángulo perfecto (esas tres estrellas son especialmente útiles para tomar como referencia). Con paciencia y haciendo uso de la visión lateral percibiremos una débil franja difusa que sale de la región HII hacia una de las estrellas. La sensación que uno tiene al contemplar NGC 4861 es la de estar viendo un cometa, con su núcleo bien definido y una larga y difusa cola. Pero no dejemos que nuestra mente se engañe, estamos contemplando un universo isla con varios miles de millones de estrellas en su interior, repleto de gas y de restos de supernovas. No sería de extrañar, por cierto, que con tanta proliferación estelar no tardemos en ser testigos de la aparición de una supernova, así que no desaprovechemos la oportunidad de echar un vistazo cada vez que podamos.

NGC 4861

NGC 6765, la otra planetaria de Lira

Cuando uno piensa en una nebulosa planetaria en Lira automáticamente se nos viene a la cabeza M57, y no podemos culparnos por ello. Sin embargo, hay una planetaria más de brillo considerable y, además, con una estructura mucho más interesante y exótica que su famosa compañera anillada.

También conocida como Pk 62+9.1, NGC 6765 es una nebulosa planetaria que fue descubierta por Albert Marth en 1864 con un telescopio de 48 pulgadas (este astrónomo alemán descubrió, entre otros objetos, Arp 142, NGC 6052 y NGC 6956). Rudolph Minkowski la encontró en unas imágenes a mitad del siglo XX y pensó que era un objeto nuevo, catalogándola como M 1-68 en su lista de nebulosas de emisión. Situada a unos 5.000 años luz de distancia, su forma captó mi atención desde un primer momento, rompiendo con la típica imagen de las planetarias redondeadas o bilobulares. Aparece en la mayoría de las imágenes como una franja nebulosa alargada con una pequeña región redondeada más brillante, aunque detrás de ella hay mucho más cuando se fotografía con mayores instrumentos. En este aspecto he encontrado muy útil un artículo llevado a cabo por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (abajo os dejo el enlace), en el que se analiza en profundidad este objeto, desentrañando su verdadera estructura.

Pues bien, resulta que la zona central y alargada es en realidad un anillo Foto NGC 6765 2ecuatorial de gas que envuelve a la enana blanca: su inclinación hace que la veamos casi de perfil y se expande a una velocidad de 40 km por segundo. Se aprecian dos nódulos brillantes a ambos lados del centro, correspondientes a jets bipolares que se alejan del centro en dirección perpendicular al eje de rotación, alcanzando los 23 km por segundo. Uno de ellos, el más brillante, se dirige hacia nosotros. Por último, la estrella central promueve una expansión del gas de forma esférica, mucho menos visible en las fotografías, que forman capas concéntricas que nos recuerdan a las típicas “alas” de M76 o M27.

Foto NGC 6765

La magnitud de NGC 6765 es de 12.9, no precisamente brillante, y su brillo superficial no ayuda a verla con mayor facilidad, aunque bajo un cielo oscuro no tendremos problema, inmersa en un campo estrellado no muy lejos de M56. Una vez en campo notaremos algo “extraño”, incluso a bajo aumento, y al observar con mayor concentración captaremos los fotones que adquieren una forma alargada, algo ensanchada en su parte central. Esta zona corresponde al disco que rodea la enana blanca, y sus dos extremos son más brillantes. Al lado del más destacado brilla tímida una pequeñísima estrella, ajena a lo que está ocurriendo muy cerca de ella. Tras varios minutos de adaptación, con visión periférica, una pequeña y débil mancha aparece a su lado, redondeada, fantasmal e invisible por momentos, pero tan real como todas las estrellas de alrededor. Todo parece envuelto en una bruma alargada que no es sino el halo de la planetaria, visible con mirada lateral.

NGC 6765

El resto de capas gaseosas escapan a la detección del ojo humano, pero nada nos impide hacer un esfuerzo e imaginar el conjunto. Cuando uno conoce la estructura del objeto, lo que vemos no resulta tan extraño, pero aún así no deja de ser asombroso.

NGC 6765 recreacion

*Enlace al mencionado trabajo:

Collimated_Fast_Winds_Shaping_the_Planetary_Nebulae_Sh_2-71_and_NGC_6765

Un diamante bajo el escorpión (NGC 5986)

El hemisferio sur nos presenta objetos realmente maravillosos que a los observadores septentrionales nos dejan asombrados, soñando con poder verlos en alguna ocasión con nuestros propios ojos. Sin embargo, muchos de estos objetos están al alcance desde latitudes medias, aunque tendremos que lidiar con su baja posición en el cielo. Por ello, siempre que podamos disponer de un horizonte sur despejado no debemos perder la oportunidad de intentar cazar algunas de estas esquivas joyas. En julio me encontré una noche clara con Escorpio alto en el cielo. Decidí buscar bajo sus pinzas con ayuda de un atlas, y me dejé llevar hacia un cúmulo globular que prometía ser interesante.

NGC 5986 fue descubierto por James Dunlop en 1826, aunque al principio fue confundido con una nebulosa. Se trata de un cúmulo globular que se encuentra a unos 40.000 años luz de distancia y se encuadra en los límites de la constelación Lupus (la leyenda de esta constelación nos habla del rey de Arcadia, Licaón, que fue colocado como un lobo en el cielo debido a su gran crueldad). Este cúmulo pertenece al halo interno de nuestra galaxia, orbitando en torno al núcleo de la Vía Láctea con una órbita relativamente excéntrica. Con unos 100 años luz de diámetro, podemos encontrar hasta cinco poblaciones diferentes de estrellas en cuanto a su composición, las cuales podrían señalar distintas etapas de formación. Entre sus componentes destacan varias variables de tipo RR lyrae, estrellas cuya importancia radica en que son usadas como candela estelar para estimar distancias (de manera similar a las cefeidas), y han permitido estimar una distancia más concreta de unos 36.500 años luz. NGC 5986 cuenta, además, con la presencia de dos brillantes astros de tipo espectral A-F que se encuadran dentro de las estrellas post-AGB. Es término AGB significa “Asymptotic Giant Branch” o, en castellano, Rama Asintótica Gigante, y representan una de las últimas etapas de la evolución estelar, un momento previo a la formación de una nebulosa planetaria. Hay indicios de que este tipo de estrellas podrían ser usadas también como candelas estelares, ayudando a precisar grandes distancias en nuestra galaxia.

Este cúmulo globular es de clase VII, con un núcleo poco definido, algo más concentrado que la periferia. Sin embargo, no fue esa la sensación que me dio cuando lo observé con mi Dobson de 30 cm. Para encontrarlo podemos guiarnos por la estrella eta Lupi, una estrella doble (triple en realidad) con dos componentes de magnitudes 3.41 y 7.5 separados por 14 segundos de arco. Muy cerca de allí, a apenas 2 grados y medio de distancia, podremos apreciar un esfera nebulosa de magnitud 7.6, ya intuidle con prismáticos a pesar de su baja posición en el cielo. Su tamaño aparente es de unos 10 minutos de arco, aunque las estrellas más periféricas no serán visibles con nuestros instrumentos. Lo primero que destaca al observarlo con el telescopio es su núcleo: cuando lo vi me pareció notar un incesante burbujeo en su interior. Tiene forma redondeada, aunque con visión periférica noté dos prolongaciones que protuían en direcciones opuestas, ambas repletas a su vez de ese contenido granujiento. A su alrededor, y bien diferenciado del núcleo, el halo se extendía más allá, rodeando a una brillante estrella que se encuentra a apenas 2 minutos de la región más central (¿será una de las estrellas post-AGB que hemos mencionado con anterioridad?). Mientras mi visión se adaptada sólo aprecia una esfera neblinosa, pero en cuestión de segundos esa nubecilla se convirtió en un sinfín de estrellas que, apretujadas, luchaban por ganar algo de efímera gloria. Eran extremadamente pequeñas y débiles, pero ocupaban cada rincón del globular, haciendo que su visión resultará verdaderamente especial. Sin duda, desde lugares más meridionales será posible disfrutarlo aún más; mientras, nos conformaremos con espiarlo por encima del horizonte.

NGC 5986.png